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Julio, el niño genio

Héctor Alfonso Morales/ Enviado| El Universal
Viernes 08 de julio de 2011
Julio, el nio genio

FIGURA. Tras recibir una herida en la cabeza, Julio Gómez hizo un espectacular gol... El de la victoria. (Foto: JORGE MARTÍNEZMEXSPORT )

Una chilena de Gómez le da al Tri un histórico triunfo sobre Alemania; la Sub-17 no le teme a nada y está a un triunfo del título

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TORREÓN.— Las cadenas eternas sólo las pueden romper los dioses. El Tri tiene muchos y por eso fue capaz de romper la condena que mantenía al futbol mexicano en la tragedia siempre que se topaba con Alemania en mundiales.

Jugada de apoteosis. Una chilena de Julió Gómez (90’), un guerrero herido durante la batalla y el balón adentro, 3-2 sobre los germanos. La final es de la Selección Mexicana en el Estadio Azteca, ahí donde luce invencible y amenaza a los uruguayos con serlo para ser campeón de la Copa del Mundo Sub-17.

“Gómez, Gómez, Gómez”, los aficionados de Torreón no se cansaron de vitorearlo, de encumbrarlo como su jugador preferido de ahora en adelante.

“El Cielito Lindo” secundó las exclamaciones. Los gritos engrandecían la proeza verde de remontar ante una Alemania que fue la misma fortaleza de siempre... hasta la acrobacia del 8 nacional.

El jugador del Pachuca se había quedado con las ganas de ser un héroe en su cuna futbolística, el Hidalgo. Se sacó la espina como un joven que aspira a ser leyenda y marcó dos tantos para darle a México el derecho de ser finalista en casa.

Gómez hizo la diana que quebró una historia negra. El talentoso mediocampista observó el balón en el aire y no lo pensó, se tendió de espaldas, empalmó el balón para dar el tanto de la victoria mexicana, el primero sobre un combinado germano en toda la historia de los mundiales de cualquier categoría y género.

Pero ese volante tuvo que sufrir para convertirse en el salvador tricolor. Después de un majestuoso tanto olímpico de Jorge Espericueta (76’), terminó con una herida en la cabeza que lo mandó vendar. Había quedado en el césped del estadio Corona de La Comarca Lagunera.

Sin embargo se recuperó, ingresó porque no estaba dispuesto a perderse la batalla. Los laguneros se le rindieron; se pusieron a sus pies y minutos más tarde lo acompañaron en el éxtasis que sólo dan los triunfos mundialistas.

Julio les agradeció la entrega, con una de las alegrías más grandes que han tenido las Selecciones Nacionales en toda su historia. Con esa venda en su testa celebró como nunca el tanto que mantiene encendida la ilusión verde de recuperar el trono del orbe a nivel juvenil.

El gol de Emre Can (60’) que significó la voltereta germana hizo recordar a la afición mexicana la eliminación nacional a manos de la Mannschaft en el Mundial Mayor de 1986. Se avecinaba el peor de los escenarios.

Con el 2-1 en contra resaltó el sello que ha caracterizado a este grupo de “escuincles” soñadores. La garra, el pundonor y el nunca sentir una derrota ya consumada antes del silbatazo final del árbitro, los hizo grandes sobre el terreno de juego del moderno estadio de Torreón.

Vinieron de atrás. Sabían que podían, que estaba prohibido dejarse morir en casa, porque los mejores días de su vida pueden venir a partir de ayer.

La historia que parecía volver a la pesadilla de siempre ante los teutones, la cambiaron unos jóvenes guerreros incansables y letales.

Ayer, pasaron de héroes a dioses y esa divinidad se necesita el domingo para gritarle al mundo que México es otra vez campeón Sub-17.

El Estadio Azteca está listo para recibirlos, aclamarlos y continuar con el éxtasis. Uruguay espera... Quizá teme.

 



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