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Carlos Monsiváis

El más sentido pésame

Carlos Monsiváis es ante todo un hombre observador. Escritor que toma el fenómeno social, cultural, popular o literario, y que, con rápido b ...

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    22 de julio de 2007

    Lo que la derecha pierde en 1860 y 1917 con la educación laica, trata de compensarlo en algo al afirmar sus zonas de prohibición (la geografía de la intolerancia). Y sus ofensivas a lo largo del siglo XX responden a la disminución cuantiosa de su hegemonía, en el proceso donde el desarrollo social doblega una y otra vez a la derecha y a su aliado no tan ocasional en los concordatos donde una de las partes afirma: “Te apoyamos en todo, oh gobierno, pero tú déjanos actuar”. Y el gobierno priísta los deja hasta el punto que no lesionen sus zonas de control profundo, entre ellas, irrenunciable, la secularización.

    La derecha no lo entiende, no lo quiere entender y, por si fuera poco, tampoco lo entiende. En 1961, “Cristianismo sí, Comunismo no”, la ofensiva nacional de los obispos con sede en la Puebla del obispo Octaviano Márquez y Toriz, más que contra la muy débil izquierda partidaria, se dirige a golpear el sector educativo ya fuera de su control. Un año antes, se lanza la campaña en Monterrey contra los libros de texto gratuitos, juzgados “indecentes” y casi ateos. Sólo la intervención directa del presidente López Mateos dirime el conflicto: los empresarios se hacen a un lado y los libros circulan.

    * * *

    Esto es lo inadmisible para la derecha: si los niños saben, si las mujeres deciden, su control se desvanece, al depender en enorme medida de la hipocresía como visión del mundo. Ya no se pide la aceptación unánime de sus dogmas, pero sí que se proceda como si estos dogmas fuesen acatados y de allí sus estrategias de contención y formación en los ámbitos de la burguesía y la clase media alta.

    Los pobres no importan: que a ellos los cuide su “animalidad orgánica”. Hasta fechas recientes, si una mujer muy pobre es públicamente adúltera allá el que la trate, pero si un rico se divorcia es una amenaza al tejido social. Lo propio de la derecha es la vigilancia de la conducta declarativa (ya ni siquiera de la conducta pública) de las clases gobernantes.

    * * *

    Hasta la década de 1960 la derecha se concentra en oponerse al protestantismo y el comunismo, en mantener las prohibiciones más notorias y en cultivar las apariencias morales. En tanto registro del mundo, esto trae consigo el olvido de la modernidad, lo que desemboca en el desastre educativo de las escuelas confesionales y en la falta de registro de los cambios irreversibles. Ya en la segunda mitad del siglo XX queda claro: es inútil, se ha perdido la batalla contra la modernidad, debido al resquebrajamiento de la ideología conservadora (le quedan consignas, se fueron las ideas), y a la falta de percepción cultural que lleva a desentenderse del impulso internacional de renovación. Para cuando se reacciona es tarde, la sociedad va más adelante en la posibilidad de regresarla al seno del anacronismo.

    En los años recientes, la derecha consolida sus fortalezas, entre ellas la formación de la élite en las universidades privadas, y la identificación de un credo como el requisito del poder económico y político. En un cálculo aproximado, 70% del aparato público, de directores de departamento para arriba ya egresa de las universidades particulares.

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    En el tema de las batallas culturales la derecha ha sufrido intensas derrotas sin trazas de enmienda. Cito algunos hechos: el auge de las teorías feministas ya se han convertido en punto de vista de la sociedad entera; los derechos reproductivos son ya materia de discusión libre y ya hay consecuencias legislativas; son interminables las derrotas en los intentos de censura (remember ‘El crimen del Padre Amaro’) y, ahora con alguna espectacularidad el fracaso estrepitoso de otro intento de vencer a la laicidad y humillar el laicismo, la propuesta de la Arquidiócesis Primada de México.

    El 8 de julio de este año, Armando Martínez, representante legal de la Arquidiócesis, afirma en conferencia de medios: “En el país es importante que trascendamos de un Estado laicista a un Estado confesional (sin confesión alguna). En breve, la Iglesia católica presentará a los partidos políticos y al Congreso de la Unión un paquete de reformas constitucionales a los artículos 3, 24 y 130, con el fin de alcanzar una verdadera libertad de religión, y dejar atrás el Estado laico.” Así de simple, dejar atrás el Estado laico.

    El mismo día, el vocero del arzobispo Hugo Valdemar confirma: “Está en la agenda de la Iglesia lo de las nuevas reformas en materia eclesial, y ya se ha estado trabajando en el tema de la libertad religiosa. El tema se pone en la agenda porque a tres lustros de las enmiendas de 1992 no sólo la Iglesia dice que es una ley imperfecta, sino que expertos en derecho ven las limitantes en las que es preciso ir caminando. Se busca hacer coherente la Carta Magna, no se busca otra cosa”. Hagamos a un lado a juristas que creen conveniente, como señala Valdemar, seguir caminando en las limitantes, tarea acrobática si alguna, y concentrémonos en la incoherencia de la Carta Magna.

    El abogado Martínez Gómez de la Arquidiócesis marca el objetivo, el mismo de las incontables demandas anteriores: “Todos los padres tienen el derecho de libre educar a sus hijos, pero no necesariamente a una educación laicista, como la que tenemos, sino que debe ir mucho más allá. Debe de ir en una verdadera libertad en la que los padres puedan determinar si quieren una educación religiosa para sus hijos y el Estado pueda proveer de esta educación religiosa”.

    No profundicemos en otro tema, el de la educación gramatical de los hijos que en su tiempo habría beneficiado ampliamente al licenciado Martínez Gómez, y vayamos a otro asunto, muy grato a su recaudatorio corazón: “Se propondrá una reforma de claridad en materia tributaria, como se hace en otros países, donde los ciudadanos pueden destinar parte de sus impuestos a las iglesias”. Es decir, es un decir, que las iglesias no sólo no paguen impuestos sino que la reforma fiscal las premie por no hacerlo.

    * * *

    El éxito de la iniciativa del Arzobispado es nulo, para no decir nonato. El PRD, el PRI, juristas reconocidos, ONG, las iglesias protestantes y el rumor de la calle, que por lo visto es todavía laicista, rechazan la propuesta. En la Cámara de Diputados nadie abiertamente secunda al Arzobispado, el PAN se declara satisfecho con el Estado laico y las secretarías de Educación y Gobernación se deslindan de la propuesta. El Arzobispado retrocede, declara que la iniciativa no es suya sino de la Asociación de Abogados Católicos (“El de atrás paga”), y el nefando Estado laicista todavía goza de cabal salud.

    Otra derrota cultural de la derecha. “Y tú que nunca fuiste capaz de perdonar”.

    Escritor



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