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Huichapan te pondrá los pelos de punta

Tanya Guerrero| El Universal
07:47Lunes 28 de octubre de 2013

Vivir a 30 minutos de la casa donde las brujas abandonan sus piernas, se quitan los ojos, se desprenden los brazos y los entierran en un fogón. (Foto: Tanya Guerrero EL UNIVERSAL )

En este Pueblo Mágico las brujas hacen de las suyas

En viernes está prohibido mencionar la palabra "bruja". Los más crédulos forman líneas de sal en la azotea de sus casas y colocan sobre las puertas amuletos y tijeras de acero en forma de cruz para evitar presencias no deseadas. Y si hay cunas, lo hacen con especial cuidado: en este pueblo, los bebés son los más vulnerables, pues se cree que las innombrables siempre están a la caza de niños para chuparles la sangre. Es por eso que este día de mal agüero no se puede hablar de más, porque ellas pueden escucharlo todo.

Vivir a 30 minutos de la casa donde las brujas abandonan sus piernas, se quitan los ojos, se desprenden los brazos y los entierran en un fogón para que nadie los encuentre, no ha de ser cualquier cosa y eso sucede en lo más alto del Coatépetl, un cerro mítico de la sierra hidalguense.

La mirada curiosa de muchos de los habitantes del Pueblo Mágico de Huichapan siempre apunta hacia ese lugar, donde constantemente se han visto volar enormes y siniestras bolas de fuego. Y aunque las historias que se cuentan no son aceptadas por los escépticos y racionales del mundo, las personas que viven aquí evitan caminar de noche por las calles. Algunos, incluso, tienen la costumbre de meter a los niños a las casas antes de las siete, hora en la que se supone bajan del cerro las criaturas malévolas.

Es sabido que las brujas cobran venganza, que hechizan y seducen con sus voluptuosas caderas, largos y sedosos cabellos a los hombres con fama de mujeriegos para perderlos entre los pastizales que están en las faldas del cerro, dejándolos a su suerte mientras dan varias vueltas sobre un mismo camino, confundidos y enloquecidos durante varios días.

La Secretaría de Turismo declaró a Huichapan Pueblo Mágico en 2012 por la historia y arquitectura de su centro histórico, sus iglesias, por su entorno bañado en aguas termales y paisajes que conservan pinturas rupestres.

Foto: Yadín Xolalpa

A todos esos atractivos se une el recorrido guiado "histórico-turístico de terror bajo noches estrelladas", experiencia que sin duda vale la pena vivir.

Las leyendas comienzan en las piletas de agua de los Lavaderos de Sabina Grande, en donde todavía se talla la ropa y se da de beber al ganado. Al pie de un árbol sabino hay una cruz de madera en memoria de Doña Matilde, una anciana que falleció de un infarto mientras lavaba sola por la noche cuando sintió "la presencia de alguien".

El guía cuenta que un hombre pasó por ahí al regresar del trabajo y escuchó en la oscuridad el jugueteo del agua en el abrevadero, como si alguien estuviera lavando. Cuando se acercó vio la silueta hermosa de una mujer. En el afán de llamar su atención, la chuleó hasta el cansancio. La mujer no volteaba, pero él, alzando la voz, cada vez era más insistente. La dama al fin volteó y el hombre quedó paralizado al ver que ella tenía la cara de un caballo.

Para vivir la magia de Huichapan hay que jugar con la idea de lo mítico y lo sobrenatural. No sólo sus historias harán que la experimentes, también el viento que silba y agita el agua de la pileta embrujada.

La siguiente parada es en la antigua escuela de Zequetejé, lugar de una masacre revolucionaria. Dicen que por estos caminos, si vas en auto, la figura de una mujer con vestido blanco y cabello canoso se aparece frente a ti, mirándote fijamente.
Andar por este polvoriento sendero te podría dejar los pelos de punta si eres muy perceptivo, ya que podrías sentir los pasos de alguien entre los arbustos o el característico piqueteo detrás del cuello, significado de que hay almas en pena vagando cerca.

Alrededor de las 10 de la noche, los visitantes llegan a la escuela. El guía los conduce a una habitación sin techo y bajo el cielo estrellado guardan silencio mientras el viento azota una puerta, como si alguien tratara de entrar por la fuerza. Las anécdotas sobre aparecidos en este lugar eleva el nivel del miedo.

Al estar aquí todo se combina: el ruido del aire en el crujir de las ramas, el chirrido de los grillos en una noche de zozobra. Pero la expectativa de ver brujas se mantiene latente.

Son ya las 11:30, buen momento para encaminarse al Coatépetl, montaña sagrada de otomíes, mexicas, aztecas y supuesta cuna del nacimiento de Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Según el Manuscrito Tovar, este fue "el sitio en donde los aztecas se convirtieron en mexicas" y según el historiador del pueblo, Mario López, el santuario de la primera celebración del Fuego Nuevo, al concluir los primeros 52 años, a principios del siglo XIV.

Debajo del cerro existían minas que pertenecieron a Don Manuel Ponce de León, el benefactor del pueblo. Dentro de esas cuevas se cree que el tiempo no se percibe. Dice la leyenda que aquel hombre que tome una siesta de una hora en ese lugar, despertará cinco años después.

Uno pensaría que ver volar luces zigzagueantes sobre un cerro es lo mejor que el recorrido ofrece. No hay nada más fuera de la realidad. El guía tiene planeado que en punto de las 12 de la noche los turistas pongan los pies sobre un lugar que, con tan sólo mirarlo, da escalofrío. Se llama La Caldera de El Hualtepec, un cráter de 20 kilómetros de diámetro -que se encuentra a un costado del cerro del Coatépetl-, considerado uno de los más grandes de México, aunque es más conocido por su intensa actividad paranormal. Precisamente en el corazón de este valle se encuentra la cuna de todas las historias.

En el pueblo la conocen como "La casa de las brujas":una construcción de piedra, de una sola habitación, cuya puerta de madera podrida cruje con el viento inquieto. En su interior hay esqueletos de ganado, tejas y cuatro cruces enterradas en el piso. Rememoran a una familia que encontró ahí la muerte hace más de cinco años ¿Qué hace una casa sola y semidestruida en medio de la nada? ¿Quién la construyó? ¿Por qué razón? Nadie lo sabe.

La casa está rodeada de hierba que se mueve siniestra al compás del aire. En la oscuridad total, si el visitante toma valor y camina hacia ella con lámpara en mano, notará que en su interior hay un hoyo de piedra. Es el legendario fogón de las brujas, el sitio donde practican el ritual nocturno de convertirse en bolas de fuego o regresar a su forma humana. A la espera de ver salir algo de ahí, puedes sentir que alguien está parado detrás de ti, cuando el viento te silba fuerte al odio.

Mientras se te ponen los pelos de punta, el guía del recorrido cuenta las mil y una historias de personas que al llegar aquí no creían nada en absoluto, pero al final, salieron creyéndolo todo. Bajo un cielo plagado de estrellas que nunca han brillado así frente a tus ojos, puedes romper barreras sensoriales que incluso no sabías que existían.

Al final, entre turista y viajero hay una abismal diferencia, pero este lugar bien podría cubrir la expectativa de ambos. Aquí la magia existe, solo depende del Huichapan que estés dispuesto a vivir.

 

RGP



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