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“Escribir te pone en el lugar del otro”

Guadalupe Galván Enviada| El Universal
Martes 31 de mayo de 2011
Escribir te pone en el lugar del otro

PLANES. El autor, cuya reciente obra es “Suddenly, a knock on the door”, tiene previsto viajar por primera vez a la ciudad de México en diciembre próximo. (Foto: GUADALUPE GALVÁN EL UNIVERSAL )

El escritor israelí Etgar Keret, autor de Extrañando a Kissinger, conversa con EL UNIVERSAL sobre su más reciente obra

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TEL AVIV.— A Etgar Keret le gusta tener todo bajo control. Menos cuando escribe. “Para muchos, escribir es un acto de control. Para mí es todo lo contrario. Cuando escribo, pierdo el control. Es un lugar de libertad”.

Su más reciente obra, Suddenly, a knock on the door (cuya traducción literal seria “De repente, alguien llama a la puerta”, 2010), le tomó nueve años. Así que ahora, el escritor israelí, quien planea viajar por primera vez a la ciudad de México en diciembre, se está tomando las cosas con calma. En entrevista con EL UNIVERSAL, habla sobre su vida, sobre los conflictos de su país, su fama y sus proyectos.

¿Cómo es ser un escritor israelí? ¿Cómo lidia con la realidad de este país?

Creo que esa es una de las cosas que me hicieron convertirme en escritor. Vivir en Israel es casi como las drogas. Hay muchos equipos de futbol. Y una vez que uno ha escogido su realidad, ignora a los demás por completo. Pero mi literatura asume una posición socrática. Se acerca al lector no con respuestas, sino haciéndolo cuestionarse sobre las cosas de las que cree estar seguro. Es una especie de literatura subversiva. Para mí, es un intento de humanizar la escritura.

Usted tiene una familia muy particular

Sí. Mis padres fueron sobrevivientes del Holocausto. Mi mamá perdió a gran parte de su familia en el gueto. Mi padre peleó en la resistencia contra los británicos. Mi hermano pertenece a la izquierda más radical en Israel. Pertenece a un grupo llamado “Anarquists against the war” (Anarquistas contra la guerra). Mi hermana es una mujer ultraortodoxa, sumamente religiosa. Vive en un barrio en Jerusalén que parece como sacado del siglo XVIII. Habla yiddish y tiene 11 hijos. Así que, si tuviera que escoger por ideología, no podría hablar con mi familia, porque todos tienen ideas muy diferentes. Y en eso radica el poder de la escritura. Te muestra que puedes no estar de acuerdo con alguien y, aun así, ver su humanidad. Escribir te permite ir más allá de decir quién está bien y quién está mal. Ponerte en el lugar del otro, entender que existen diferentes realidades. Y eso no quiere decir que no tenga una posición política. La tengo, y muy fuerte, pero creo que puedo tener empatía con la gente con la que no estoy de acuerdo.

Keret, cuyo libro de cuentos cortos Extrañando a Kissinger le granjeó la popularidad internacional, es el primer autor al que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) permite traducir al árabe. Pero su apuesta por la reconciliación, y por abordar conflictos como el israelo-palestino desde otra perspectiva, no es bien recibida por todos los sectores.

¿Cómo ha recibido aquí la gente sus ideas?

Entre los escritores, la gente y las instituciones hay mucha gente a la que le gusta lo que hago y otros que me critican. Hace tres años, mis historias fueron integradas al currículum escolar de preparatoria, y hubo quienes dijeron: “No, si quieren, pueden despedirnos, pero no vamos a enseñar eso”. Se sienten amenazados por mis ideas sobre asuntos como el conflicto israelo-palestino, por ejemplo. Y después de que la Autoridad Palestina permitió que tradujeran mi obra, hablé con lectores palestinos, me dijeron que yo era el primer escritor israelí en admitir que también está confundido sobre si se nos debe tener miedo. “Y toda nuestra vida, también le hemos tenido miedo a Israel. Pero cuando te leemos, nos damos cuenta que lo que ustedes piensan y lo que nosotros pensamos no es tan diferente. Quizá sí sea posible comunicarnos”.

Pero en sus cuentos, no es que hable abiertamente del asunto.

Es que, cuando escribo, no hablo sobre temas israelíes. Hablo sobre mi vida; mis padres, que sufrieron el Holocausto, mi amigo que murió en la guerra. Esos temas son tabú en Israel. Se supone que debes hablar de ellos de cierta manera. Y cuando los escribo de otra manera, es como defender su memoria... No es que escriba para ser provocativo, o porque quiera causar problemas. Escribo porque respeto a mis padres, y su memoria. Y quiero contarla como es, y no como quieren que la escriba.

Descrito por Salman Rushdie como el “autor de la próxima generación”, Keret se caracteriza por la brevedad de sus historias (El Efecto Asma tiene menos de 50 palabras), contadas a base de humor negro, donde el absurdo se confunde con la realidad. Como en El Gordito, donde un hombre convive con una mujer que cada noche se convierte en un enano, capaz de hacer las cosas más inapropiadas; o en Crazy Glue, donde una mujer pega todo, inclusive ella, a su departamento.

¿Qué le dan este tipo de historias?

Para la mayoría de los escritores que he conocido, escribir es un acto de control. Para mí es lo contrario. Porque en mi vida cotidiana soy muy obsesivo, así que, cuando escribo, pierdo el control. En mi vida sé exactamente qué va a pasar, a dónde voy, o a qué hora es una entrevista, o cuál autobús debo tomar. Pero cuando escribo, no sé nada y no me interesa, porque la gran diferencia entre la ficción y la realidad, me parece, es que cuando escribo ficción puedo ser yo mismo, sin que haya consecuencias. Puedo escupirle agua a alguien en la cara, decir lo que quiera, y nadie sale lastimado. Es un lugar de libertad. Básicamente, escribir para mí es conectarme con mi subconsciente. Mis historias pasan de largo mi racionalidad, vienen de un lugar diferente. Vienen de mis entrañas.

Además de escritor, Keret es un cineasta que en 2007 ganó en Cannes el premio a la Mejor Ópera Prima por su dirección en Meduzas.

¿Qué le ofrece el cine que un libro no?

Para mí muchas historias tienen una voz muy visual. Es decir, veo una película en mi cabeza, y luego escribo. Pero algunas historias son muy difíciles contarlas escribiendo. Y además, escribir es una labor muy solitaria. Hacer una película, en cambio, es como estar en una orgía, pero sin el sexo. El que hace cine ve vida, en sus películas. Y yo tengo la ventaja de que he realizado diferentes funciones en películas. En Meduzas, por ejemplo, dirigí con mi esposa; en $9.99 (una cinta animada de Tatia Rosenthal donde los personajes buscan el significado de la vida) hice el guión. En Pizzería Kamikaze (Goran Dukic), pude pintar un mundo muy complicado, del infierno de los suicidas. Y me dio la oportunidad de ver cómo se hacía una película de algo que yo escribía. Es una gran aventura.

¿Qué sigue, después de “Suddenly, a knock on the door”?

Bueno, por ahora no estoy escribiendo. Es el libro que me ha tomado más tiempo. Trabajé nueve años en él. Ha sido mi libro más exitoso aquí en Israel. Ahorita estamos trabajando en la traducción. Fue mi primer libro como papá. Y estoy trabajando en un proyecto que aún está en una etapa muy temprana, es una comedia, de un equipo que quiere robar dinero.

¿Tiene algún título en mente?

Sí, sería algo así como “The Piece of Pieces” (La pieza de piezas)

¿Le da miedo no superar lo que ha logrado como escritor?

No, porque yo no me veo como escritor. Soy profesor, enseño en la Universidad de Tel Aviv. Pero escribir es muy subjetivo, cualquiera puede escribir en un pedazo de papel. El lector es el que decide si eres escritor o no. Si les gusta, dicen que eres un genio. Pero también pueden decir que no eres recomendable. Me he esforzado por no basar mi vida en escribir. Soy una persona que escribe historias, no un escritor. No es que si dejo de escribir vaya a dejar de vivir. No es que haya nacido queriendo escribir. Escribo porque me gusta, porque me hace feliz.



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