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María Teresa Priego

Peregrina es la memoria

Tabasqueña. Feminista (tendencia retro) Estudió Letras en la Universidad de Monterrey. Diplomado en Historia del Arte en Roma. Maestría en E ...

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    04 de enero de 2007

    Mi padre cumplió 80 años. "¿Cuáles son las lluvias que me mojan?", escribió Sandra Lorenzano. En un texto que habla de nostalgia. Pertenencia. Exilios. La pregunta se instaló. En la habitación interior. Como un cuadro a colgar. Busco un taladro. Que atraviese la memoria. Un taquete que sostenga pasados. Un tornillo a futuro. No hay otra manera de colgar una pregunta. Sólidamente.

    Después una va. Indagadora y aguerrida. A intentar intuir sus respuestas. Para vivirlas. En un año que es nuevo. Con sus rituales. De páginas en blanco. Y memoria entintada.

    ¿Cuáles son? Al centro de los círculos concéntricos. Nuestras lluvias. Sus significados. "Esta lluvia la necesito. La deseo. Me marca. Me inquieta. Me duele. O todo junto. Pero no hay manera de negarlo: esta lluvia es mía".

    Tenemos. Esa tendencia dudosa. A acotar. Pasiones que nos llaman. En la memoria de los que fuimos. Un aguacero llega. El padre le pidió a un trío: "Cántenle trova yucateca a esta niña. ´Peregrina´. Para que aprenda".

    ¿Cuál es el deseo de un padre? Una se queda. Con lo que se queda. "Alma Reed, fue una gringuita periodista. Prometida de Felipe Carrillo Puerto. El gobernador socialista de Yucatán. Le hizo componer ´Peregrina´. Se amaron tanto. Que los cenotes se desbordaron". "Los cenotes no se desbordan, papá". "¿Tienes pruebas?". "No". "Ante esa pasión, se desbordaron".

    Así fue la infancia. Como diría Nélida Piñón: "Todo aquí es mentira, pero de buena calidad. Deberían favorecerse los sueños y expulsar a los incrédulos". Tampoco tuve pruebas. De que no estaba en manos de mi padre. Detener la erupción de los volcanes. Como él decía. Sigo dudando.

    Cuarenta años después de la muerte de Alma, Michael Schuessler encontró su autobiografía. Entre sábanas mohosas. En el clóset de un departamento abandonado. La publicación de Peregrina. Mi idilio socialista con Felipe Carrillo Puerto. Llegó ahora. Para el cumpleaños 80.

    No creo en el azar. Sí en la sincronicidad. Carrillo, el fascinante "dragón rojo con ojos de jade", gobernó en 1923. Con el voto indígena y mestizo. Creó escuelas para los mayas. Tradujo al maya la Constitución. Instaló clínicas de planificación familiar.

    Alma tocó México. En su defensa de Simón Ruiz en California. Trabajador mexicano indocumentado. Dieciséis años. Sentenciado a la horca. El abogado le pidió declararse culpable. Desde el San Francisco Call, Alma combatió por su vida. Ganó. El código penal del estado prohibió la ejecución de menores.

    En 1922 vino a México "invitada de Obregón". Regresó corresponsal de The New York Times, donde denunció la extracción de las piezas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá. Llevadas al museo Peabody de Harvard. Por valija consular. Parte del tesoro regresó a México.

    Se enamoraron. Se desbordaron los cenotes. Se casaban el 14 de enero de 1924. La madrugada del 3. Carrillo Puerto fue asesinado. "Alma recibió un telegrama con una noticia devastadora: su prometido y tres hermanos de éste habían sido ultimados por un pelotón de fusilamiento". Felipe traía la foto de Alma. Cosida a su sombrero.

    Alma visitó Yucatán. La Villa Aurora. Donde planearon vivir juntos. Auroras que no llegaron. Viajó mucho. En 1952 regresó a México. Recibió la Orden del Águila Azteca. Murió en 1966."Que me entierren tan cerca de Felipe como sea posible". Mérida. "Peregrina que dejaste tus lugares/los abetos y la nieve virginal/y viniste a refugiarte en mis palmares/bajo el cielo de mi tierra. De mi tierra tropical". Ochenta años de trópicos. Les cuento. Son palmares tormentosos.

    Escritora



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