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Ana María Salazar

Sugerencia a los líderes

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliac ...

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    03 de marzo de 2006

    LA promoción y la capacitación de directivos de empresas en nuevos estilos de liderazgo está tomando una importancia fundamental en las carreras de administración y negocios (MBA, en inglés) alrededor del mundo.

    Los libros de texto y artículos académicos escritos sobre el liderazgo empresarial, más y más promueven directivos y ejecutivos que sean éticos y humanistas, con la capacidad de crear un "clima de trabajo que genera confianza, inspira la creatividad y favorece compromisos duraderos con un proyecto empresarial estimulante" (El líder resonante crea más, de Goleman, Boyatzis y McKee). Al leer este tipo de definiciones de cómo debería ser un líder moderno y observando cómo se ejerce en México, bueno, uno podría concluir que estamos en la era jurásica.

    ¿O será que las universidades y los consultores no entienden bien a bien los retos que enfrenta el sector empresarial mexicano? En general, el modelo de liderazgo que rige y se promueve es autoritario, cerrado y con una relación casi de adversario con sus empleados. La noción de que la empresa se beneficia en sus utilidades si los empleados trabajan en un ambiente laboral "positivo" que permita, según Goleman, "movilizar lo mejor del ser humano", parecería ser un concepto foráneo y un tanto inocente.

    ¿Entonces los libros de texto y las universidades simple y llanamente están impartiendo doctrinas a los futuros empresarios y ejecutivos que les serán inútiles o, peor todavía, que promoverá aún más el desempleo en los egresados?

    No, lo que están haciendo las universidades es cumplir con su responsabilidad de capacitar en el presente a los empresarios que ejercerán su liderazgo en el futuro. En donde estos directivos necesitan tener el talento de enfrentar el cambiante y difícil ambiente del comercio globalizado y la capacidad de enfrentar las nuevas exigencias de la legislación laboral y los requerimientos legales de transparentar más y más las operaciones comerciales y contables. Y la forma en que se anticipa cuáles serán los requerimientos de las empresas en el futuro es identificando las tendencias que enfrentarán las empresas mexicanas. Es correcto asumir que los líderes empresariales del siglo XXI tienen capacidades y conocimientos diferentes a los líderes del siglo XX. Las criaturas que no evolucionan enfrentan extinción.

    La necesidad de evolucionar o enfrentar su extinción también aplica a los "líderes" políticos mexicanos. No hay duda que hay una crisis en el estilo de gobernar el país. Los escándalos políticos que ocupan las primeras planas de los medios nacionales en México en los últimos años, reflejan cómo todavía muchos gobernantes ejercen un liderazgo político que refleja un México atrasado, autoritario y poco transparente. A diferencia del liderazgo empresarial, hay muy poco debate público y académico de cuáles son las tendencias que empujarán a estos dinosaurios a evolucionar o desaparecer y cómo debería ser el liderazgo político en un México que vive una transición democrática.

    Las mismas encuestas subrayan el fracaso de este tipo de liderazgo. Para la población en general, entre las profesiones más desacreditadas está la del político; y eso que se supone que el "objetivo" del liderazgo político en una democracia es de representar los intereses de estos "clientes", una población harta de tanta corrupción, negligencia y falta de patriotismo de líderes.

    Si los gobernantes hubieran sido ejecutivos de una empresa, la falta de resultados y el descrédito al negocio, además de las evaluaciones de los clientes, hubieran sido razones suficientes para despedirlos-mandarlos a la extinción.

    Los recientes escándalos son la punta de lanza de la profundidad del problema. Estos actos nos señalan actitudes y errores que indican cómo los protagonistas de estas historias no se han dado cuenta de que viven en el siglo XXI y de que han ocurrido transformaciones fundamentales en el país, en donde las leyes de transparencia, el protagonismo de los medios de comunicación, la tecnología y la fortaleza de los partidos de la oposición son factores que exigen un cambio fundamental de cómo se ejerce el liderazgo político en México.

    Quienquiera que sea el próximo presidente, los siguientes gobernadores, legisladores, y presidentes municipales, electos en México, todos tendrán que decidir si ejercen un liderazgo del siglo XXI, mucho más complejo en su implementación, o llevársela fácil, ejerciendo un liderazgo jurásico.

    Pero el no modernizarse conlleva serias consecuencias para los gobernantes, sus familias y amigos. Las mismas tendencias democratizadoras y tecnológicas antes identificadas, incrementan dramáticamente la posibilidad de que las actuaciones (buenas y malas) de los gobernantes se hagan públicas.

    Por eso la regla de oro de todo líder político, su familia y amigos deberá ser: no hacer o decir lo que no quieras ver en las ocho columnas o en el noticiario nocturno.

    Para los futuros líderes políticos de este país les sugiero que en un lugar escondido de su despacho (en el baño, por ejemplo) cuelguen las fotos de los santos patronos de los políticos mexicanos corruptos: Arturo Montiel y Mario Marín. Ver esas caras a diario será un enérgico recordatorio de lo que le puede suceder a un gobernante si se comporta como un líder político jurásico: investigaciones penales, picota pública en todos los medios de comunicación, la destrucción de una carrera política, rechazo de la sociedad y la destrucción de su reputación y su familia. Su extinción.

    [email protected]

    Analista política



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