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Ramón Cota Meza

Etanoinflación

Analista político. Colabora en EL UNIVERSAL y en la revista Letras Libres. Asimismo, es copyeditor en inglés y español, traductor y guionist ...





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    23 de enero de 2007

    Los signos de una inflación alta en el futuro inmediato parecen claros. El detonador es el maíz, cuyo precio está determinado por su demanda para producir etanol, combustible no demandado por el mercado, sino impuesto por el gobierno de Estados Unidos. Considerando los costos, la conversión de maíz en energía es insostenible. Se sostiene por los subsidios a la producción del grano y a la refinación del combustible. Los efectos de esta ecuación repercutirán en una amplia variedad de productos esenciales para el consumo animal y humano.

    El maíz y sus derivados son insumos de aceite de cocina, margarinas, endulzantes, comida rápida, lácteos light, aderezos, condimentos, frutas y vegetales enlatados, gelatinas, mermeladas, dulces, goma de mascar, etcétera. El almidón del maíz es utilizado como conservador de la textura de alimentos y para producir papel, textiles, superficies de vestuario, adhesivos, crayolas, lubricantes, pan, agentes químicos, vitamina C, penicilina, otros antibióticos y muchos bioproductos. Todos los comestibles llamados chatarra contienen maíz.

    La irracionalidad económica de convertir el maíz en combustible alternativo es evidente en dos hechos: 1) la producción del grano depende ampliamente de los combustibles fósiles: fertilizantes, pesticidas, herbicidas y energía para su irrigación, cosecha, transporte, secado, refrigeración y calefacción; 40% del valor calórico del maíz depende de los hidrocarburos necesarios para producirlo; 2) obtener etanol requiere calor proveído por hidrocarburos, unas ocho veces más que el necesario para convertir hidrocarburos en gasolina.

    Y todo este dispendio para producir un combustible que sólo rinde 63% del valor calórico de la gasolina. El precio del etanol es más barato que el de la gasolina porque tiene un subsidio de 51 centavos de dólar por galón. Un consumidor que sólo usara etanol gastaría 30% más que si usara exclusivamente gasolina. El consumidor de etanol subsidia al vendedor con 46 centavos de dólar por galón. El grano necesario para llenar el tanque de una minivan con etanol podría alimentar a un ser humano durante un año.

    Desde que el gobierno de Estados Unidos ordenó usar etanol como aditivo en 2005, el precio del maíz ha crecido más del doble. Si de aquí al 2014 la cantidad de maíz para producir combustible crece al doble, como se prevé, vayan haciendo cuentas de la inflación resultante. Ya que en Estados Unidos no hay límite a la construcción de refinerías de etanol, éstas podrían crecer sin control, de modo que la cantidad de maíz requerida podría ser mucho mayor que la estimada. China congeló las solicitudes de plantas por el desabasto de maíz para el consumo animal y humano.

    Los Angeles Times (13/01/07) comenta que nadie sabe cuánto durará la bonanza del etanol, pero sus efectos han empezado a sentirse en todo el mundo, con grandes ganancias para los productores y altos costos para consumidores, fabricantes de alimentos y engordadores de carne. Uno de los grandes beneficiarios es Archer Daniel Midland, que se está embolsando unos 2 mil millones de dólares al año en subsidios. Esta corporación encabeza el "lobby del etanol", y destaca por su contribución económica a campañas electorales.

    Ante estos hechos, los guardianes mexicanos de la inflación se han visto descontrolados. El gobernador del banco central ha diseminado la especie de que el aumento del precio del maíz ha sido provocado por los "acaparadores". La clase política se ha ido de bruces, desgañitándose contra ellos. La Cofeco se dispone a espiar a las cámaras de comercio porque es ahí donde se conspira para aumentar los precios. Big deal. Ya lo dijo Adam Smith: ¿para qué otra cosa habrían de reunirse los comerciantes?

    Nuestros guardianes conciben la inflación como fenómeno puramente monetario, flagelo que sólo puede ser provocado por el Estado. No conciben que puede ser disparado por los costos. Curiosamente, en este caso tienen razón, ya que la inflación en curso ha sido provocada por la política energética y los subsidios concomitantes del gobierno de Estados Unidos. Prefieren cargarla contra la cadena nacional del maíz antes que asumir el fenómeno como global y hacer política internacional como en la época de Luis Echeverría.

    blascota@prodigy.net.mx

    Analista político



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