aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Roberto Borja

Oaxaca: reforma o restauración

...





ARTÍCULOS ANTERIORES


    10 de octubre de 2006

    Supongamos, por un momento, que se vive en Oaxaca una especie de revolución política contra un gobierno incapaz; que esa revolución la protagoniza el pueblo y que es dirigida por quienes tienen claro lo que hay que hacer: una reforma democrática al régimen político que permita la participación de los diferentes sectores del pueblo, y de los pueblos indígenas, para resolver las causas de fondo que, como son graves, se llevarán mínimo 30 años para una solución básica.

    ¿Qué debería el gobierno federal hacer en esas condiciones? Apoyar, por supuesto, al movimiento, dado que se identifica con los objetivos del resto del país.

    Ahora apliquemos esos supuestos a la realidad.

    En las causas sociales y los objetivos políticos del conflicto, seguramente se coincidiría en que son justas y que eso es lo que hace falta. También habría acuerdo en que el pueblo de Oaxaca se merece un cambio político orientado a solucionar los problemas de fondo.

    En lo que ya no habría unanimidad sería en aceptar que la APPO y los maestros quieran esto.

    Bueno, pues efectivamente Oaxaca no vive una revolución, pero sí un desbordamiento del conflicto, por dos causas fundamentales: porque los problemas sociales se han acumulado y ya no pueden ser resueltos en los marcos anteriores, y porque el gobierno federal se encuentra en el momento de su máxima vulnerabilidad y debilidad.

    En tales condiciones creo que Carlos Abascal ha hecho lo correcto: primero, tratar el asunto como un problema complejo y no como la simple violación por unos forajidos a la normalidad legal y democrática; segundo, asumir las causas sociales profundas que detonaron el problema y no tomar el partido de la defensa del viejo régimen de los caciques; tercero, orientar el conflicto hacia una reforma democrática de fondo por la vía del diálogo y de las instituciones. Y, cuarto, encauzar la negociación de los viejos caciques con el nuevo gobierno de Felipe Calderón. Ya se verán los resultados en la presentación del gabinete.

    Esperemos que los dirigentes de los movimientos sepan calibrar que su fuerza ya logró lo más importante: abrir el procedimiento institucional para remover al gobernador.

    Los bandidos no estarán de acuerdo, pero espero que los dirigentes sociales sepan aprovechar tan favorables circunstancias para consolidar su presencia en el cambio democrático. De no hacerlo, tendremos que lamentar un paso más en la restauración del viejo régimen, en Oaxaca y en el país.

    Analista político



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.