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Carlos Monsiváis

De la derecha intelectual

Carlos Monsiváis es ante todo un hombre observador. Escritor que toma el fenómeno social, cultural, popular o literario, y que, con rápido b ...

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    05 de agosto de 2007

    De la fábrica de justificaciones de la represión

    A lo largo del siglo XX latinoamericano, los intelectuales (escritores y pensadores) de la derecha intelectual, nunca numerosos, casi siempre inmersos en historia y teología, suelen apoyar de modo directo o sin quejas y reproches a gobiernos de mano dura y dictaduras, y difaman a gobiernos que por otra parte merecen críticas duras, a los que se oponen no por el autoritarismo feroz que no les preocupa tratándose de gobernantes de la derecha, sino por propiciar la separación de la Iglesia y el Estado.

    En todas partes, estos filósofos, historiadores, novelistas, identifican la mano dura con la defensa de la moral y las buenas costumbres, la oposición a la justicia social y la supremacía de la censura.

    Si bien la mayoría de los poetas católicos importantes no se afilia a la derecha, hay sin embargo eruditos y poetas apreciables y traductores de excelente nivel, que alternan sus méritos con la apología de Francisco Franco, las simpatías por el nazifascismo (sólo algunos de ellos, desde luego) y la exigencia de prohibiciones a nombre del moralismo.

    Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, esta derecha intelectual se incorpora gozosa al anticomunismo. El estalinismo y el socialismo real merecen críticas amplias y campañas de protesta contra sus crímenes, pero a la derecha sólo parece obsesionarla la demanda de justicia social.

    * * *

    ¿A quiénes apoyan los derechistas? A los que garantizan férreamente el orden (la supresión de la crítica) que, en su lógica, es el prerrequisito de la civilización cristiana.

    En Venezuela, por ejemplo, secundan al golpista coronel Marcos Pérez Jiménez, que en 1948 envía al exilio al presidente Rómulo Gallegos y al poeta Andrés Eloy Blanco (entre otros); en Perú, a los generales que persiguen y diezman a los indígenas y los obligan a la rebeldía, mientras sostienen el feudalismo agrario y conducen al exilio a los escritores marxistas (ejemplos: Gustavo Valcárcel y Genaro Carnero Checa); en Guatemala (1954), al militar golpista Carlos Castillo Armas que, dirigido por la CIA, derriba el régimen del presidente Jacobo Arbenz y lanza al exilio a poetas, novelistas, ensayistas, teatristas (entre ellos Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso, Mario Monteforte Toledo, Manuel Galich, Carlos Illescas); en México, donde no hay intelectuales o escritores presos en la primera etapa de la guerra fría, se suman con entusiasmo a la campaña de difamaciones contra la izquierda, y alaban al Departamento de Estado cuando les niega las visas a “comunistas” de la índole de la actriz Dolores del Río y el músico Carlos Chávez. Su lema está a la vista: “La defensa del mundo libre”.

    * * *

    Las causas y los factores de movilización de la derecha: integrismo (la doctrina y el dogma o nada); antisemitismo; odio a la Revolución Francesa; rechazo del liberalismo; identificación del nacionalismo cristiano con el corporativismo; supremacía espiritual del clero sobre la nación. Localización policiaca del anticristo; educación religiosa en las escuelas públicas; impulso al “primer deber de los gobiernos: cristianizar los países”; persecución del habla popular... Y sobre todo, la defensa de la tradición.

    El argentino Gustavo Martínez Zuviría, con el seudónimo de Hugo Wast, perpetra novelas infames (algunas de las cuales, por supuesto, se adaptan y filman en México: Flor de durazno, la prueba), y como ministro de Instrucción Pública es muy represivo, y como novelista, en El Kahel y Oro notifica del plan judío para el dominio del mundo por “un rey de la sangre de David que será el anticristo” (información en la excelente crónica de Horacio Verbitsky, Cristo vence, editorial Sudamericana, 2007). En México, en 1947, José Vasconcelos prologa Derrota mundial, de Salvador Borrego, una lamentación por la derrota de los nazis.

    Los conservadores ven la oportunidad de “rectificar los malos pasos” de la sociedad y proceden inquisitoriamente. En la mayoría de los países la derecha ideológica o que eso dice ser ocupa los puestos cul-turales, elogia y demanda la represión, divulga versiones grotescas de las historias nacionales y niega el acceso a las universidades a los maestros liberales, izquierdistas o católicos no ortodoxos.

    En la guerra fría los conservadores están en su elemento y no necesitan incrustarse en los organismos creados por la CIA como el Congreso por la Libertad de la Cultura. Eso les parece muy liberal, lo necesario es el control de la prensa, la radio, el cine; que se garantice el dominio de la élite a través de los colegios y escuelas confesionales, que se promuevan campañas de odio contra los signos de liberalización de las costumbres.

    De la Ciudad Letrada y sus escenarios

    La vieja Ciudad Letrada... Hasta mitades del siglo XX es clásica la escenografía o la decoración surgida de la espontaneidad y del fervor imitativo: cuartos saturados de libros y cigarros, redacciones de diarios y revistas colmadas de intrigas y rumores, oficinas de los gobiernos donde los escritores cobran sueldos modestos por redactar o corregir discursos ilegibles, universidades como brevísimas estaciones de paso, o, para los menos, como nichos a perpetuidad.

    Sigue la lista: ateneos, academias de la lengua, salas de conferencias, teatros donde se escenifica a Shakespeare, Molière, Ibsen, Chejov, o a los comediógrafos españoles y franceses, salas de conciertos, cafés que son el segundo hogar o el primero, teatros de “genero chico”, despachos de abogados, sesiones de ópera que son el otro “árbol genealógico” de las buenas familias (“estaban llenos todos los palcos, estábamos todos”), sedes de los partidos políticos, prostíbulos, archivos, bibliotecas, librerías con las novedades de Barcelona y París... todo lo contenido en un espacio de no más de 20 ó 30 manzanas, la geografía cultural de ciudades que se urbanizan al alojar a los pobres en los guetos que son plataformas del voyeurismo social...

    Esta Ciudad Letrada está a la disposición de gobernantes requeridos de expertos en redacción o de glorias nacionales de primero, segundo o tercer nivel; esta es “la agenda temática” de la neutralidad que, hay que decirlo, sin ser exactamente de izquierda, mantiene elementos liberales de consideración.

    La Ciudad Letrada pretende mantenerse equidistante de la izquierda (secuestrada por el stalinismo y liberada por sus luchas a favor de la justicia social y su resistencia al fascismo) y de la derecha, empeñada en ver en Franco la vía del regreso a la fe en América Latina. Con todas sus limitaciones, una parte de la Ciudad Letrada se maneja con la suficiente eficacia como para no dejarse devorar de ambas tendencias.

    Luego se implanta la resignación, la guerra fría se impone a estadounidenses y soviéticos, y son los practicantes y defensores del humanismo los que rescatan de la querella al sector liberal. Un ejemplo primordial, Alfonso Reyes.

    Escritor



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