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Javier Corral Jurado

Del silencio a la celebración

Licenciado en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Occidente. Miembro del Partido Acción Nacional. Directivo de la Asociación M ...

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    04 de abril de 2006

    SI alguien conoce perfectamente la autoría, la intención política y la nuez del negocio económico que dio origen a la reforma a las leyes de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión, es el presidente Fox. Si alguien sabe exactamente lo que pasó en ambas cámaras del Congreso de la Unión, es el presidente Fox; la manera apresurada como introdujeron y procesaron la iniciativa que no sólo sorprendió a las bancadas de PRD y PAN sino a los funcionarios de su propio gobierno, que no sabían qué responderles de inmediato a los legisladores panistas que necesitaban "orientación"; hombres claves del gabinete, no sabían que el Presidente sí sabía. El Presidente sabe también del proceso en el que la mayoría de los senadores del PAN resolvieron votarla en sus términos, las distintas presiones y argumentos que se pusieron en juego para lograr el apoyo. Porque fue la bancada panista la que desatoró el tema. El PRI nunca fue problema en el Senado -y el Presidente lo sabía-. Convertidos ahora al madracismo jacksoniano, para ellos no había más que ratificar la negociación que su candidato había iniciado en San Lázaro, y que el PAN cerraba para nuestro candidato en Xicotencatl.

    El presidente Fox ha tenido elementos valiosísimos para el análisis de la reforma, tanto en la forma como en el fondo, y como sólo un Presidente los puede tener. A él, los más importantes concesionarios del país, tanto en radiodifusión como en telecomunicaciones, sí le ofrecieron al principio sus verdaderas opiniones -en reuniones no tan privadas y más bien semipúblicas-, absolutamente contrarias al sesgo y parcialidad con el que se plantea la convergencia tecnológica, y le advirtieron, ellos mismos, sobre el daño patrimonial que puede sufrir el Estado al no recuperar el espectro analógico por la manera en que está redactado el artículo 28 de la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión. El presidente Fox sabe y está enterado, porque su vocero lamentó las intervenciones telefónicas que publicó EL UNIVERSAL, de la forma en que Televisa fue sometiendo y haciendo retractarse "uno por uno" a esos operadores de telecomunicaciones que tuvieron la ingenuidad de confiarle sus puntos de vista, suponiendo que habría gobierno para defenderlos.

    El Presidente sí sabe lo que piensan los secretarios de Estado involucrados en la materia, mismos que le han negado a la nación su punto de vista; quizá sólo él conozca la posición exacta de esos funcionarios, pero están acreditadas críticas y análisis contrarios a la Ley de Televisa en su escritorio. Lo que sí sabe el país, y que también lo sabe el presidente Fox, es la carta que 111 diputados federales enviaron al senado exhortándolo a actuar como cámara revisora frente a lo que habían hecho, y es posible que se le pase un dato no menor: en ella firmaban 14 de los 21 que dictaminaron la iniciativa en la Cámara baja. También sabe que cuatro instituciones del Estado, tres de ellas dependientes directamente del Poder Ejecutivo federal, manifestaron abiertamente críticas a la reforma, y tuvieron el valor de presentar propuestas específicas para subsanar no sólo las insuficiencias y "errores", sino para no permitir el abuso de la concentración de mercados, el debilitamiento del Estado en la administración del espectro radioeléctrico, la discriminación de las radios permisionadas y comunitarias, así como las violaciones al Cofipe y a la Constitución en materia de contratación de propaganda electoral. El presidente Fox lo sabe, que la Comisión Federal de Competencia emitió una opinión centrada, responsable, sobre los efectos de reforzamiento de las prácticas monopólicas contrarias al artículo 28 constitucional, y sabe que Eduardo Pérez Mota -el presidente de este órgano-, ha ratificado su opinión, jugándose el riesgo incluso de no encontrarse un presidente de la República enfrente.

    El presidente Fox sabe que la Comisión Federal de Telecomunicaciones opinó que no sólo no constituía un avance la reforma, sino un retroceso; conoce la opinión del Instituto Federal Electoral proponiendo corregir las contradicciones entre normas y eliminar la función de garante de pago que le asigna la reforma aprobada, y no como lo propone la engañifa de las "iniciativas paralelas", que en realidad es una y tampoco corrige los asuntos de fondo. El Presidente sabe que en su gobierno hay una mujer que trae las faldas bien puestas, y es Xóchitl Gálvez, la comisionada nacional para los Pueblos y Comunidades Indígenas que concurrió al Senado a dar la posición del Consejo que preside, mientras el resto de los funcionarios federales guardaba silencio. El Presidente de la República tiene conocimiento de la histórica protesta de los medios públicos permisionados en todo el territorio nacional, y particularmente los que están bajo la esfera de su gobierno, como el Canal 11, el IMER y Radio Educación, auténticamente comprometidos con sus públicos.

    Todo esto lo sabe el presidente Fox y, sin embargo, anticipa que no vetará las reformas. Prostituido el lenguaje del Presidente, con lo que luego todo se deforma, no ha tenido rubor por las palabras, no hay recato en el tono festivo y el llamado a la celebración. Ni siquiera los más férreos senadores que la aprobaron se sintieron con ganas de aplaudir al final de la sesión. Mudos ante los argumentos contrarios, ciegos frente a la realidad, sordos ante las críticas, indiferentes a las propuestas, tienen ya el aval y la voz del Presidente de México, para cerrar el círculo del cinismo y la complicidad: "Celebro que el Congreso, tanto la Cámara de Diputados, como el Senado hayan ejercido su autonomía, su libertad, hayan discutido y hayan aprobado una más de las muchas leyes que se aprueban en nuestro país y que se han aprobado en estos cinco años de gobierno democrático, de gobierno respetuoso de las autonomías e independencia de los otros dos poderes". "Como nunca, estamos viviendo esa realidad y ha sido muy fructífera, para nuestro país el respeto a esa autonomía y a esa potestad constitucional que tienen los otros poderes."

    No habrá manera de exculpar al Presidente de la República, en términos de nuestro proceso constitucional de creación y reforma de las leyes, compartirá la responsabilidad histórica de esta página negra, se le sumará a las enormes canonjías que a lo largo de su sexenio han recibido las dos principales empresas de televisión, aun cuando se convierta en una de sus principales víctimas al minuto siguiente que se despoje de la banda tricolor. Y quizás entonces comprenda el enorme error de desdeñar la historia; esos intereses monopólicos reciclarán de inmediato sus lealtades, y "celebrarán México" con el que venga, por larga vida.

    Senador de la República (PAN)



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