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‘Es para México’

Redacción y agencias| El Universal
Miércoles 20 de agosto de 2008
Para Henry Cejudo, México tenía hasta ayer otra medalla, además de la de bronce de Paola y Tatiana. Bueno, aunque sea la mitad de la presea dorada en la categoría de 55 kilos de la lucha libre

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BEIJING.— Para Henry Cejudo, México tenía hasta ayer otra medalla, además de la de bronce de Paola y Tatiana. Bueno, aunque sea la mitad de la presea dorada en la categoría de 55 kilos de la lucha libre.

“La mitad de la medalla que he conseguido es mexicana, como mi corazón. Y estoy orgulloso de que mis padres sean de México”, dijo este joven luchador, hijo de una inmigrante mexicana, quien llegó ilegalmente a Estados Unidos.

Su madre, Nelly Rico, era muy joven cuando cruzó la frontera, aquella vez cuando los polleros se burlaban de sus tacones altos. Tenía siete hijos, cuatro niños y tres niñas, así que no podía escatimar en trabajo, por lo que limpiaba baños en fábricas. Los Ángeles, Albuquerque, Phoenix... no podían establecerse en un lugar. “Nos subían la renta, así que nos teníamos que mudar”. Su padre no podía ayudar, puesto que simplemente no había muchas noticias de él. “‘Tu padre es Jesús’, me decía mi mamá”. No se aceptaban muchas quejas en la casa. “Mi mamá era de la idea de que quejarse no alimentaba ni pagaba las rentas.

Su hermano, Ángel, también nacido en suelo estadounidense, continuó el relato: “No puedes ir por la vida buscando pretextos o haciéndote la víctima, hay que ir para adelante”.

Para los Cejudo, adelante estaba la lucha libre. Veían en la tele a Hulk Hogan y quisieron ser como él. Frank Gaenz, el coach de lucha de la preparatoria Maryvale, de Phoenix, recuerda el primer día que vio a Henry Cejudo entrar a su gimnasio. “Pequeño, bajo de peso”, dice. Sí, pero le sobraba carácter. Poco después, el luchador ya veía la forma de juntar dinero para ir a los torneos nacionales. “Vendíamos playeras y tamales de a dos dólares cada uno”, rememora.

Cuando Cejudo fue invitado a integrarse al centro nacional de alto rendimiento en Colorado Springs, fue la primera vez que durmió en una cama para él solo.

Por mucho tiempo, su hermano Ángel fue considerado un mejor luchador, pero Henry dio ayer la campanada. No se esperaba que a sus 21 años y sin experiencia ganara algo, pero para él no había pretextos. Su hermana Gloria, Ángel y Alonzo, otro de sus hermanos, casi se volvían locos cuando Henry ganó su primer combate. Primero dio cuenta de un búlgaro, luego de un georgiano. Nelly, su madre, no pudo viajar, hay que ser estadounidense para conseguir un pasaporte ¿verdad? Así que lo vio por internet. “Vomitó tres veces de los nervios”, dijo Alonzo.

El duelo por el oro fue ante el japonés Tomohiro Matsunaga. Los voluntarios chinos hacían lo posible por mantener callados a sus familiares en las tribunas. “No queríamos que nos sacaran, pero mi hermano estaba abajo peleando por el oro”. Cuando el combate acabó, Henry rompió en llanto sobre sus rodillas y tomó la bandera de Estados Unidos. Corría para todos lados.

No hace mucho, Henry regresó a México para visitar a su familia, con motivo del fallecimiento de su padre, de quien dijo: “Espero que me haya visto desde el cielo y que se haya sentido orgulloso. Por otra parte, la medalla es de mi mamá, ya quiero dársela”.

“Cuando te pasa una desgracia puedes o emborracharte o luchar. Esto último es lo que hizo mi hermano”, dijo Ángel.

 



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