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Carlos Monsiváis

La izquierda: ¿todo es pragmatismo?

Carlos Monsiváis es ante todo un hombre observador. Escritor que toma el fenómeno social, cultural, popular o literario, y que, con rápido b ...

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    26 de agosto de 2007

    De la derecha, su dirigencia religiosa y sus expresiones políticas, sólo cabe esperar más empecinamiento, más zonas administrativas negadas a la transparencia, más cerrazón, más batallas culturales perdidas de antemano, más campañas de odio; del PRI únicamente permanecen el fragor del cinismo y las incursiones feudales correspondientes. (Ulises Ruiz y Mario Marín son sus estandartes éticos). Por eso, importa y, por el momento, desalienta tanto el rumbo penoso de la izquierda partidaria, en especial la concentrada y dispersa a la vez en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo congreso reciente fue un despliegue de torpezas, golpes bajos y aturdimientos del grupo faccioso que domina el aparato. (A la hora de teatralizar los enojos, sus adversarios no estuvieron mejor).

    El tema insoslayable: ¿qué ha pasado con los afanes teóricos de la izquierda? En la época del aislamiento extremo, digamos de 1940 a 1968, y bajo el doble acoso de la persecución y la burla, los participantes en grupos de izquierda leen más, mantienen círculos de estudios, producen textos casi siempre farragosos pero apasionados, luchan por sentirse marxistas y, de hecho, mantienen la visión del mundo que por varias décadas y gracias sobre todo a la presencia de profesores de izquierda en la enseñanza media, es la única articulada frente al adoctrinamiento pueril de la derecha que insiste en negar a Juárez y a la Revolución Mexicana. Pero las reformas de 1978 primero, y la caída del socialismo real poco después, extinguen esa ansiedad de conocimiento relativa o profunda. Ya en su etapa final el Partido Socialista Unificado de México apenas admite intelectuales, y el PRD se integra con activistas sin tiempo para el diálogo intelectual.

    Esto no evita que no obstante desencuentros y rechazos de ambas partes, el sector cultural de México se identifique mayoritariamente con el PRD. Nadie, sensatamente, opta por el PRI, su desprestigio distrae al optimismo más combativo, y la derecha política no admite dudas: en materia de vida cotidiana su conservadurismo es flagrante y sin vacilaciones. Y esta certidumbre de que intelectuales y artistas no tienen otro espacio a dónde ir, lleva a la burocracia del PRD y a la dirigencia misma a despreocuparse del asunto. Lo primero es la obtención del poder, después ya se verá. Y sin embargo, en donde gobierna el PRD la atención a los temas culturales y a los creadores es mayor y la disposición política es más sincera. Así como se oye y sin que el elogio tenga sentido si se anulan las comparaciones con el PAN sobre todo.

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    Comparto un buen número de causas del PRD, pero de manera un tanto abstracta porque fuera de los logros de la Asamblea Legislativa del DF y de movilizaciones concretas, los proyectos suelen bosquejarse o decirse. De Nueva Izquierda, por ejemplo, no se conoce su proyecto, ni da la impresión de que pierdan el tiempo, mejorándolo. ¿De qué se trata entonces? Simplemente de ser más progresistas que sus adversarios, lo que declarativamente es fácil, pero lo que ya resulta muy insuficiente ante la complejidad de los problemas.

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    En el congreso del PRD el partido se declaró socialista. El propósito es loable en la era neoliberal, ¿pero cuáles son los pasos conducentes? Si el PAN lucha por el bien común, la abstracción total los libra de la mentira; si el PRI declara su adhesión a la historia que vendrá, estará actuando con la ventaja de siempre (el porvenir es siempre más inclasificable que el presente), ¿pero qué entienden los perredistas por socialismo? ¿Cómo se han formado sus militantes en el logro de esta aspiración (declararse por un cambio radical de sistema)? ¿Cuáles son las estrategias a desarrollar? Hasta el momento, han probado en las campañas electorales (en el sentido más amplio) su defensa de intereses primordiales (los energéticos, el enfrentamiento a la carestía, la ecología aún tímidamente, la adopción de causas de la bioética y de los derechos civiles en la ciudad de México, y especialmente la defensa de los derechos humanos), pero la búsqueda del socialismo exige el proyecto de la nación en la globalidad (algo distinto al proyecto de nación), y posiciones muy meditadas sobre la economía de mercado y las funciones útiles o extemporáneas del nacionalismo. ¿Se ha trabajado en este sentido? (La pregunta es retórica).

    Es muy explicable que el PRI carezca de plataforma ideológica y que no se afana ni por un minuto en tenerla; es muy clara la renuncia del PAN a mantener la distancia frente a cualquier proyecto de actualización ideológica, lo suyo es lo tradicional modificado muy de vez en cuando a regañadientes (hay que ver lo esfuerzos del gobierno de Jalisco por impedir la distribución de condones pero “sin que se note”), y es comprensible que la izquierda, luego del tiempo atroz del socialismo real (que de cualquier modo a los integrantes del PRD sólo les tocó como herencia desbalagada), se oponga al estudio de los manuales (el último fue el de Marta Harnecker, hoy gurú en Venezuela), ¿pero a qué socialismo se refieren?

    El modelo siempre a mano es el de Cuba, que ciertamente merece la simpatía que se le profese. Pero Cuba no es exactamente el régimen de Fidel Castro y ni siquiera Cuba es Fidel Castro, al que sólo graves problemas de salud han alejado del ejercicio absoluto y ubicuo del poder. Preguntas inevitables: ¿cree el PRD que Cuba vive una dictadura o, como dicen algunos sociólogos muy prestigiados de la izquierda, es el país más libre de la tierra? ¿Cree el PRD que en Cuba se respetan los derechos humanos? ¿Por qué hasta ahora el PRD ha sido tan entusiasta a fecha fija (26 de julio) o tan discreto al externar sus puntos de vista al respecto? Recuerdo ahora, por si viene al caso, al grupo de diputados y senadores del PRD que ya en el siglo XXI, en un encuentro parlamentario en Cuba, aludió largamente a Castro al lanzarse éste contra la democracia electoral burguesa y elogiar el método del partido único.

    * * *

    Ser de izquierda, en primer término, es luchar contra la desigualdad y a favor de un proyecto democrático y racional. Pero, en este caso, ¿no es ya oportuno pasar de las declaraciones y añadir a las movilizaciones planteamientos más específicos sobre bioética, ecología, cuestiones hacendarias, procesos migratorios, derechos sexuales y reproductivos, la redistribución del ingreso, la política agraria, el sindicalismo, el equilibrio de los poderes de la nación, las corrosiones del Poder Judicial, el feminismo? ¿Y no hacen ya falta tesis más detalladas sobre el Estado laico, hoy tan atacado y vulnerado por la derecha hipócrita e integrista, El Yunque o el protoYunque?

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    Y, generalizando, ¿hace cuánto un político no cita un texto o un autor? Hace unas semanas un miembro del gabinete declaró su poeta predilecto a Juan Sabines, y esto dista de ser excepcional. En el gobierno federal, ya lo probó Vicente Fox, leer quita tiempo para promover la lectura o para afirmar la conquista de la felicidad.

    Escritor



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