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El Olímpico, estadio VIP

Rodolfo Gaytán Romero| El Universal
Lunes 11 de mayo de 2009
Las autoridades universitarias rebasan las medidas sanitarias para evitar contagios del virus AH1N1

rodolfo.gaytan@eluniversal.com.mx

Llegó el día, ese en el que la realidad superó a la ficción. El estadio Olímpico Universitario estaba sanitizado. Las autoridades hicieron todo lo que estuvo a su alcance para que las medidas sanitarias contra la Influenza AH1N1 se cumplieran a satisfacción.

Aunque era Día de las Madres, y sólo se permitiría el acceso a 35% del aforo, sólo asistieron 20 mil aficionados, que con boleto en mano, fueron recibidos a punta de pistola térmica en el pecho, para medir la temperatura. Luego, les fue proporcionado un cubrebocas y un chorro de gel antibacterial. Al llegar a la entrada de los túneles, más gel.

Ya adentro, se trató, en la medida de lo posible, que las filas y los lugares se escalonaran para evitar aglomeraciones. Aunque a las familias se les permitía sentarse juntas.

Pero una gran mayoría debieron ser parientes. Como en la grada bajo el pebetero, crisol de chavos de barriada y estudiantes, donde la Rebel tiene sus aposentos y que hace honor a su nombre cuando no sigue a los demás. Ahí las restricciones no tienen validez; desafiaron abiertamente al virus: todos en bola, sin cubrebocas, y lo del gel, sólo sabor joven, porque los besos y caricias estuvieron a la orden del día.

En franco contraste, los vendedores utilizaron gorros, cubrebocas y guantes para expender cervezas, refrescos, botanas y pizzas. Lo que sí no hubo fueron alimentos expuestos.

—¿Y los cueritos?

—Allá están: Marisol y Vanessa, las modelos de La jugada.

—Naaa. Me refiero a los de “kuino”, bañados con salsa guajillo y mucho limón.

—¡Ah, pos no, ora sí no; brillan por su ausencia.

En la pizarra electrónica se lee: “La salud va primero, gracias a la afición”.

Pero faltaba “el pelo en la sopa”, porque al medio tiempo la porra no perdonó la “bautizada” a Vanessa con líquido ambarino. Lo bueno es que el AH1N1 no se contagia con ácido úrico. De inmediato la asepsia con toallitas desechables impregnadas de gel antibacterial y, como si nada.

En la cancha, las acciones estaban a favor de los Pumas, con claro dominio sobre el Monterrey.

Ya dos alaridos, gracias a Cacho y Jehú Chiapas, emociones largamente reprimidas por la contingencia.

Y conforme transcurre el tiempo, muchos más gritos de casi gol que se ahogan con sorbos de cerveza.

En una pancarta: “Estadio Olímpico Universitario, comprometido con tu salud”. Es cierto. Atrás quedó aquella imagen con pisos lodosos, olores nauseabundos y “pastelotes” en los retretes”. Los sanitarios están irreconocibles: limpieza a profundidad, deodorizados. Una persona ofrece shampoo y tras cada aseo de manos, se rocía cloro en el lavabo para desinfectar.

Las porras retruenan en las gradas, el eco de las voces alegran el inmueble semivacío tras el tanto de penal anotado por Francisco Palencia.

¡Aeo, aeo, aeo! Tercero general. se canta, se brinca, se agitan los brazos, la alegría auriazul está de regreso. Se relajan los aficionados, hacen a un lado los cubrebocas para dar rienda suelta a la felicidad que despierta el triunfo en casa.

El Goya es ahora un himno a la vida, a la euforia, al futbol, contra las restricciones, contra el virus.

Ya a la salida, las caravanas de la salud no tienen actividad. Se lee en otra pancarta: “La afición puma en tiempos de influenza, responsable.

Sí, porque en CU del AH1N1 nada, no hay, no existe...



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