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Los otros valores del Museo Numismático

Abida Ventura| El Universal
Lunes 26 de noviembre de 2012
Tesoros tecnológicos, artísticos y documentales se guardan en este recinto, ubicado en el centro histórico del DF; entre monedas y medallas posee 18 mil piezas

abida.ventura@eluniversal.com.mx

La sobria decoración de la fachada de la casa marcada con el número 13 de la calle Apartado, en el Centro Histórico, pasa desapercibida en medio de los puestos ambulantes, pero adentrarse en ella constituye un viaje por distintas épocas para descubrir tesoros tecnológicos, artísticos y documentales.

Un recorrido por el inmueble que hasta 1992 albergó la Casa de Moneda de México y hoy acoge el Museo Numismático Nacional, revela un capítulo de la historia: el del desarrollo económico y tecnológico.

En su interior, esta singular fábrica-museo resguarda valiosos acervos culturales, entre ellos, una colección de cerca de 150 máquinas y herramientas del siglo XIX usadas en la fabricación de monedas y medallas; una colección numismática con unas 18 mil piezas, entre monedas y medallas desde la época colonial hasta nuestros días, así como un vasto archivo histórico, que concentra documentos sobre la producción de monedas y la extracción de metales en México, desde la Colonia hasta finales del siglo XX.

Parte de estos tesoros culturales se encuentran en proceso de digitalización, con la idea de conservarlos y difundirlos, entre ellos, la colección numismática y el archivo histórico. Este último está a la espera de ser trasladado al nuevo edificio que se construye en el ala sur del inmueble, el cual además de otorgar al archivo las condiciones óptimas para su conservación y consulta, proporcionará al museo un nuevo acceso por la calle de Bolivia.

El acervo documental sólo está disponible para investigadores; el recorrido por los espacios abiertos al público, siempre en la modalidad de visita guiada y con cita previa, sumergen en una experiencia singular.

Al cruzar el portón de madera de esa construcción de altos muros y sin ventanas, se descubre un patio principal, rodeado de columnas. Construido a mediados del siglo XVII, el edificio albergó la Casa del Apartado, cuya función era “apartar” el quinto real del oro y la plata, y separar el dorado metal de las barras de plata que se iban a fundir para realizar las monedas. Así lo indica la leyenda que se conserva en la fachada del edificio.

Desde 1848, la Casa del Apartado albergó la Casa de Moneda de México, antes ubicada en lo que hoy es Moneda 13, sede del Museo Nacional de las Culturas. Ahí permaneció hasta 1992, aunque desde los años 70 la mayor parte de las monedas ya se acuñaba en una moderna planta en San Luis Potosí.

Ruta tecnológica

El primer hallazgo es una sala que alberga una muestra representativa de la colección de monedas; el espacio incluye herramientas utilizadas para acuñarlas y parte del mobiliario de la antigua Casa de Moneda. Las puertas de la sala de fundición dejan al descubierto la maquinaria original de la que fue la Casa de Moneda más antigua de América.

“Este gran salón se constituye en una verdadera máquina de tiempo que nos permite conocer cómo eran las fábricas o específicamente las fundiciones del siglo XIX”, dice Salvador García Lima, encargado de servicios educativos del museo, mientras abre las puertas de ese espacio de muros y paredes altas, ennegrecidas de hollín, y de bóvedas con tragaluces, en donde hasta hace dos décadas cerca de 150 hombres trabajaban revolviendo las aleaciones, a altas temperaturas.

Gran parte del acervo tecnológico, concentrado en dos salones, sigue funcionando, lo cual permite a los trabajadores ofrecer a los visitantes demostraciones del proceso de fabricación de monedas y medallas.

“Uno de los principales atractivos de visitar esta casa es que aquí se encuentra completamente instalado el parque industrial que se montó con motivo del traslado de la Casa de Moneda de México a este sitio. Estamos hablando de máquinas movidas originalmente por fuerza de vapor, después reconvertidas a energía eléctrica durante el porfiriato; son las mismas con las que se siguió produciendo hasta 1992”, destaca García.

Los procesos de laminación, amonedación, corte, lavado y acuñación de moneda se descubren poco a poco. Además de admirar la maquinaria en donde se acuñó toda la moneda mexicana desde mediados del siglo XIX hasta los años 70 del siglo pasado, el personal del museo ofrece una demostración de cómo se corta y acuña una moneda. Esteban Jiménez, quien ha estado en el lugar durante 70 años, hace funcionar una máquina bautizada como “La bailarina”, “porque es tan viejita que al trabajar se mece rítmicamente, como si bailara”. Es una joya tecnológica de principios del siglo XIX que, al igual que otra que se encuentra en Denver (EU), es sobreviviente de la primera generación de máquinas de tecnología de vapor construidas en América para acuñar monedas. “No hemos logrado determinar cómo llegó a la Casa de Moneda de México, pero permaneció hasta 1992, cuando terminó acuñando pequeñas piezas de dos pesos oro”.

Archivo en consolidación

La otra parte del acervo de este Museo está concentrada en el Archivo Histórico, que incluye documentos que se remontan al siglo XVII; ofrece información sobre las casas de moneda provinciales, y sobre el análisis y proceso del oro y de la plata.

“La mayoría tiene que ver con documentación administrativa y contable, que da información sobre la producción de metales y moneda en México, desde 1644 hasta 1980”, comenta Fabiola Monroy, coordinadora del proyecto de catalogación de este archivo.

Este fondo documental, que ofrece información para comprender la historia del desarrollo económico del país, también resguarda documentación sobre la adquisición de la maquinaria, los planos de la Casa de Moneda de México en sus tres sedes (en Apartado 13, en la calzada de Legaria y en San Luis Potosí), dibujos y bocetos que se realizan para generan una moneda.

Desde 2010, este archivo histórico entró en proceso de catalogación y sistematización, por lo que hasta ahora no existe una cifra total de lo que resguarda. “Todavía no tenemos una cifra total porque está en catalogación y ni siquiera podemos decir cuánto hay en cada caja. Me atrevería a decir que son más de 10 millones de fojas, pero es una cifra bien aleatoria”, señala Monroy.

La también historiadora precisa que lo que está digitalizado y disponible para consulta es la información que corresponde a la Colonia, aproximadamente 15% del acervo.

Al sur del inmueble, se acondiciona un nuevo espacio para el Archivo Histórico; es un edifico construido ex profeso para resguardar ese acervo. Funcionará como una nueva entrada al museo e incluirá fototeca, biblioteca, sala de consulta y tienda de medallas y monedas conmemorativas.



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