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Alberto Ruy Sánchez, un receptor de deseos

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Viernes 21 de diciembre de 2007

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  • Audio. Alberto Ruy Snchez dice que su nuevo libro es claudicante para los hombres.
La mano del fuego cierra la serie de cinco obras inspiradas en Mogador, tejidas desde el agua, el aire, el fuego y la tierra

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Si En los hombres del aire el escritor Alberto Ruy Sánchez exploró la naturaleza del deseo femenino, en Los labios del agua el deseo masculino y en Los jardines secretos de Mogador la posibilidad de crear un paraíso juntos, en La mano del fuego explora la idea de que los amantes se fundan uno en el otro.

A 20 años de que el narrador, ensayista y editor estableció sus territorios narrativos en la ciudad de Mogador, se sigue concibiendo como un contador de historias, de esas que le confían los seres humanos, sobre todo las mujeres, de manera consciente: “Nunca robo las historias que no me quieran contar”.

Ruy Sánchez ha cerrado un ciclo literario con esta novela, pero emprenderá otro también habitado por el deseo que es su gran tema; podría ser sobre Catalina de San Juan o los demonios, rescatados de su primera novela Los demonios de la lengua, en la que hay un deseo con culpa; o de la relación deseo y política, a partir de los deseos que hay alrededor del asesinato de Trotsky.

Ruy Sánchez asume que ser un receptor de los deseos ajenos le permitió escribir La mano del fuego (Alfaguara, 2007), novela con la que cierra la serie de cinco obras inspiradas en Mogador y que fue tejiendo desde el agua, el aire, el fuego y la tierra, a esos cuatro elementos sumó el asombro, que conforma la quintaesencia del deseo.

“El fuego es la imagen más clara de la fusión amorosa, de tocar lo indecible del amor. Al amor puedes describirlo hasta que te consume realmente; en el libro están todas las crepitaciones del narrador que está ardiendo de distintas maneras, es como una flama que se mueve”, dice Ruy Sánchez.

El autor de Nueve veces el asombro, quinta novela sobre Mogador, asegura que el deseo es una dimensión de la vida que está en todas partes y también en cada uno de sus libros, pero desde diferentes ángulos “porque también cada volumen es un experimento del deseo, es un ensayo narrativo para acercarse al deseo”.

A partir de la certeza de que el fuego seduce, crepita y acaricia, Alberto Ruy Sánchez indagó en la novela que define como “un Kamasutra involuntario”, el deseo amoroso, en ese anhelo de los amantes de compenetrarse, pero también de comprenderse; por eso es un libro menos poético y más ensayístico, hay más exploración de las relaciones que tiene la reflexión con la narración.

“Todo el libro trata de ser una épica del tacto que no sólo está en las manos sino en toda la piel del cuerpo, pero también es la parte de imaginación que hay en el tacto y en el cuerpo, por eso siempre he dicho que el cuerpo es 90% imaginación y 10% materia; por eso esta idea de que nuestro cuerpo es la imaginación nuestra y la de los otros”.

Lo hace evidenciando la fragilidad de los hombres, alimentado por las historias que le cuentan las mujeres; es tan revelador que algunos hombres ya le han dicho que es un libro claudicante para ellos.

En sus textos hay una certeza de que los deseos no tienen que ver con la satisfacción, porque no es como una botella que se llena; los deseos se alcanzan pero surgen más, creer lo contrario es parte de la mala educación de los mexicanos que consideran que lo importante del deseo es satisfacerlo. Pero no se dan cuenta, por ejemplo, que “hacer el amor es desear que nunca acabe, desear que el acto amoroso sea infinito, sabes que el paraíso tienes que ganártelo cada día”.

La mano del fuego, más que ningún otro de los libros sobre Mogador, es el producto de años de contar las historias que escucha, resultado de una vocación literaria que nació en las reuniones familiares, donde se contaban historias, pero también cuando muchos jóvenes encontraban en sus libros las palabras para hablarle a sus amantes. Se dio cuenta que cumplía el papel de Cyrano de Bergerac.



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