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Escritores tocados por la paternidad

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Martes 30 de abril de 2013

Francisco Hinojosa escribió su primer cuento para niños antes de ser padre. Se trata de "A golpe de calcetín", publicado en en 1982. Archivo / EL UNIVERSAL

Hinojosa se rige por tres características importantes: la sencillez, el juego y el humor. Cortesía Fondo de Cultura Económica

Ricardo Chávez Castañeda es el autor de "Los ensebados" y "Fernanda y los mundos secretos". Archivo / EL UNIVERSAL

Chávez Castañeda dice que empezó a escribir literatura infantil en 1991, tres años antes de que naciera su hija Fernanda, pero asegura que con ella nació un escritor distinto. Especial

Juan Villoro siempre ha dicho que muchas de las historias que ha creado nacieron primero como relato para sus hijos. Archivo / EL UNIVERSAL

Villoro escribió "La gota gorda" para su hija Inés, un relato de amor entre un padre gigante y una hija pequeñita llamada Mini María. Especial

Autores como Francisco Hinojosa, Paloma Valdivia y Ricardo Chávez cuentan cómo se acercaron a la literatura infantil

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

“La paternidad es un camino hacia la literatura infantil pero no es el único”, esa es una de las máximas de los narradores y narradoras que hacen literatura infantil. Francisco Hinojosa escribió su primer cuento para niños antes de ser padre, igual que Paloma Valdivia y Ricardo Chávez Castañeda; Juan Villoro siempre ha dicho que muchas de las historias que ha creado nacieron primero como relato para sus hijos, en especial para Inés, su ahora ya no tan pequeña hija, para la que escribió, entre otras, La gota gorda, un relato de amor entre un padre gigante y una hija pequeñita llamada Mini María.

Esos narradores que también escriben para adultos relatan su acercamiento a la literatura infantil que en algunos casos fue generado por la paternidad y en otros por su infancia, por historias que los atribularon y los dejaron sin dormir. En lo que todos coinciden es que al convertirse en padres nació en ellos un escritor distinto o mejor aún, nació una manera distinta de contar las historias para niños.

“Cuando nació mi hija me volví entonces un escritor doblemente atento y doblemente asustado a las malas historias del mundo”, dice Chávez Castañeda, autor de Los ensebados y Fernanda y los mundos secretos. Pancho Hinojosa, autor del best seller infantil La peor señora del mundo afirma: “Mi primer cuento para niños, A golpe de calcetín (1982), lo escribí antes de ser padre. Muchos de los que le siguieron tienen algún vínculo con mis hijos. Y ciertamente algunos pasaron de ser contados a ser escritos”.

Juan Villoro siempre ha celebrado la literatura infantil como literatura mayor; una literatura que ha surgido de su infancia como El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica y El taxi de los peluches; pero también de su paternidad como El libro salvaje y La gota gorda. También ha dicho que la mejor manera de hacer lectores es que los adultos les lean.

“Lo mejor que le podría suceder a un niño es que un padre, una madre o los abuelos le lean cuentos porque eso automáticamente convierte el arte y la lectura en una forma de afecto, de tal forma que cuando los niños son adultos encuentran un eco de aquella primera voz que les asoció la imaginación con el aprecio y el cariño”. Y lo dice lector tardío de libros para niños.

Él, que es un escritor consumado y se mueve en terrenos distintos, pisa la cancha de la literatura infantil con confianza, es ese padre gigante que no suda la gota gorda pero llora lagrimones salados cuando sólo imagina lo que podría pasarle a su hija si él no pudiera ayudarla.

Una emoción que a cualquier padre le embarga.

Otras historias “padres”

Nacieron escritores antes de ser padres y ahora son escritores tocados por la paternidad.

La escritora chilena Paloma Valdivia, que en México se le conoce por Duerme negrito (FCE, 2012) y Es así (FCE, 2010), asegura: “Partí escribiendo para la niña que fui yo. Mi hijo llegó después y lo que ha hecho él en mí es hacerme una serie de preguntas tales como: ¿qué quiero transmitirle? además de leerle mucho, quiero que ame la vida, que sepa comunicarse mirando a los ojos, que sea feliz y que viva en armonía con la gente y la naturaleza”.

Ricardo Chávez Castañeda dice que empezó a escribir literatura infantil en 1991, tres años antes de que naciera su hija Fernanda. “¿Por qué una literatura para niños antes de mi niña? Supongo que la paternidad es un camino hacia la literatura infantil pero no es el único. Cuando mi hija nació, ya tenía tres libros publicados y sin embargo allí, con ella, nació un escritor distinto. Quisiera decir que empecé a escribir entonces historias felices, pero no. Salvo un libro, mis historias nunca han nacido de la felicidad ni nunca han desembocado en la felicidad. ¿Por qué? Supongo que hay literatura como playas y hay literatura como faros. Unas se levantan en la arena, suavemente, a fuerza de caricias. Y otras buscan rocas y suben hacia el cielo a fuerza de terror. La literatura de la buena orilla del mar es un refugio y es buena, cómoda, cálida. La literatura de la mala orilla del mar surge para lanzar alaridos de luz advirtiendo ¡por aquí no vengan! ¡por aquí no vengan! Quiero pensar que lo hago por ternura, este sentimiento que surge cuando vemos a alguien vulnerable e intentamos protegerlo. Quiero pensar que otra manera de dar la felicidad es advertir sobre aquellas historias que te la pueden arrebatar. Cuando nació mi hija me volví entonces un escritor doblemente atento y doblemente asustado a las malas historias del mundo”.

Vivian Mansour, autora de El peinado de la tía Chofi, Familias familiares y La vida útil de Pillo Polilla, reconoce que ser mamá no la llevó a convertirse en escritora de cuentos para niños. “Lo que me motivó realmente a ser escritora es que fui, en primera instancia, lectora. Disfruté tanto mi niñez enfrascada en los libros, que quiero compartir ese disfrute con mis lectores. Me entusiasma pensar que los niños tienen ante sí un mundo inexplorado, con los ojos y la imaginación vírgenes”, señala la autora.

Padres y contadores

Ser escritor para niños es ser escritor y punto, eso conlleva las mismas exigencias que serlo para un adulto, eso lo tiene claro Paloma Valdivia. “Me han llegado algunas historias como dictados desde algún lugar de mi conciencia, sin embargo, estoy trabajando para escribir más y mejor; siento el deseo de contar muchas cosas pero me demoro muchos años en sentir que el texto está terminado y correcto. Para mí, escribir e ilustrar para niños es una gran responsabilidad, de alguna manera los primeros libros a los que ellos tienen acceso formaran sus recuerdos y su bagaje estético”.

Escribir para niños suele ser una tarea de mucha exigencia. Pancho Hinojosa se rige por tres características importantes: la sencillez, el juego y el humor.

Vivian Mansour parte del hecho de que hay que contar historias para niños que sean sinceras. “Si no hay honestidad, si hay un propósito moralizante oculto, si se escribe con el frío y calculador objetivo de publicar de manera mecánica e interesada… entonces las historias no funcionan” porque a los niños no se les puede engañar.

Por su parte, Paloma Valdivia responde en sus libros a inquietudes personales de infancia que la ayudan a tranquilizarse; generalmente son historias amplias, sin personajes protagónicos definidos, “podríamos ser cualquiera de nosotros en cualquier época y lugar del mundo. Siento también que a mí no se me ocurren historias, más bien busco una manera bonita de contar algo que todos sabemos, creo que ese es el hilo conductor de las cosas que escribo o me gustaría escribir”.

Chávez Castañeda dice que siendo él un escritor de las malas orillas, su escritura se levanta justo en los arrecifes, en los escollos, en las pedregosas rompientes. “Alguien tiene que dar las malas noticias. Digamos que me tocó ser el mensajero del mal-por-evitar, del mal-por-eludir, del mal-por-conjurar. Ojalá”.

A Vivian Mansour le gusta contar las historias que le hubiera gustado leer cuando niña. Desarrollar temas muy cercanos, con mucho humor, poca solemnidad, cierta irreverencia y con gran agilidad y ritmo en la narración. Pretende que sus lectores descubran que un libro no es sólo un conjunto de palabras, sino un mirador a otras altitudes.

En uno de los varios artículos escritos por Juan Villoro, titulado “Leer para vivir”, el narrador, ensayista y cronista asegura: “La lectura es como el paracaidismo: en condiciones normales la practican algunos espíritus arriesgados, pero en caso de emergencia le salva la vida a cualquiera”.

Y a esa forma de salvación que es la lectura también se suma otra forma de salvación que son los hijos. La paternidad ha llevado a varios escritores a probar suerte en la literatura infantil y salir triunfantes; los ha llevado a conocer otras historias que alcanzan a mirar en los ojos de sus hijos y que los hace descubrir que: “Bajo el escritor de situaciones límite, hay un pequeño ser que apuesta a la esperanza”, como afirmó Chávez Castañeda.



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