aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




EDITORIAL DE EL UNIVERSAL

Calderón y el reto de la corrupción

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





EDITORIALES ANTERIORES


    12 de junio de 2007

    Todavía no tenemos indicios claros de la manera en que el presidente Felipe Calderón Hinojosa va a enfrentar el desafío de la corrupción, que se encuentra en el fondo de una larga lista de inventario de los principales problemas nacionales, desde el de la inseguridad hasta el de la obra pública.

    Nuevos casos parecen acumularse cada semana. Toca ahora el turno a la terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), obra a cargo de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, que se excedió en 612 millones de pesos en su faraónica construcción.

    Es común que los presupuestos autorizados difieran en cierta proporción de los ejercidos; cualquiera que haya hecho una obra lo sabe, pero hay de diferencias a diferencias. En todo caso, ésta es grande y debe cotejarse el gasto hasta el último centavo. Tan graves son las venalidades abiertas como la incompetencia profesional para llevar a cabo el trabajo de supervisión de una obra, y ambas deben ser sancionadas.

    Recientemente tuvimos un claro ejemplo de la falta de rigor con que se emprenden trabajos como el de la ´megabiblioteca´ José Vasconcelos, edificio a la medida de la soberbia de quienes la encargaron y la inauguraron a sabiendas de sus deficiencias: goteras sobre los libros, pisos agrietados y elevadores incapaces de funcionar.

    En la presa hidroeléctrica El Cajón, en Nayarit, el sobregiro es de 116 millones de dólares. También se auditan las cuentas, por parte de la Secretaría de la Función Pública, la Auditoría Superior de la Federación y las contralorías internas.

    La Procuraduría General de la República bien haría en estar pendiente del curso de todas estas revisiones. Como abogado de la nación, Eduardo Medina Mora ha de cuidar que cuando existan desfalcos no queden impunes.

    Ya no es posible admitir el viejo y cínico recurso de justificar la corrupción como un mal nacional.

    Es cierto que ese vicio ha estado vivo en prácticamente todos los periodos de nuestra historia, con cimas en el priísmo dominado por la lógica del encubrimiento faccioso, que ha llegado hasta el reciente episodio del estado de México, donde este fin de semana se declaró inocente a Arturo Montiel.

    Tampoco han escapado los perredistas, afamados en videocintas filtradas con toda intencionalidad, pero que independientemente de la motivación prueban actos de corrupción política que apenas ameritaron un paseo por la cárcel de quien llenó portafolios de dinero.

    Algunos panistas y sus parientes, con toda su construcción imaginaria de la honestidad como religión, también parecen haber cedido a la tentación.

    Los graves cargos contra ex funcionarios de Petróleos Mexicanos, como Raúl Muñoz Leos y Juan Bueno Torio, de probarse, no pueden quedarse en amagos, o en procesos en los que se negocien chivos expiatorios.

    El presidente Felipe Calderón habló ayer con pasión de la transparencia, pero ésta no puede ser un fin en sí misma. Conocer una mala acción pública debe ser sólo el principio para arrancar la maquinaria.

    En suma, el deseable proceso de transparentar es inocuo si no hay sanción al transgresor de la ley y reparación del daño.



    EDITORIAL ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.