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México, potencia mundial en colecciones de arte privadas

El Universal
Lunes 20 de diciembre de 2010
Mxico, potencia mundial en colecciones de arte privadas

“LADY GODIVA CON MARIPOSAS”. La obra de Salvador Dalí pertenece al acervo de piezas de arte de Carlos Slim . (Foto: )

Slim Helú, Eugenio López Alonso, los Garza Sada y Plácido Arango son dueños de mega acervos

México no sólo es un país de conocida influencia y presencia en el mundo del arte, también es considerado como una potencia mundial en coleccionismo privado de arte.

Varios nombres de mexicanos y extranjeros residentes en el país fueron incluidos en la lista de los 200 coleccionistas más importantes del mundo, publicada este año por la prestigiada revista estadounidense ARTnews, así como en los “Power 100” que dio a conocer hace algunas semanas la publicación inglesa ArtReview.

Carlos Slim Helú, Eugenio López Alonso, la familia Garza Sada, Plácido Arango -dueño de la cadena de restaurantes Vip’s-, Mary y Jon Shirley y Damian Hirts son enlistados por ARTnews como dueños de colecciones de arte de gran relevancia. Y si bien Hirts y la pareja Shirley no son mexicanos, se les ubica con una fuerte actividad y presencia en nuestro país.

Damien Hirst nació en Bristol, Inglaterra, en 1965, y forma parte del grupo conocido como Young british artists. Es el artista vivo más caro del mundo; vendió en Sotheby’s la obra The golden calf (El becerro de oro) en 10.34 millones de libras (alrededor de 14 millones de euros). Su fortuna está calculada por encima de los mil millones de dólares. Hirst es socio de su representante en México, el galerista Hilario Galguera, y posee propiedades en el país, por el cual siempre ha sentido una gran atracción.

De acuerdo con la historiadora de arte Ana Garduño, Hirst es del tipo de coleccionistas privados que guardan sus piezas en la intimidad. “Muchos artistas intercambian piezas y en algunos casos empiezan a adquirir obras de colegas que les atraen y, casi sin darse cuenta, empiezan a tener una colección que habla del gusto del creador que las reúne. Ese sería el caso de Damien Hirst”, dijo.

El caso de John Shirley (San Diego, California, 1938) -quien fue presidente y director de Microsfot-, y su esposa Mary Shirley, es diferente. La pareja mantiene su residencia en Estados Unidos, pero también pasa tiempo en Puerto Vallarta, donde tienen propiedades. Ellos se han dedicado a coleccionar obras del escultor y pintor estadounidense Alexander Calder. Actualmente su colección puede ser apreciada en el Seattle Art Museum.

Por otro lado, la revista inglesa ArtReview resalta a los personajes más influyentes en el mundo del arte y señala al mexicano Eugenio López Alonso, dueño de la empresa juguera Jumex, como el poseedor de la colección de arte contemporáneo más importante en el planeta, integrada por alrededor de 2 mil 350 piezas, de 650 artistas de distintas nacionalidades, que abarcan un periodo que va de las vanguardias de los años 60, con Andy Warhol a la cabeza, hasta la actualidad con Gabriel Orozco, sólo por citar a dos grandes.

Las colecciones de arte más importantes y representativas que se encuentran en México pertenecen a hombres de negocios y poseedores de fortunas cuantiosas.

Carlos Slim Helú, el hombre más rico del mundo, de acuerdo con Forbes, posee, por ejemplo, una colección de 66 mil piezas en la que dialogan los grandes maestros europeos, los artistas novohispanos, los representantes de la llamada “escuela mexicana de pintura” y los iniciadores del movimiento de La Ruptura en la década de los 50 del siglo XX.

Slim posee también la segunda colección más importante del escultor francés August Rodin, y la obra completa del poeta libanés Gibran Jalil Gibran.

Por otro lado, en Monterrey, que es una de las ciudades más pujantes de nuestro país, se encuentra la colección de arte latinoamericano del siglo XX más importante en el mundo.

La Colección Femsa, como es conocida, ha logrado reunir, en aproximadamente 33 años, mil 250 obras de artistas que se han convertido en referentes en la historia del arte de 18 países de América Latina, con un énfasis especial en México.

Los países que tienen mayor representatividad en esta colección, además de México, son Argentina, Brasil, Colombia y Chile, de acuerdo con datos proporcionados a KIOSKO por Rosa María Rodríguez Garza, jefa del Programa Cultural Femsa.

La pieza de arte que fundó a la Colección Femsa es la titulada El maizal, del Gerardo Murillo (mejor conocido como el Dr. Atl), obra que fue donada por la señora Rosario Garza Sada (Monterrey, 1893-1994). Posteriormente, Eugenio Garza Laguera se convirtió en uno de los principales promotores de la colección al fundar el Museo de Monterrey, que fue la sede de los tesoros de arte hasta el 2000, año en el que cerró sus puertas.

No obstante, Rosa María Rodríguez Garza asegura que esta colección no pertenece a un sólo coleccionista en particular, como sería el caso de la colección de Carlos Slim o de Eugenio López Alonso, sino que pertenece a todos los accionistas de la compañía Femsa, la embotelladora más importante de Coca-Cola en el mundo, así como operadora de la cadena de tiendas Oxxo, entre otros negocios.

En 2009, Femsa tuvo ingresos por 197 mil 33 millones de pesos (alrededor de 15 mil 90 millones de dólares), con activos por 211 mil 91 millones de pesos (unos 16 mil 166 millones de dólares), generando empleos para poco más de 100 mil personas.

El prestigio social y el arte

“La bonanza económica genera un boom del coleccionismo privado de arte. En las ciudades donde hay una economía floreciente, en ascenso, donde hay una burguesía que se fortalece en términos económicos, generalmente siempre existe un fenómeno diría natural: la riqueza económica provoca una ambición de prestigio social. Uno de los instrumentos para alcanzar prestigio, reconocimiento y distinción social, es formar colecciones de arte. En este caso está Monterrey, un lugar importantísimo para el coleccionismo de arte, del último tercio del siglo XX y hasta la fecha”, asegura Ana Garduño, quien es historiadora de arte, profesora de la Universidad Iberoamericana e investigadora del Centro Nacional de Información y Documentación de las Artes Plásticas del Instituto Nacional de Bellas Artes.

El arte se ha convertido en un “legitimador de riquezas”, asegura la investigadora. Es, dice, la consagración del éxito económico.

“Pero no sólo eso, también hay pulsiones y compromiso con el quehacer artístico. Deseo y voluntad de consumir arte. A veces es un deseo imperioso y una obsesión, al mismo tiempo que puede ser un instrumento de posicionamiento político, social, cultural. El aura del arte, el prestigio del arte, se traslada simbólicamente a quien lo posee. Entre mayor sea el prestigio de un acervo, mayor es el reconocimiento que se otorga a sus dueños”.

Hay colecciones que nacen a partir del gusto de una persona. Carlos Slim y su esposa, ya fallecida, la señora Soumaya Domit, dieron forma a una de las colecciones de mayor relevancia en el ámbito artístico mundial.

Sin embargo, el crecimiento de la colección ha sobrepasado el gusto individual y ahora la adquisición de obras se discute y se realiza a través de líneas estéticas que son establecidas por varios equipos de trabajo en los que participan muchos especialistas de todas las escuelas artísticas.

“Nuestro proceso ha sido muy interesante porque dejamos de ser una colección de arte para volvernos un museo, una institución cultural. Es muy atractivo insertarnos en una museografía de vanguardia. Todo esto nos ha ayudado a construir un marco social, conceptual, a nivel de pensamiento, de acción de los artistas”, expresa Alfonso Miranda, director general de Museo Soumaya, una institución que recibe al año a 200 mil visitantes.

Distinto es el carácter de la Colección Jumex, en donde el gusto de su dueño, Eugenio López Alonso, determina la composición del acervo. El empresario mexicano centró su interés en el arte contemporáneo al observar que ninguna institución pública ni privada, se había ocupado de coleccionar ese tipo de producción artística.

“Eugenio ocupó un espacio que no fue atendido por las instituciones pública en México. Actualmente sólo hay una colección de esta naturaleza, inciada hace cinco años en la UNAM. Es la primera colección de arte contemporáneo pública que existe. Y aunque en el ámbito privado ya había el antecedente de la Fundación Televisa, nuestra colección es la primera de corte internacional. La colección privada es la que abre la puerta, las instituciones públicas tienen un aire más conservador, desde mi punto de vista”, comenta Michel Blancsube, jefe de registro de la Colección Jumex.

“Estado, sin política de adquisición”

Entre las preocupaciones de los coleccionistas de arte está el destino que tendrán sus acervos cuando ellos ya no estén. Apasionados de las piezas que poseen, contratan a especialistas que puedan traducir las obras para luego divulgarlas. La mayoría de ellos encarga un libro de lujo o un catálogo de sus acervos. Hay libros profundos o los llamados coffee table books, que son más bien superficiales.

Existen estudios sobre los acervos pero no sobre los coleccionistas. Las investigaciones hablan de los artistas y de sus obras, pero no se ha atendido a la figura del agente que da forma a esas colecciones de arte.

“Esto se debe a que hay una leyenda negra sobre el coleccionismo privado de arte, promovida por las políticas culturales instrumentadas por los gobiernos postrevolucionarios. José Vasconcelos, por ejemplo, cuando fue secretario de Educación Pública, decía que no favorecería el arte de caballete porque era un arte burgués, que estaba destinado a las paredes de los ricos; que él favorecería el arte público, a través de los murales”, comenta Ana Garduño.

La investigadora opina que el coleccionismo privado es una práctica natural, “ni perversa, ni terrorífica”, idea promovida desde el Estado mexicano. “El Estado decidió que el arte y la cultura eran un asunto tan importante como la salud y la educación y por lo tanto era de su absoluta incumbencia. En esta línea política, si querías ser agente cultural deberías pertenecer a alguna institución. Y si lo hacías de manera privada, entonces eras mal visto, se te adjudicaban malas intenciones, intereses ocultos. La leyenda oficial nos dice: ‘El Estado se preocupa por el arte y la cultura, la iniciativa privada tiene nefastas intenciones’. Y yo creo que ni el coleccionista privado es tan malo ni el Estado tan bueno”.

Por otra parte, comenta la especialista, el Estado no se ha ocupado en comprar obras de arte, sus colecciones, afirma, se han construido a través de la donación que hacen artistas.

“Los acervos del INBA están fundados en donaciones o se han adquirido a precios castigados. Fuera de esto, el Estado no ha tenido una política sistemática de adquisición de obras de arte. El Estado tuvo la oportunidad de comprar varias obras de artistas como Orozco, Rivera y Siqueiros cuando los precios todavía eran accesibles, pero no lo hizo. Tampoco compró arte de La Ruptura ni arte contemporáneo. Los 100 millones de pesos que el INBA ha destinado este año para comprar obra de arte es realmente un hito”, añade la investigadora.

La Colección de Carlos Slim Helú, la Colección Jumex, la Colección Femsa, los acervos de obra de arte más importante que tiene nuestro país y que son reconocidas en todo el mundo, son, pese a las contradicciones en la manera de percibir la práctica del coleccionismo privado, tesoros disfrutados tanto dentro de esta nación, como fuera de ella.

Los gustos de los coleccionistas privados cambian y las colecciones se depuran. Los acervos que han logrado consolidar los dueños de las fortunas que tienen la capacidad para atesorar arte son organismos vivos que tejen discursos y que tienen una gran incidencia en el campo social. Y las colecciones, como entes vivos, dejan de serlo, dice Ana Garduño, en el momento en que se entregan a un museo público, o cuando el coleccionista que les dio vida con su gusto y su alma se retira o muere.



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