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La vida según Saramago 1922 - 2010

Ana Anabitarte Corresponsal| El Universal
Sábado 19 de junio de 2010
Ayer murió uno de los escritores más comprometidos de nuestro tiempo, clásico contemporáneo, gloria de las letras lusitanas

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MADRID.-El premio Nobel de Literatura José Saramago falleció ayer como siempre lo quiso hacer. En su casa de la isla de Lanzarote (Islas Canarias), donde vivía desde que en 1991 el gobierno portugués vetara el Evangelio según Jesucristo; y acompañado por la periodista y traductora Pilar del Río, a quien conoció en una entrevista y con quien se casó en 1988.

El escritor tenía 87 años de edad y sufría una leucemia crónica. Horas después de conocerse la noticia, cientos de personas se acercaron a la capilla ardiente que quedó instalada en la Biblioteca José Saramago que él mismo inauguró. Ayer el gobierno portugués anunció que sus restos serán repatriados hoy en un avión oficial para rendirles homenaje en otra capilla ardiente, instalada en el salón de plenos del Ayuntamiento, en Lisboa. Mañana sus restos serán cremados en un cementerio lisboeta.

Nacido en 1922 en Azinhaga, Portugal, en el seno de una familia analfabeta de campesinos sin tierra, Saramago vivió una infancia de hambre y frío en la que los malos tratos de su padre a su madre fueron constantes durante su vida. El escritor creció sin libros, un objeto de lujo inalcanzable, y casi sin juguetes. Con sólo dos años, la familia se trasladó a Lisboa donde su padre comenzó a trabajar de policía y donde su hermano fallecería dos años después con sólo cuatro años de edad. Ahí, Saramago comenzó la primaria y el bachillerato. Pero como en su casa no había dinero, no pudo terminar la secundaria. Al cumplir los 12 años ingresó en una escuela de enseñanza profesional para aprender el oficio de cerrajero mecánico. Tras cinco años de formación, trabajó dos como mecánico.

En sus años en la escuela de formación como cerrajero, estudió literatura y comenzó a visitar por las noches una biblioteca pública de Lisboa. Y así, sin maestros, y guiado por la curiosidad y por la voluntad de aprender, comenzó a leer y a escribir.

En 1947 publicó su primer libro, un romance titulado Terra do pecado (Tierra del pecado), a la que siguió la novela Clarabóia (Claraboya), que permanece inédita. Y tras comenzar otra novela que no terminó y consciente de que “no tenía que decir nada que valiese la pena”, abandonó la literatura más de dos décadas. “Cuando no se tiene algo que decir, lo mejor es callar”, decía.

En 1966 publicó la colección poética Os poemas possíveis, y unos años más tarde trabajó de periodista como responsable del suplemento cultural del Diário de Lisboa. Cuatro años después, fue nombrado director adjunto del Diário de Notícias, pero fue despedido siete meses después por motivos políticos. En aquella época fue censurado y perseguido por la dictadura de Salazar por su pertenencia al Partido Comunista Portugués, que era ilegal. Una militancia de la que siempre presumió y de la que no tuvo que renunciar “para llegar al Nobel”, como él mismo recordaba.

En 1982, cuando tenía 60 años, publicó Memorial del convento, todo un éxito de ventas y de crítica, y a partir de ese momento se dedicó por entero a escribir. Le siguieron, entre otras, El Evangelio según Jesucristo (1991) y Ensayo sobre la ceguera (1995), que le convirtieron en uno de los mejores novelistas contemporáneos, traducido a decenas de idiomas y con miles de lectores de una fidelidad inquebrantable.

Dos años después de publicar El Evangelio según Jesucristo y animado por una de sus cuñadas, decidió abandonar Portugal e irse a vivir a Lanzarote con su mujer. No estaba cómodo en su país y la decisión de abandonarlo llegó después de que el gobierno vetara su novela a la presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que “ofende a los católicos”.

En esta isla pasó el resto de vida escribiendo novelas como El hombre duplicado(2002), Las pequeñas memorias(2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Intermitencias de la muerte(2005), y El viaje del elefante (2008) y, en el 2009, Caín.

En esta isla siguió denunciando las desigualdades e injusticias y mostrando su apoyo a los más débiles, como a la causa palestina y a los saharauis. En 1998 conquistó el Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer portugués en recibirlo.

Atento siempre con sus lectores, hace unos meses reconocía que cuando muriera le gustaría que se editara un libro con las cartas de lectores y amigos. “Sería un magnífico complemento para saber lo que se piensa sobre la calidad literaria de mi obra”, decía. Que así se haga. Mientras tanto, Saramago, descanse en paz.

 



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