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Ana María Salazar

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Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    24 de marzo de 2006

    A GRADEZCO a los lectores que continúan enviando chistes de humor político a mi portal. Recientemente recibí los siguientes eslóganes políticos: "Quítale el freno al cambio, y deja que se vaya al barranco", "Por un México menos poblado, vota por López Obrador", "El que presume de honesto para México será funesto", "México necesita al mejor, no al menos peor", "Votemos por las mamás de los políticos... ¡si es que tienen!".

    Fácilmente podría yo imaginar cualquiera de estos eslóganes plasmados en calcomanías que estarían pegadas en autos de los votantes hartos del tono que está tomando la elección presidencial. Veamos los más recientes acontecimientos.

    Primero, tengo que compartir con ustedes un secreto de Estado: el presidente Hugo Chávez es agente secreto del PAN. O tal vez está trabajando para el PRI. Esta es la única explicación que podemos tener de las más recientes declaraciones del excéntrico presidente de Venezuela. Su abierto apoyo a Andrés Manuel López Obrador no puede interpretarse como un verdadero interés en que gane el candidato presidencial del PRD. Uno puede entender que Chávez enviara fondos y apoyo para la campaña en una forma subrepticia. Lo ha hecho ya en otros países para apoyar a candidatos. No hay ninguna razón para creer que no lo intentaría hacer en México.

    Imagino que para el equipo de López Obrador tienen que ser desconcertantes las más recientes declaraciones públicas en apoyo a AMLO, dado que más que ayudarle crean otro flanco de batalla y municiones para los contrincantes del perredista. De hecho, de ser electo AMLO presidente, las actuaciones del gobierno de Venezuela y los comentarios de Chávez empujarán a la posible administración perredista a tomar distancia de su contraparte venezolana.

    Entonces, si los comentarios de Chávez no tenían las intenciones de apoyar a López Obrador, ¿por qué hacerlos? Este tipo de comentarios es una de las múltiples formas en las que Chávez le demuestra al mundo el poder que él ejerce al usar sus capacidades de influir en los destinos de otros países. Si sus intenciones eran de apoyar a Andrés Manuel, hace tiempo que se hubiera quedado callado.

    Veamos otro fenómeno de los días recientes: el estancamiento en las encuestas del candidato panista, Felipe Calderón. Se puede entender la caída en las encuestas del candidato del PRI, Roberto Madrazo. Su problema es su partido. ¿O será que el problema del PRI es su candidato? El problema de Madrazo y del PRI será tema para otro artículo.

    Muchos se están preguntado ¿qué le pasa a Felipe? Se especula de la falta de "carisma". Yo sugiero que es otro el problema: falta de mensaje.

    Según Francesco Alberoni, autor del libro El arte de liderar, "la capacidad de hacerse escuchar, saber mantener unida a la gente del grupo, concretar las metas, articular las expresiones del orden, suscita entusiasmo, pasión". En resumen: nos hacen volar, nos hacen soñar que podemos ser mejores. Pero es importante insistir que aunque le ayuda enormemente a un político tener una fuerte dosis de "carisma", la falta de este elemento no implica que no se puedan ganar las elecciones.

    Cuando uno analiza por qué algunos políticos son más convincentes que otros, ser buen orador parece que no es suficiente. En una entrevista hecha por Harvard Business Review a David Gergen, asesor de los presidentes Nixon, Ford, Reagan y Clinton, le preguntan ¿qué cualidad hace a los mejores líderes tan persuasivos?

    Gergen reconoce que aunque es importante que un líder sea un gran orador, él argumenta que esta habilidad no es suficiente. Usa como ejemplo el discurso de despedida de Ronald Reagan en donde el presidente conocido como el Gran comunicador aclaraba que él no fue un gran comunicador, pero que "sí comunicaba grandes cosas". Según Gergen, Reagan "percibió que para tocar a la gente, uno debe darles voz a sus deseos profundos, inspirándolos a creer que pueden trepar las montañas que siempre creyeron que eran demasiado altas. El líder y sus seguidores deben unirse en torno de una visión compartida".

    Y aunque a López Obrador no se le puede considerar como Mr. Simpatía, claramente ha tenido la capacidad de identificar lo que le preocupa a un sector importante del electorado y traducirlo en un mensaje que permite que ese mismo electorado se sienta escuchado.

    Dick Morris, el famoso y controversial ex asesor político del presidente William Clinton, dedica un capítulo en su libro El nuevo príncipe a contestar la siguiente pregunta: ¿cómo ganar si no se tiene carisma?

    Morris subraya un mensaje importante para los aspirantes a la Presidencia, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador: el requisito subyacente al carisma no es ninguna atracción mística, sino más bien que los votantes estén de acuerdo con el candidato y que agrade lo que trata de hacer.

    El problema de Felipe Calderón no es que le falte carisma. Lo que necesita, urgentemente, es un mensaje que más electores sientan que es suyo.

    Pero también subraya Dick Morris, "los políticos impopulares que son claramente carismáticos descubren que su propio carisma opera como un factor negativo, dándoles un aspecto de superficialidad, de traje vacío, de fachada de atracción sin nada adentro". Esto fue lo que le sucedió a Vicente Fox.

    En el fondo, la moraleja para todos se puede resumir así: importa el mensajero, pero lo que más importa es el mensaje.

    El humor ayuda a aliviar los dolores políticos.

    [email protected]

    Analista política



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