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Ricardo Raphael

La burguesía y sus clientelas

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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    20 de agosto de 2007

    En México, ganar elecciones se ha vuelto un arte complicado. Además de contar con el registro de un partido arraigado electoralmente, los candidatos han de procurarse mucho dinero para financiar sus cada vez más caras estructuras de promoción del voto y, sobre todo, para sufragar el pago por los múltiples e ineludibles servicios prestados por los medios de comunicación.

    Sin embargo, la experiencia reciente indica que, si a todos estos elementos se añade una alianza política con Elba Esther Gordillo, la candidatura se vuelve imbatible.

    No se trata de una exageración, sino de una constatación empírica. La afinada maquinaria para la producción de votos con la que esta señora cuenta es sorprendente. Sus atributos políticos valen tanto porque su dispositivo electoral sirve para sumar sufragios, sustraer votos, y tan importante como lo anterior, para no estorbar.

    Hay todavía quien se deslumbra de la forma en que la profesora moviliza voluntades con un chasquido de dedos. ¿Cómo logra que cientos de miles de maestros cambien de identidad política de la noche a la mañana?

    Sobre todo cuando se sabe, por la historia del SNTE, que buena parte del magisterio guarda todavía alguna raigambre priísta o, en todo caso, posee como segunda opción una inclinación perredista.

    Conducir a los maestros desde el territorio proletario, revolucionario y nacionalista, hasta un continente que se distingue por burgués, valóricamente conservador y económicamente neoliberal no pudo ser sencillo.

    Y por tanto cabe dudar de la hipótesis: probablemente no es la base magisterial la que realmente se involucra en los procesos electorales en los que Gordillo participa, sino sólo su alta y bien pagada jerarquía sindical.

    Es decir, la estructura de comisionados, inspectores, supervisores, secretarios generales, integrantes de los colegiados y los dirigentes máximos del comité ejecutivo de este sindicato nacional.

    Esta estructura compuesta por alrededor de 50 mil efectivos ha sido cuidadosamente formada para promover el voto, para servir como funcionarios de casilla (propietarios o sustitutos), y para desempeñarse como observadores y encuestadores electorales.

    La talla de este ejército de personas no es menor, sobre todo si se compara con la que el Instituto Federal Electoral despliega cada tres años para los comicios nacionales, cuya cifra es aproximadamente similar.

    También, como la integrada por la autoridad electoral, la estructura gordillista —quizá la única en el país cohesionada bajo un mismo mando para ganar elecciones— puede desplegarse por todos rincones de la geografía.

    Y cuenta además con los recursos económicos que se necesitan para operar eficazmente. Por décadas ha recibido sumas extraordinarias provenientes del erario y posee también importantes fondos constituidos a partir de las muy diversas cuotas que los maestros aportan forzosamente al sindicato.

    En efecto, sirven para sus propósitos financieros las deducciones al salario que, quincena a quincena, experimentan los profesores (pensiones, créditos, cajas de ahorro). Ayudan también las jugosas transacciones financieras derivadas de sus activos líquidos, los apoyos directos provenientes de las autoridades federales y locales, así como los pagos que hacen los aspirantes a gobernar, antes y después de llegar al poder.

    Es por esta burocracia electoral bien refaccionada que el dispositivo gordillista suele pegar tan atinadamente la bala, ahí donde coloca su mirada.

    Lo interesante es que, en la puja por aliarse con la profesora, ella ha logrado ser autónoma de todos los partidos y sus dirigentes. Gordillo no necesita mantener lealtades permanentes. ¿Para qué ofrecer fidelidad si sus habilidades electorales representan una joya política sujeta continuamente a subasta?

    En estos días puede consolidarse a través del Panal, o seguir ayudando al PAN; pero igual mañana regresa al PRI, o inclusive presta sus buenos oficios a favor de partidos pequeños, como Convergencia o el PVEM.

    Obvio es, no obstante, que mientras más alto se esté en la jerarquía del Estado mexicano, mejores oportunidades se tienen para acceder a puntuales beneficios. En la pugna por adquirir el dispositivo, los aspirantes a gobernador pagan más que quienes buscan una presidencia municipal y, desde luego,Calderón lleva mano, ya que es quien cuenta con más monedas de cambio en su alforja.

    Desde los tiempos de Vicente Fox Quesada, el Partido Acción Nacional se volvió cómplice de esta inmoral rebatinga. Con todo, mientras la profesora mantuvo sus aspiraciones priístas, el PAN supo compartir con otros esta estructura electoral.

    Sin embargo, a partir de la llegada de Felipe Calderón Hinojosa a la candidatura presidencial de Acción Nacional, la relación entre Elba Esther Gordillo y los herederos de Manuel Gómez Morín se vio fortalecida.

    Como en los tiempos del porfiriato, y también del priísmo más voraz, la burguesía mexicana cuenta de nuevo con su propia y eventual clientela para mantenerse en la cúpula del poder.

    Elba Esther Gordillo logró lo increíble: sostener y afinar algunas de las prácticas clientelares propias del sistema priísta para ser utilizadas, después de la transición democrática, por la nueva clase gobernante.

    Para la profesora no ha sido obstáculo que el país posea una normatividad electoral más rigurosa, ni costosísimas instituciones encargadas de organizar y vigilar los comicios. Su dispositivo de movilización ha logrado burlar varios de los controles.

    Sirvió muy eficazmente en la pasada elección presidencial. También lo hizo en los recientes comicios de Baja California. Y con toda probabilidad, este dispositivo servirá una vez más en el estado natal del presidente Felipe Calderón: Michoacán.

    Hasta no ganarle a los perredistas en su propio territorio, el jefe del Ejecutivo no moverá ni una coma en sus acuerdos con Gordillo. El PRD lo sabe y por eso en esa entidad es previsible que en noviembre se vaya a librar una de las batallas más rudas de la historia electoral del naciente régimen.

    En el hilo de estas reflexiones, y a manera de conclusión, lo más enigmático de este asunto es la manera como los últimos gobernantes priístas y panistas han venido construyendo su propio golem. Por la autonomía del dispositivo electoral gordillista, esta desviación de la democracia mexicana terminará un día, y quizá pronto, engullendo también a sus actuales usufructuarios. Al tiempo.

    Analista político



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