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Tengo una escritura nómada que transcurre entre géneros

Sonia Sierra| El Universal
Viernes 26 de noviembre de 2010
Tengo una escritura nmada que transcurre entre gneros

INSPIRACIÓN. La autora, que será premiada en la FIL de Guadalajara, dice que colecciona objetos, noticias e ideas a veces desconectadas, pero que luego hilvana consciente o inconscientemente para crear historias . (Foto: ADRIÁN HERNÁNDEZ EL UNIVERSAL )

Margo Glantz escritora de libros de ficción y de ensayos -fundamentales sobre las letras nacionales y europeas-, a quien este sábado la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le entregará el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances

ssierra@eluniversal.com.mx

Con su literatura, Margo Glantz ha abierto nuevas preguntas y territorios alrededor del universo femenino. El cuerpo y sus fragmentos, el erotismo y la enfermedad, la mujer que aspira al conocimiento mas no a la santidad, la mujer que goza y exhibe su cuerpo, el cuerpo que sufre el dolor y que está a merced del tiempo… Todo ello se da cita en la obra de Glantz, escritora de libros de ficción y de ensayos -fundamentales sobre las letras nacionales y europeas-, a quien este sábado la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le entregará el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Autora de una obra que acostumbra desconocer las fronteras entre géneros, Glantz ha sido a lo largo de su vida maestra de literatura, editora de revistas, lectora, ensayista, una novelista que se inició como tal hasta los 47 años, investigadora y divulgadora de manera muy particular de la obra de sor Juana Inés de la Cruz.

Siempre está tratando de escribir, aunque se sepa en uno de esos periodos en “los que está uno como cancelado” en los que, como diría sor Juana Inés de la Cruz, se siente como monja en clausura, encerrada bajo siete llaves. “Es como una maldición”, dice la narradora que inició 2010 con el reconocimiento de sus amigos y lectores por su arribo a los 80 años de edad.

A menudo le atribuyen a usted la cualidad de la reinvención. Reinvención que tiene que ver con su capacidad de mudarse de un tema a otro, entre géneros, ¿está de acuerdo?

Creo que la mía es en cierta medida una escritura nómada que transcurre entre los géneros, que utiliza el motivo usado mucho en la música y en la pintura del tema y las variaciones. Se parte de un tema bastante tenue, simple, y se lo va desarrollando a lo largo del libro de maneras muy diferentes, a tal punto que en un momento dado parecería como si desapareciera, pero siempre subyace en el trasfondo. Un ensayo puede convertirse fácilmente en ficción y la ficción puede convertirse en ensayo. Un ejemplo sería Sebald, que empezaba refiriéndose a temas muy eruditos y poco a poco los iba asociando con otros, y el discurso principal parecería difuminarse y, de repente, reaparece transformado y sin embargo reconocible.

¿Cuál o cuáles son esos temas que subyacen en su obra?

En mis textos creo que la idea fundamental es el cuerpo, el cuerpo erótico, el cuerpo enfermo, la posible transformación que hace de un cuerpo sensual un cuerpo destruido por la enfermedad. Fragmento el cuerpo, por ejemplo, los cabellos (De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos); en Palabras para una fábula, la anécdota es muy sencilla, una mujer va a un laboratorio a hacerse una mastografía, sospecha que puede tener cáncer y mientras se hacen las placas asocia y se aterroriza pensando en las posibles consecuencias, la mutilación, la quimioterapia, etc; los dientes aparecen en una novela que estoy escribiendo ahorita; a menudo los pies son protagonistas y, junto con ellos los zapatos, como un fetiche, relacionados con la moda, con la enfermedad… Me ocupo en detalles aparentemente insignificantes pero que son fundamentales y exploro los lugares comunes relacionado a ellos.

¿Qué separa el ensayo de la ficción?

Cuando estoy escribiendo un ensayo me dedico totalmente a él, muchas veces deriva sin quererlo en una ficción porque hay vasos comunicantes. En Saña, mi último libro, textos muy breves van relatando una historia entrecortadamente; no de una manera lineal; de pronto, los textos se encuentran con otros que los continúan y los complementan, aunque cada texto vale por sí mismo de manera natural, aunque se establezca en todo el libro una continuidad marcada por el tema principal, la saña.

Así como colecciono objetos, colecciono noticias e ideas, muchas veces están totalmente desconectadas unas de las otras; las voy apuntando hasta que de pronto algo las hilvana a veces de manera consciente, a veces inconsciente, y se logra un todo. El inventario, el catálogo, me sirven para ir organizando el material. Son como fragmentos que no tienen ninguna validez, en tanto que fragmentos, pero cuando se organizan constituyen un mosaico hecho con piedras de diferentes colores y tamaños que van a formar un dibujo coherente.

¿Sobre qué escribe ahora?

Estoy escribiendo un libro con varios personajes, uno es una locutora de radio que transmite noticias. Y cuando encuentro noticias que me parecen interesantes las voy coleccionando; son noticias que tienen que ver de una manera muy reiterada con problemas culturales, sociales, con acontecimientos del mundo contemporáneo, políticos o científicos, por ejemplo, el trasplante de nervios troncales a un hombre que ha sufrido un infarto o cómo se ha podido reconstruir la cara de un personaje.

¿Cómo percibe que ha cambiado la relación con el cuerpo en la sociedad?

Lo comparo con un problema muy frecuente entre las monjas de los siglos XVII y XVIII en nuestro país, quienes, para pasar a la historia, querían convertirse en santas. Pero para lograrlo tenían que sacrificar su cuerpo a base de flagelaciones, ayunos y mortificaciones, cada vez más masoquistas o más sádicas. La idea era que al aniquilar el cuerpo pecador se salvaba el alma. La mayoría de ellas no lo lograba, pero sí lograban destruir su cuerpo. Y ahora eso se sustituye por un ideal de belleza física. Es otra esclavitud. Se trata de formas de coerción contra lo femenino, de tener un dominio sobre el cuerpo femenino a partir de la moda, de la dietética. Es muy perverso, hipócrita.

Experimentar el mundo a través del cuerpo es característico de muchos de sus personajes...

Trabajo temas bastante provocativos. En Apariciones hay incesto, voyeurismo, una gran sumisión de la mujer a su pareja y una exploración sobre la sexualidad y el imaginario femenino. Hay una especie de infracción, de transgresión de una sexualidad.

En ese imaginario femenino hay dos personajes fundamentales de México, Sor Juana Inés de la Cruz y La Malinche. ¿Cómo es que decide escribir sobre sor Juana?

Sor Juana es un personaje fundamental para cualquier gente que ame la literatura, en todas las lenguas. Es tan grande poeta como Góngora, Quevedo o Lope de Vega. A medida que la trabajo más profundamente, encuentro más facetas para juzgarla. Actualmente vivimos un momento donde se quiere destruir la sociedad laica, construida a base de luchas fratricidas que tuvieron lugar durante el siglo XIX hasta que la Reforma permitió separar la Iglesia del Estado, cosa que deberíamos respetar profundamente y no se hace ahora; eso es muy grave y se nota hasta en los estudios que se hacen sobre sor Juana. Uno muy reciente, de Alejandro Soriano Vallés, intenta borrar toda su época creativa, todos sus intentos por alcanzar el conocimiento y no la santidad, como ella misma lo dice en algunos de sus textos autobiográficos. Lo que sor Juana quiso toda su vida no fue necesariamente ser escritora, sino conocer, saber, entender el mundo, la realidad a través de la ciencia, de disciplinas que se conectaban entre sí, trazando correspondencias.

Lo que quieren ciertos críticos religiosos es anular ese deseo de conocimiento y hasta su época de creatividad poética. A sor Juana se la ha trivializado en todos los niveles; a sor Juana hay que leerla, estudiarla.

Para cuándo usted decide publicar ficción ¿qué situación enfrenta?

Pues me enfrento a que como mi tipo de escritura no es del tipo de escritura tradicional, nadie me quiere publicar. Además, como ya estaba vieja, porque empecé a publicar ficción a los 47 años, decían que a mi edad ya no funcionaba eso, porque era demasiado experimental. Entonces tuve que publicar a cuenta de autor varios libros, hasta que poco a poco me reconocieron y ahora hasta tengo el Premio FIL.

¿Pesa aún en México lo masculino para que una mujer pueda publicar?

Cada vez más hay más interés en la escritura de las mujeres. A veces se cultiva un tipo de escritura complaciente, hecha a propósito para un mercado, constituido principalmente por mujeres. Hay bastante, aunque velado, cierto rechazo a lo que producen las mujeres. No creo que me hayan premiado por ser mujer, pero sí creo que ha habido muy pocas mujeres que han sido premiadas.

¿Cómo ha vivido la diferencia de ser mujer, judía y de tener un origen extranjero?

Siento que he vivido una vida muy rica porque he tenido experiencias muy diversas y relación con una comunidad que proviene de Europa, con costumbres, comidas, lenguas distintas a las de México. Pero, al mismo tiempo, tuve la suerte de haber nacido en México y poder combinar ambas cosas. Soy una persona cosmopolita, viajo mucho, estudié en el extranjero, y aprovecho lo mejor de ambas culturas, ser de origen europeo y haber nacido en México y ser totalmente mexicana. Aunque no dejo de ser totalmente judía.

Ahora, creo que hay un antisemitismo latente, que se ha exacerbado enormemente, a partir del problema de Israel y Palestina. Desde niña advertí que el hecho de ser judía podría ser un anatema, reforzar un prejuicio muy arraigado y que regresa a menudo como en las épocas del nazismo, aunque mucho más atenuado. En algún nivel se mantienen todavía esos equívocos, esos prejuicios saltan cuando menos uno los espera.

Habla usted de la belleza y muchos temen hablar de la belleza…

Y sin embargo la sociedad nos impulsa a eso. Están las revistas de moda, la televisión que cada vez es más frívola. Es un movimiento perverso, a la vez incitativo, a la vez prohibitorio, que crea problemas muy serios en la gente. Es una de las formas de controlar que tiene el establishment. Nos controlan de maneras muy ambiguas, contradictorias. Hubo una época en que se pensaba que una mujer que escribía tenía que ser fea, no podía ser, además de guapa, inteligente y tener cualidades y habilidades.

México ha sido una gran preocupación para usted. ¿Cómo ve al país?

Lo veo terrible. Siento a veces que no hay escapatoria, pero pienso que otros países han tenido cosas muy terribles y se han salvado: Japón estuvo en condiciones espantosas y se reconstruyó, muchos países de Europa fueron destruidos y lograron levantarse, pero claro eran países del primer mundo. México tiene una cultura artística riquísima, pero ya ve lo que pasó en Alemania, uno de los países más cultos de Europa y hasta sus más grandes pensadores aceptaron el nazismo, por ejemplo Heidegger. Creo que la cultura también puede salvarnos, pero puede ser una falacia.



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