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Carlos Monsiváis

De la suerte del impulso revolucionario

Carlos Monsiváis es ante todo un hombre observador. Escritor que toma el fenómeno social, cultural, popular o literario, y que, con rápido b ...

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    28 de enero de 2007

    E n 1954 Irving Howe, el gran liberal estadounidense, en el ensayo The Problem of U.S. Power , traza un panorama "esencialista": "El factor central es el siguiente: seguimos viviendo en una era revolucionaria. Al impulso revolucionario se le ha contaminado, corrompido, envilecido y desmoralizado, y se lo han apropiado los enemigos del socialismo. Todo esto es cierto. Pero la energía detrás del impulso revolucionario permanece. Ahora estalla en una parte del mundo, luego en otra. Nunca se suprime por entero. En cualquier lugar, excepto en Estados Unidos, millones de seres humanos, la mayoría con algún nivel de conocimiento político, se consagran a alguna forma del cambio social.

    "Los trabajadores europeos son conscientemente anticapitalistas, la población de Asia y de América Latina es antiimperialista. Estas son las energías dominantes de nuestro tiempo y quienes las controlen, de modo legítimo o distorsionado, han de triunfar (citado por Clifford Geertz en What was the Tirad World Revolution, Dissent, Winter 2005)".

    ¿Qué permanece de esta descripción? En 53 años se han producido demasiadas revoluciones que, en proporción más que significativa, se han corrompido, burocratizado, vuelto maquinarias represivas, y derrumbado junto a las estatuas de sus caudillos. En África y Medio Oriente se han producido genocidios inconcebibles y grandes insurrecciones, y América Latina ha sabido de revoluciones triunfantes y dictaduras impresionantes.

    A la de Augusto Pinochet la suceden en Chile los regímenes democráticos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet; la esperanza del primer régimen sandinista en Nicaragua la continúa ahora el ultraderechismo del grupo de Daniel Ortega, que en materia de vida cotidiana se acerca a ProVida y Jesse Helms; al triunfo de la izquierda o de centro- izquierda en Venezuela, Chile, Bolivia, Brasil, Ecuador y Argentina, lo contrarrestan el apagamiento (no muy reciente) de la mística revolucionaria en Cuba, el empecinamiento muy autoritario de Hugo Chávez, y los graves errores de diversas administraciones de intención socialista.

    * * *

    En 53 años se ha contemplado el derrumbe de la URSS; la emergencia de China situada entre la barbarie maoísta y la modernidad capitalista; el juego de las simbologías que se oscurecen o se comercializan y la disolución en la violencia de un gran número de ideales. Han transcurrido las crueldades de la guerra fría (en el campo del imperio estadounidense y en el socialismo real), la decadencia, caída y resurrección parcial del nacionalismo, el progreso y la hambruna, los monstruos del genocidio (Pol-Pot, Suharto, Bukassa, Mobuto, Idi Amin, Milosevic), el surgimiento de los estados africanos, la implantación del neoliberalismo y sus devastaciones sucesivas y simultáneas.

    * * *

    ¿Qué se ha visto a propósito de la revolución y la reacción? El retorno del integrismo en un buen número de países (España y México incluidos), la descolonización y la nueva colonización a cargo de las transnacionales, la embestida clerical contra el laicismo, las represiones como "el diálogo" de los gobiernos, la destrucción de la ecología planetaria (el calentamiento global como la síntesis de las nuevas hecatombes), el desarrollo extraordinario de la ciencia y sus limitaciones dramáticas, los guerreros religiosos, el terrorismo, la elevación de los medios electrónicos al rango de superpotencia, el regreso de los métodos esclavistas a cargo de las transnacionales, las industrias maquiladoras, los Wal-Mart de este mundo.

    Y la lista de cambios y petrificaciones sigue: las grandes migraciones, el surgimiento de opositores a los modelos de la globalización (de Seattle en adelante); la crisis mundial del agua (Dune, de Frank Herbert, la lección apocalíptica por excelencia); las megalópolis: Lagos, Cairo, Bomba-Mumbai, Shangai, Sao Paolo, Bangkok, ciudad de México; las matanzas que perpetúan el genocidio nazi (Ruanda, Indonesia, Camboya, Sri Lanka), la desaparición de incontables especies animales, la contaminación en las ciudades y el campo, la persecución a los migrantes en Estados Unidos o en Europa...

    * * *

    Ante este panorama, ¿cómo o dónde situar los impulsos de "los humillados y ofendidos", los debates ideológicos, los procesos religiosos, la intensificación del desempleo, las defensas y las cesiones de la soberanía, la debilidad de la resistencia a la globalización excluyente, el abismo digital? ¿Qué es hoy la izquierda? ¿Y cómo explicarse que en muchos países un sector amplio de las clases populares vota por sus explotadores? ¿Cómo tantos han creído en la tesis de Samuel Huntington del "choque de las civilizaciones"? ¿Cómo se llega al poder en las democracias sin el gasto inmenso que lo primero que consigue es el postergamiento de la democracia? ¿Cómo se define rigurosamente en una sociedad el estado de derecho?

    * * *

    En un panorama tan colmado, deprimente, estimulante a contrario sensu, ¿qué espacio aún les queda a los ideales de equidad, respeto a los derechos humanos, solidaridad, reparto justo del ingreso? A la imaginación crítica de las comunidades y de las personas les toca comprender los mecanismos monstruosos de la concentración del poder y la riqueza, y el modo en que uno de estos mecanismos es la aceptación pasiva del usufructo monopólico del planeta. Desde la caída del socialismo real se ha vuelto un dogma la indefensión ante los poderes materiales, la riqueza extrema en unas cuantas manos, los sistemas financieros, el avasallamiento de la tecnología.

    Otra teoría del eterno retorno: las derrotas de quienes resisten parecen siempre las mismas, los pobres son cada vez más pobres, pero "nada se puede hacer ante esto porque en las generaciones anteriores nada se pudo hacer". Y el dictamen ya queda escrito: ni se apuren, tampoco se podrá hacer nada en el porvenir.

    Si algo cambia son las formas sociales de la resignación al venir a menos la movilidad social y concentrarse las esperanzas en la movilidad espacial (las migraciones) y, con un impulso menor pero insignificante, en la movilidad cultural: "Si aprovecho mis oportunidades del conocimiento, avanzaré en el espacio social y nunca me derrotarán del todo". Al sintetizar el paisaje síquico de la vida contemporánea, Michel Foucault señaló: "Sabemos por lo general lo que hacemos, a veces sabemos por qué lo hacemos, pero casi nunca sabemos los resultados de nuestras acciones". Si se quiere un ejemplo, basta ver los resultados de las empresas ecocidas para vislumbrar cuáles serán y están siendo sus consecuencias.

    Escritor



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