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“No soy un fabricante de salchichas”: Jodorowsky

Sonia Sierra| El Universal
Miércoles 22 de julio de 2009
El polémico cineasta celebra desde París que el 22 dedique un ciclo en su honor

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El cine ya no es un arte sanador, en lugar de eso la Santa Televisión lo ha ablandado todo y, en manos del actual sistema económico mundial, el arte y la cultura son una manifestación más de Disneylandia. De eso está convencido el director de cine y teatro, artista del performance y escritor Alejandro Jodorowsky (Chile, 1929), un irreverente como pocos que como casi nadie en el mundo ha conseguido traspasar las fronteras generacionales y con su arte -en cualquier formato- llegar a los jóvenes de orígenes, intereses e idiomas distintos. Cuando en julio Canal 22 transmite tres de sus películas realizadas en este país: El Topo, La montaña sagrada y Fando y Lis, el director habló con KIOSKO.

 

—¿Se puede decir que estas tres son sus películas más personales?

—Todas mis películas, incluyendo Santa Sangre, son personales. Los cineastas que no hacen películas personales pertenecen a la industria cinematográfica establecida. Es decir que han ofrendado sus testículos al dólar. Mi meta es alcanzar la conciencia. La meta de ellos es alcanzar Hollywood. Para ellos un filme más no se diferencia de un hot-dog más. No soy un fabricante de salchichas. Conservo íntegra mi dignidad creativa. Cada obra que hago es un parto feliz y doloroso. Todas mis películas son tan personales como mis lanzamientos de semen en la vagina de la mujer que amo.

 

—¿Qué recuerda de aquel grupo de actores, escritores y realizadores con el que hizo estas películas en México?

—No los recuerdo, los revivo cuando veo mis películas y desde el fondo de mi alma les agradezco. Incluso agradezco al fotógrafo (Rafael) Corkidi, quien en LaMontaña Sagrada, por sus misteriosas razones internas, me odió. Por mi parte admiro cada imagen milagrosa que su talento me otorgó. Fui el padre de Fando y Lis, El Topo y La Montaña Sagrada. Corkide fue la madre (debo decirlo, una madre un poco neurótica). También agradezco al verdadero santo Federico Landeros, quien con amor y humildad me ayudó al montaje de las imágenes. Sin él, no sería lo que los cinéfilos creen que soy.

 

—¿Tiene aún la idea de hacer la segunda parte de “El Topo”?

—Por supuesto. Aún lucho por lograr el capital necesario. La industria me impide hacerlo: mis filmes no son “televisivos”. Para lograr mis realizaciones tengo que aliarme o con locos o con ladrones. Si algún loco dispuesto a perder dinero o algún ladrón inteligente lee esta entrevista, le propongo que, por mi módico precio de 10% de nada (como es lo que obtengo de mis anteriores filmes), se meta a producir Los hijos del Topo.

 

—¿Qué tanto ha cambiado la facilidad para hacer cine?

—Nada ha cambiado. Antes fue difícil, casi imposible hacerlo. Hoy es igual. El cine se dirige a adultos-niños y a niños tontos. Ya no es un arte sanador. La Santa Televisión lo ha ablandado todo. Y el ego monstruoso de las “stars” lo ha convertido en un pinche terreno exhibicionista. El sistema económico mundial ha convertido al arte, a la cultura, en una manifestación más de Disneylandia. Pronto andaremos todos con un chupete azucarado en el hocico.

 

—¿Qué clase de cine ve?

—No voy al cine: hay mucho olor a pedos. Veo DVD en mi televisor gigante. Prefiero el cine oriental, japonés, tailandés y de Corea del Sur, pues no conozco a los actores y entonces creo en sus personajes. ¿Cómo creer en un héroe con la carota archiconocida del chingue a su madre de una “estrella” egomaníaca?

 

—¿Acostumbra ver sus películas?

—No mucho. Me duele en el alma verme a mí o a mis hijos o a mis amantes convertidos en fantasmas.

 

 

 

—¿Por qué las nuevas generaciones van a sus conferencias, ven sus películas?

—Lo atribuyo a que fui honesto, que mandé al cuerno al sistema, que di el salto del YO al Nosotros, pasando por el TÚ. Nunca me vendí. Arriesgué en el arte mi vida. No metí mi lengua en el orificio posterior de la instituciones que dan becas. Dejé de pensar que las historias de corazón y culo eran las más interesantes. Cambié mi fe en las revoluciones políticas por la fe en la re-evolución poética. Porque insistí en que si no se puede cambiar el mundo, hay que comenzar a cambiarlo.

 

—¿ Qué piensa de que los jóvenes sean fans de sus hijos?

—Todos somos fans de hijos, porque todos los personajes importantes tuvieron madres y padres. El rezo cristiano es el Padre Nuestro. Los místicos comprendieron que siendo todos hijos, todos somos hermanos; mis hijos son mis hermanos. Y no son míos, son del mundo. Pero, ¡fuera máscaras!, gozo infinitamente celebrar sus triunfos. Y si son triunfadores puede ser porque supe educarlos.

 

—¿Cómo avanza su regreso con “King Shot”? ¿Estará Marilyn Manson?

—Por una suerte extraña, muchos rockeros me eligen como pseudo-gurú. Para ellos ya no me llamo Alejandro sino Acercandro. Fui amigo de Lennon, Peter Gabriel. Hoy lo soy de Erykah Badú, Marilyn Manson. Si filmo King Shot, Manson será un papá caníbal de 300 años.

 

—Su hijo Adán ha resultado un provocador en la escena musical ¿Le recuerda cómo fue usted en su juventud, cuando levantó tantas reacciones en el teatro mexicano?

—Hijo de tigre nace rayado.

 

—¿Tiene algún proyecto con Omar Rodríguez, de The Mars Volta?

—Yo no. Con su pregunta me acabo de enterar. Pero quizá él tenga ese proyecto. Estoy muy dispuesto a escucharlo.

 

—¿Cuándo fue la última vez que hizo un performance? ¿Qué hizo entonces?

—Antes de ayer di una conferencia frente a mil personas en un ex-manicomio, en el norte de Italia. Realicé actos de psicomagia social. Hoy mi performance es contestar a estas preguntas a calzón quitado. La termino, sacando del interior de mi corazón una bandera mexicana para agitarla gritando: ¡Viva México! Me coloca lágrimas en los ojos el saber que la Santa Televisión se atreve a pasar mis películas. Algo quizás está cambiando. Me renacen las esperanzas, quiero que los televidentes sepan que no gano ni un centavo. Tengo 10% de nada y mil por ciento de placer creador.

 



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