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Éxtasis de afición visitante en el “Tec”

José Ángel ParraEnviado| El Universal
Jueves 16 de mayo de 2013
xtasis de aficin visitante en el Tec

AMORES PERROS. Esta pareja en las tribunas del estadio del Monterrey estuvo siempre al filo de la butaca, aunque anoche el empate le da cierta ventaja a los azulcrema. (Foto: RAMÓN ROMERO EL UNIVERSAL )

El estéril dominio de la primera parte provoca euforia en los seguidores locales, pero al final, todo se les derrumba

jose.parra@eluniversal.com.mx

MONTERREY.— De no ser por los incesantes cánticos de la porra rayada, el estadio Tecnológico sería como un gigantesco teatro, donde en el primer acto se interpreta un aburrido monólogo amarillo, dominante, pero estéril, el cual genera una segunda parte cargada de emociones de principio a fin.

De un lado a otro, lo intentan los azulcrema. En una, Hiram Mier apaga el ensayo del Chucho Benítez; en otra, Raúl Jiménez es pillado en un fuera de juego inexistente. Y en el único método que optan los Rayados para hacer daño, el tiro libre, Humberto El Chupete Suazo encuentra una ventaja tan inesperada como inmerecida. El problema es que faltaban muchos minutos por delante, suficientes para que el ídolo ecuatoriano de las Águilas transformara la soñadora historia regia en lamentos.

Por fin despierta la multitud, aturdida hasta entonces por el improductivo monólogo americanista, que de a poco se intensifica en pro de, ahora sí, sacudir las redes norteñas.

Rubens Sambueza se acuerda de inquietar y lo intenta con un disparo lejano que sacude el travesaño custodiado por Juan de Dios Ibarra. No, aún no hay goles para las Águilas. “Monterrey, siempre ratonero y oportunista”, acusa un colega local, que celebra, muy a su manera, el colmillo del profe Vucetich, precavido y cerebral, en pleno Día del Maestro.

No, ya no hay tormenta, como sucedió ayer, durante el arribo milloneta a esta ciudad, o como ocurrió también hace un año, cuando Miguel Herrera le echó la culpa a los resbalones generados por la lluvia, en su primera eliminación en semifinales como estratega azulcrema en este mismo escenario. Noche agradable, sin sobresaltos, porque la respetuosa raza del norte ni siquiera se atreve a hostigar al oponente.

Y es que a falta de recursos, los Rayados se las ingenian a su modo. Sí, El Chelito César Delgado, el hombre que da velocidad, habilidad y temor a las zagas contrarias, se encontraba incapacitado por una lesión muscular. Nadie imaginaba su ausencia, porque El Vuce, cuidadoso, oculta la molestia del argentino, hasta que la gente descubre su inasistencia. Ni siqueira en el banquillo aparece el peligroso delantero, de ahí que Vucetich decida armar un panorama inesperado en su alineación titular.

Hiram Mier ocupa toda la banda derecha, Severo Meza aparece en la contención, junto con Jesús Zavala, y Walter Ayoví los asiste en todo momento, por lo que Omar Arellano es el enlace de velocidad para conectar a esa atribulada media cancha con la peligrosa dupla representada por Aldo de Nigris y por El Chupete Suazo.

Por eso, en el primer tiempo pesa más la ausencia del Piojo Herrera que la del Chelito.

Pero América tiene un recurso. Se llama Christian Benítez. En un palmo de terreno, el conectado ecuatoriano se vuelve a echar a su acongojado equipo al hombro y le basta una explosión ofensiva para exterminar el cuidadoso esquema elaborado por Vucetich y dar mayor espectáculo al hasta entonces cerrado partido.

Impávidos, los seguidores regiomontanos ven a Benítez festejar el segundo: “¡Olé, olé, olé, olé, Chucho, Chucho...!”, le agradece la diminuta porra americanista, hasta entonces olvidada en las tribunas del Tec. “¡Ole, ole!”, se transforma esto en una plaza de toros.

No, la serie no está liquidada, pues al final Rayados empató, pero América y Miguel Herrera, aparentemente han pasado de año. De la eliminación en semifinales, a su más sólida candidatura como finalistas de la Liga.



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