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La historia íntima del archivo del secretario de Maximiliano

Abida Ventura| El Universal
Domingo 05 de mayo de 2013

José Luis Blasio (Ciudad de México 1842-1923) tenía apenas 22 años cuando Maximiliano de Habsburgo lo eligió para ser uno de sus más cercanos colaboradores: su secretario particular. Alma Rodríguez Ayala/EL UNIVERSAL

Desde 1964 y hasta la muerte del Emperador, este joven mexicano que dominaba idiomas como el francés, italiano y alemán, fue testigo de la vida privada y los entresijos del Imperio. Alma Rodríguez Ayala/EL UNIVERSAL

Aunque la historia se ha olvidado de Maximiliano, el Centro de Estudios de Historia de México Carso. Fundación Carlos Slim. guarda un archivo que consta de ocho carpetas que contienen 696 legajos y 47 documentos gráficos, que van de 1860 hasta 1995, enriquecido después de la muerte de Blasio por la familia del general. Alma Rodríguez Ayala/EL UNIVERSAL

De este valioso fondo, que ya está digitalizado y disponible para su consulta en el sitio www.cehm.com.mx, destacan más de 20 cartas fechadas entre 1865 y 1866. Esta correspondencia es un material valioso porque, además de que refleja la vida cotidiana de aquella época, aporta datos sobre el viaje que él realizó a Europa. Alma Rodríguez Ayala/EL UNIVERSAL

El archivo se enriquece con recibos, postales de su estancia en Europa, con fotografías personales o de su familia, algunas todavía sin identificar. Entre estos documentos gráficos destaca un retrato de Carlota y otro de Maximiliano. Alma Rodríguez Ayala/EL UNIVERSAL

Cada uno de estos archivos tienen un valor extraordinario, dicen los expertos. "Todo eso es muy trascendente. La gente que estudia a Maximiliano de Habsburgo se congratula en recibir información, sobre todo de Blasio, que fue el encargado de destruir el archivo de Maximiliano".

La historia ntima del archivo del secretario de Maximiliano

RESCATE DOCUMENTAL. En la imagen, el historiador Manuel Ramos Medina, director del Centro de Estudios Carso, sostiene una fotografía de José Luis Blasio que forma parte del archivo. (Foto: ALMA RODRÍGUEZ I EL UNIVERSAL )

El Centro de Estudios de Historia de México Carso resguarda documentos privados de José Luis Blasio, el hombre que conoció los secretos del emperador

abida.ventura@eluniversal.com.mx 

José Luis Blasio (Ciudad de México 1842-1923) tenía apenas 22 años cuando Maximiliano de Habsburgo lo eligió para ser uno de sus más cercanos colaboradores: su secretario particular. Desde 1864 y hasta la muerte del Emperador, este joven mexicano que dominaba idiomas como el francés, italiano y alemán, fue testigo de la vida privada y los entresijos del Imperio.

Su cercanía con el archiduque y sus experiencias durante este periodo histórico lo llevarían a publicar en 1905 en París Maximiliano íntimo: el Emperador Maximiliano y su Corte. Memorias de un Secretario Particular, obra única en donde Blasio describe la vida palaciega, las costumbres y gustos del monarca, de su carácter bromista, de su amor por la naturaleza y por la cultura indígena.

Fuera de esas memorias, la historiografía ha olvidado a este personaje clave, refiere el historiador Manuel Ramos Medina, director del Centro de Estudios de Historia de México Carso. Fundación Carlos Slim.

Pero desde hace más de un año, este centro de estudios resguarda el archivo privado de este personaje que de ser el “empleado de los sitios imperiales”, como otros protagonistas de ese episodio histórico, pasó a ser minimizado por haber colaborado con Maximiliano.

El archivo consta de ocho carpetas que contienen 696 legajos y 47 documentos gráficos, que van de 1860 hasta 1995, ya que el acervo fue enriquecido después de la muerte de Blasio por la familia del general y doctor Ernesto Cuevas Alvarado, quien por mucho tiempo custodió el acervo hasta que decidió trasladarlo a esta institución para ponerlo a disposición de los investigadores.

El fondo Ernesto Cuevas Alvarado. Manuscritos y fotografías de José Luis Blasio, como ha sido clasificado, concentra documentos que constituyen una valiosa fuente de información respecto al Segundo Imperio mexicano y sobre la vida personal de un hombre que se encargó de guardar los secretos del propio Emperador.

“Las cuestiones políticas están en otros archivos, como el Archivo General de la Nación o en archivos extranjeros. Éste es un archivo muy interesante porque nos habla de la vida personal de un individuo que estuvo al servicio del emperador, que tiene que salir del país cuando la emperatriz viaja a Europa para pedir ayuda a Napoleón III y está con el emperador en los últimos momentos de su vida”, destaca Ramos Medina.

Entre cartas, postales y fotografías

De este valioso fondo, que ya está digitalizado y disponible para su consulta en el sitio www.cehm.com.mx, destacan más de 20 cartas fechadas entre 1865 y 1866 que Blasio envió a la que sería su esposa, Adela Iglesias Guerra. Esta correspondencia es un material valioso porque, además de que refleja la vida cotidiana de aquella época, aporta datos sobre el viaje que él realizó a Europa, cuando es comisionado por el propio Maximiliano para acompañar a su esposa Carlota, en el viaje que realiza en busca de ayuda para salvar el Imperio.

Blasio partió a Europa semanas después del buque en que viajó la Emperatriz para llevarle documentos importantes y a bordo del paquebote La France, Blasio describe en las cartas que envió a su “adorada Adela”, la nostalgia de despedir a su “querida patria”, además de que describen el ambiente convulso en el que se comenzaba sumir el imperio de Maximiliano. Por ejemplo, en una carta fechada el 14 agosto de 1866 relata los imprevistos durante su trayecto hacia Veracruz, donde unos guerrilleros lo amenazan con fusilarlo por ser “correo del emperador”.

“La comunicación epistolar se extiende durante todo el viaje y es una mina de conocimientos sobre la vida privada de Blasio y sus impresiones tanto en el barco como su llegada a Europa. Es una documentación que debe ser revisada y publicada porque además de ser una pintura de la época, nos da datos sobre la política, la sociedad y la economía de uno de los periodos más interesantes de nuestra historia”, dice Ramos Medina.

“En esas cartas él está haciendo una narración muy interesante de lo que le está aconteciendo, y es a Adela, a su futura esposa, a quien le cuenta lo que le está sucediendo, en el momento en que los tiempos para Maximiliano ya no son tan favorables”, añade la historiadora Josefina Moguel Flores, jefa del archivo histórico de la institución.

El archivo se enriquece con recibos, postales de su estancia en Europa, con fotografías personales o de su familia, algunas todavía sin identificar. Entre estos documentos gráficos destaca un retrato de Carlota y otro de Maximiliano.

Una buena parte de la documentación se refiere a la vida modesta que José Luis Blasio llevó en México después de la ejecución de Maximiliano de Habsurgo. “Es un personaje que el mismo sistema político mexicano lo hace a un lado porque estuvo al servicio del emperador. Después trabaja en Ferrocarril Mexicano y es un hombre que vive con una dignidad muy fuerte pero de manera muy humilde”, cuenta Manuel Ramos.

En sus últimos años de vida, agrega, José Luis Blasio vivió con la familia de Cuevas Alvarado, ya que ellos le daban hospedaje debido a su precaria situación económica.

Fondo del Segundo Imperio

La llegada del archivo privado de José Luis Blasio a este centro de estudios también es importante porque enriquecerá la colección de documentos que resguarda en torno a la Historia del Segundo Imperio. Entre otros, el Fondo Aguilar y Marocho, que resguarda una carta donde se explica la locura de Carlota, el Fondo Juan N. Almonte, Manuel Larrainzar y el de la familia Martínez del Río.

Este acervo privado, comenta Ramos Medina, es el otro tipo de archivo, el familiar, “el que nos lleva a la petite histoire”, la que nos abre el camino para preparar las biografías de estos personajes, los que ayudados por lo archivos oficiales nos pueden acercar de forma más certera al individuo, a su desempeño privado”.

Cada uno de estos archivos tienen un valor extraordinario, añade Moguel Flores. “Todo eso es muy trascendente. La gente que estudia a Maximiliano de Habsburgo se congratula de recibir información, sobre todo de Blasio, que fue el encargado de destruir el archivo de Maximiliano o parte de la correspondencia”.



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