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"Buscamos silencios en una novela, no palabras": Ricardo Chávez

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Lunes 09 de abril de 2007
Pretendió generar una reflexión sobre cómo es que la sociedad actual está perdiendo ciertos usos lingüísticos, "aunque es cierto que estamos aprendiendo otros, lo que nos muestra que nos estamos perdiendo en una larga historia

La obsesión del escritor Ricardo Chávez Castañeda de llevar a los límites más extremos sus historias, sumada a su tendencia de ahondar en las maldiciones, sean personales, familiares o comunitarias, dieron lugar a El libro del silencio, una novela que intenta dilucidar cómo se forma o se pierde un lenguaje.

Su interés es poner a la gente ante el abismo del silencio: "Creo que por eso releemos una novela, no buscamos las palabras, sino los silencios que intuimos".

Pero también pretendió generar una reflexión sobre cómo es que la sociedad actual está perdiendo ciertos usos lingüísticos, "aunque es cierto que estamos aprendiendo otros, lo que nos muestra que nos estamos perdiendo en una larga historia, porque los nuevos usos no tienen historia".

Si en sus novelas anteriores ha creado pueblos enteros, en esta nueva historia, publicada por Alfaguara, ha forjado Riaggoé, una pequeña comunidad esquimal del desierto glacial del norte en la que se habla una lengua distinta a cualquier otra y donde las palabras se han mezclado tanto que han dado lugar a nuevos términos para definir o llamar a los sentimientos, lugares o cosas.

Los habitantes han llegado a esa situación por una maldición que cargan y no han podido conjurar: los hombres no pueden escribir un libro, las mujeres han quedado incapacitadas para tener un hijo, sólo una de ellas menstrúa, saben que cuando muera el pueblo acabará, y las palabras han perdido el poder de nombrar.

Consciente de que a todos los escritores les llega su día de hablar del lenguaje -que es su herramienta de trabajo y les permite traducir una obsesión en una historia-, Chávez Castañeda asegura que él tiene una tendencia siempre a llevar a los extremos y a situaciones límite las cosas.

"Este proyecto es una necesidad de llevar el lenguaje a sus extremos, en esta novela empujo hacia el silencio, en otras será a la locura, la amnesia... mis novelas son una especie de antilibros. Pero también me interesa la maldición como tema, ese deseo vehemente de que te suceda una tragedia, el deseo en su sentido negativo, de desgracia que nos persigue".

El autor de La conspiración idiota y La guerra enana del jardín, asegura que un autor no escribe sobre lo que sabe, sino sobre lo que no sabe pero quiere conocer, en este caso el silencio: "Lo que hacemos los escritores es intentar cercar un silencio, no podemos apalabrarlo porque no existen palabras y en ocasiones creamos una palabra enorme, que es toda una novela para hablar de él".

Chávez se piensa como alguien que hace una narrativa sobre la supervivencia: "Siempre llevo a exponer a alguien a un posible final para ver cómo intenta sobrevivir, yo le llamaría entonces una literatura de los sobrevivientes".

En El libro del silencio todos los personajes están intentando sobrevivir a algo, a un tipo de maldición. "Siempre necesito llevar a mis personajes y a mis historias a este acto que ni siquiera sabemos que existe, con el cual intentamos librarnos de ese final que nos estrecha cada vez más.

Su invento mayor estaría en crear un mundo imaginario, pero real, que quede en la memoria de la humanidad. En esta novela Ricardo Chávez Castañeda inventó que en la comunidad de Riaggoé, en medio de un mundo gélido absolutamente blanco, alguna vez sucedió un hecho atroz, transgresor, y pone a una lingüista a descubrirlo, y le hace pensar que recuperando las palabras el pueblo podrá salvarse.



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