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La lengua preserva la memoria del horror

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Martes 11 de septiembre de 2007
Tal vez el arte y la literatura son las únicas formas que existen para transmitir la memoria de horror que ha padecido la humanidad a lo largo de su historia

Tal vez el arte y la literatura son las únicas formas que existen para transmitir la memoria de horror que ha padecido la humanidad a lo largo de su historia. Así lo concibe la escritora y crítica literaria Sandra Lorenzano: “A pesar de la crisis que implica para el arte y la literatura una situación de horror, creo que son los únicos elementos que realmente pueden dar cuenta de los hechos”.

Sobre ese tema reflexionan cerca de 40 intelectuales, académicos y artistas, en el libro Políticas de la memoria. Tensiones en la palabra y la imagen, coordinado por Lorenzano y el filósofo austriaco Ralph Buchenshorst; un texto que documenta y registra las atrocidades humanas en una época en la que impera la violencia, y reflexionan para qué sirve el arte en medio del horror.

Ya lo decía Paul Celan: “La lengua sobrevivió a pesar de todo”, lo ha abordado Juan Gelman a través de la poesía, y lo ha enfatizado Jorge Semprún en algunos de sus textos. Coinciden en que luego de las guerras, aunque el arte y la lengua estén en duelo, son los únicos capaces de preservar la memoria.

“Semprún dice que, sin duda, la palabra es capaz de salir adelante y transmitir las experiencias de dolor, pero ¿hay alguien capaz de escucharlo?, ¿está nuestra sociedad capacitada y dispuesta a escuchar lo que el arte y la literatura pueden contar sobre el horror?, esa sigue siendo una de las grandes preguntas pendientes”.

En el libro, que ayer presentaron en el marco de la Feria del Libro de Antropología e Historia, Antonio Navalón, Enzo Traverso, Pilar Calveiro, Ricardo Forster, Horst Hoheisel, Clément Chéroux, Marcelo Brodsky, Grupo de Arte Callejero Periferia y Liliana Felipe, entre otros, se aborda el tema de la memoria como resistencia, esa que recupera las voces que la memoria hegemónica pretende cancelar.

“La memoria de la resistencia puede estar en gestos considerados mínimos; pienso en las palabras en español que los escritores chicanos incorporan a sus textos escritos en inglés, o en los arrullos de una madre en la selva lacandona en los que cuenta la historia de su gente”.

A lo largo de casi 40 textos, muestras fotográficas y la letra de canciones inspiradas en el horror y la muerte, diversas voces reconstruyen la memoria de los pueblos, pero no aquella que levantan con monumentos de bronce, sino con pequeños gestos que recuperan lo que Lorenzano llama “una cultura en duelo”.

La crítica literaria señala que no se debe olvidar que la memoria es la base de la identidad y que recordar, ya sea individualmente o como sociedad, quiénes somos y de dónde venimos, permitirá tener una mirada más rica y compleja de la identidad, de ahí que los textos giren sobre dos temas: cómo se construye la memoria de una sociedad, qué es aquello que busca transmitir de su pasado a futuras generaciones, o aquello que busca olvidar, “tapar” o desaparecer; pero también cómo contribuyen el arte, la literatura y la cultura a la construcción de la memoria social.



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