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Carlos Monsiváis

‘Un pobre es un aborto de la vida’

Carlos Monsiváis es ante todo un hombre observador. Escritor que toma el fenómeno social, cultural, popular o literario, y que, con rápido b ...

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    29 de abril de 2007

    E n 1979, en ocasión de la carta de un grupo feminista que pedía la despenalización del aborto, el obispo de Tlalnepantla, Felipe de Jesús Cueto, declaró con pintoresquismo inocultable: “Si el aborto se hubiera aprobado en tiempos de Nuestro Señor Jesucristo, a lo mejor éste no habría nacido”. La idea, en el fondo, es desarmante por infantil y aunque los elementos ya estaban, no anticipa la intensidad de lo que sigue, las campañas de odio, las amenazas, la irracionalidad, las mentiras. Como sea, esto corresponde a las batallas culturales, las mismas que por sistema está perdiendo la derecha.

    Son enormes las sumas invertidas en la campaña que ProVida y Jorge Serrano Limón esencializan de modo óptimo. El asunto es parte de las afirmaciones de la secularización, y si las amenazas son sólo eso, por molestas o abominables que sean, corresponden a las tradiciones de una causa “desorientadita”. Y, además, el proyecto de ley de la despenalización del aborto ha desembocado en el primer debate nacional sobre bioética en la historia nacional, un debate en el que muchísimos han participado.

    Sin embargo, las declaraciones de Carlos Abascal Carranza, secretario general adjunto del PAN y ex secretario de Gobernación (nota de Alberto Nájar, Milenio Diario, 20 de abril de 2007) trascienden el nivel habitual de la polémica y conducen a la derecha a un extremo hasta ahora no visto, de sinceridad por un lado y del más obstinado desprecio racista y clasista por el otro. O algo más, la eugenesia con pretextos laborales en su nivel más delirante. Dijo Abascal:

    “El PAN piensa en el trayecto de la vida humana, porque un pobre... —que no debería ser pobre porque carece de oportunidades de empleo— es un aborto de la vida, porque no está teniendo una vida acorde con su propia dignidad.”

    * * *

    El pensamiento, o como se le quiera llamar a lo expresado por Abascal es la declaración más inconcebible de un político en México en representación de su partido. En unas cuantas palabras Abascal, que no habla a nombre propio, sintetiza una posición que la derecha ha tenido sin duda pero que nunca, ni siquiera durante la dictadura de Porfirio Díaz, había formulado con tal énfasis. Para cubrir su dicho, porque él hace política, quién lo duda, Abascal describe su imposible dream:

    “Acción Nacional se ocupa desde el nacimiento, la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, el salario familiar, la participación política, la pensión, todo el ciclo de vida para que la persona viva con dignidad...”

    ¿Abascal sueña con lo anterior, lo frasea para que algún distraído se lo crea, vive por un momento en un futuro rosa frenesí? Imposible dilucidar el enigma, sólo tomar nota de que alguien, al parecer en serio, asegura que el PAN se ocupa de todos los mexicanos desde el nacimiento, etcétera. Esto también es un récord en la demagogia entre nosotros, o, si se le quiere otorgar a Abascal el beneficio del sarcasmo subyacente, de la mística de la fantasía declarativa. Así que el PAN cubre “todo el ciclo de vida para que la persona viva con dignidad”. ¿Lo sostendría su partido en el Congreso? Digo, es un decir.

    * * *

    No han escaseado los menosprecios a los pobres. El presidente Carlos Salinas de Gortari afirmó reiteradamente: “En la pobreza no hay democracia”, y el presidente Ernesto Zedillo, con ganas de mentir y también, partidistamente, de ocultar el acarreo, fue más lejos: “Los pobres no votan”. Y el presidente Vicente Fox se refirió a los pobres... No, no debo extremar mi audacia. Fox sólo se refirió a los pobres para changarrizarlos y hacerlos empresarios con 800 pesos mensuales, y nada más debían gastar 600 para obtenerlos. Según Fox, en un año redujo la pobreza en 35%, se le demostró que mentía y no hizo el menor esfuerzo por contestar. Él lanzaba sus quimeras y no se molestaba siquiera en recordarlas.

    * * *

    ¿Qué términos recuerdo ahora del vocabulario denigrante contra los pobres: chusma, gleba, grey astrosa, peladaje, leperuza (plural de léperos), turba, gentuza, morralla, infelizaje?... A todos estos términos supremamente despectivos los derrota Abascal. “El pobre es un aborto de la vida”. En su afán de identificar a los desposeídos con el pecado, el vocero del PAN va a fondo: ustedes los pobres no son siquiera seres humanos, nunca llegaron a esa condición, mal aconsejada la madre naturaleza recurrió a la partera innombrable que se aseguró de haberlos despojado previamente de su dignidad. ¿Para qué la querían si nunca nacieron?

    * * *

    Abascal también, sin esas palabras, pero con ese don de exterminio verbal, considera a la lógica y a la coherencia, “abortos de la vida”. Véase si no lo que le dice a Alberto Nájar: “El país se encuentra frente al germen de la dictadura. Hitler no les dio el derecho de vivir a los judíos, llegó al poder por la vía de la democracia y sus propuestas se aprobaron en el Parlamento alemán por la mayoría de votos”. Si se hace a un lado su curiosa idea de la democracia que instaló a Hitler, Abascal asegura que el voto prodespenalización del aborto en la Asamblea Legislativa es el principio de la dictadura hitleriana. ¿Y por qué no levanta a sus huestes? ¿Por qué delega su poder de convocatoria y de argumentación en spots televisivos y en Serrano Limón? ¿Por qué insiste en ser más astuto que su mínimo (si acaso) dominio del lenguaje?

    * * *

    En su oportunidad, Felipe Calderón también culpa a los pobres y condena “el círculo vicioso que existe entre la pobreza y la miseria en que viven millones de personas, y el deterioro creciente del medio ambiente” (nota de José Antonio Román, La Jornada, 23 de abril de 2007). Así que no son los grandes empresarios y sus embestidas ecocidas los responsables mayores del “deterioro creciente” sino de los pobres y miserables. Así que sólo los pobres contaminan.

    Posdata

    Escribo este artículo el 24 de abril. Muy probablemente, Carlos Abascal dirá que se le citó “fuera de contexto”. Estaré de acuerdo si él explica minuciosamente cuál es ese “contexto” al que nunca se le ubica en las citas de sus declaraciones.

    Escritor



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