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La tentación de cada día

Wilbert Torre| El Universal
Martes 05 de septiembre de 2006
La pintora mexicana ha saltado del estilo abstracto al figurativo en los nuevos temas de su obra: las fronteras que dividen a los países, inquietud que nace a partir de su estancia en la residencia Yadoo, una mansión neoyorquina dedicada a estimular el trabajo artístico

NUEVA YORK.- Beatriz Ezban es una mexicana que en mayo fue elegida para vivir tres meses en la prestigiosa residencia Yaddo de Nueva York, una mansión en la zona boscosa de Saratoga, Springs, que está destinada a motivar la creación artística de pintores, escultores, escritores y músicos de élite.

Ezban, una pintora abstracta durante 25 años, comenzó de súbito a dibujar figuras y lo hizo con un tema radical: los conflictos en las fronteras del mundo, incluidos los que se dan entre México y Estados Unidos. Recientemente expuso en una galería de Nueva York y pronto llevará su nuevo trabajo a su país de origen. No sabe cómo será recibido, pero dice que seguirá trabajando para borrar los límites entre lo abstracto y lo figurativo.

-¿Cómo explicar la transformación que, una carrera de largo aliento como la tuya, ha tenido en unos cuantos meses?

-Durante las dos décadas pasadas era algo totalmente diferente el ser abstracto o figurativo, y esas diferencias te definían, pero hoy resulta que ya no tanto. La pintura es una sola y lo que hace a un cuadro ser un buen cuadro, abstracto o no, es cómo está realizado, que se sienta en cada pincelada. Podríamos pintar un bodegón y lo importante no sería el tema, sino cómo fue creado. Juego con la idea de borrar los límites entre esas dos formas de expresión.

Fue algo que a mí me sorprendió. Sucedió porque yo venía de hacer la exposición Principios de incertidumbre en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México, donde trabajé con el color plateado, un óleo con polvo de aluminio que, en la medida en que caminas y lo ves, hace aparecer reflejos, una imagen incierta... de ahí surgió el título.

Lo que ocurre es que este diálogo entre ciencia y arte ha continuado, y mi trabajo se ha centrado en la "teoría del campo unificado", que podría ser vista como una sola teoría en la que están presentes, e interrelacionadas, las diferentes fuerzas físicas: la de gravedad, la electromagnética y la radioactiva.

En la radioactiva hay fuerzas fuertes y débiles. Entonces se me ocurrió que una frontera funciona como un campo unificado, donde todas las fuerzas interactúan en armonía. Una obra también está compuesta por fuerzas fuertes y débiles, y ejemplo de ello es un cuadro en el que hay un hombre a gatas y otros rodeándolo con linternas.

-¿Cómo comenzaste a pintar figuras y de qué manera influyó tu estancia en la residencia Yaddo, en Nueva York?

-La figura se me impuso de alguna manera, creo que eso me pasó recién llegué de México... con todo lo que está pasando políticamente, aparecer de súbito en otra realidad lejana es algo impresionante.

También es impresionante cómo, en Estados Unidos, México no existe en lo absoluto, y eso no es simétrico, porque Estados Unidos tiene una presencia cotidiana en México, tanto en lo que piensas y ves, como en aquello contra lo que protestas.

-Define lo que está pasando allá.

-Somos vecinos del centro del imperio y eso nos afecta más que a otros países. Es interesante, en contraste, que Nueva York es un universo tan vasto, rico, grande y autosuficiente que no necesita nada de nadie. Es como si el resto del mundo no existiera aquí; pero al mismo tiempo los americanos siempre están presentes fuera. Son los primeros en ayudar en las catástrofes y también los primeros en causarlas.

-En esta nueva etapa está reflejada la realidad de los dos países; pero ¿también considera la realidad de otras fronteras y conflictos?

-Los americanos viven fuera de la realidad del mundo, eso es cierto y se aprecia en la frontera entre su país y el nuestro. Claro que todas las fronteras son distintas y siempre están presentes, no sólo entre los lindes entre México y Estados Unidos. El mundo vive una realidad de conflictos fronterizos: Israel y Palestina, los países africanos y los europeos. En todas partes existen conflictos de fronteras.

Es impresionante este fenómeno de construir muros. Se trata de un mundo muy independiente, aunque no tanto, porque me viene a la cabeza la dependencia de la economía de Estados Unidos y la de México, sólo que en diferentes formas... reflejo de ello son la migración y la mano de obra barata.

-¿Cómo te sientes como pintora figurativa después de haber pintado abstracto tanto tiempo?

-Como pintora es tan reciente este cambio que aún me sigo preguntando qué seguirá en mi trabajo, si esta figuración será un paréntesis para luego volver a la abstracción, si estoy borrando las fronteras entre lo abstracto y lo figurativo, o si puedo ir de uno a otro sin que la etiqueta defina mi trabajo.

-¿Cuál fue el primer cuadro figurativo que pintaste y cómo lo decidiste?

-El primer cuadro fue uno blanco bastante abstracto que se llama Llegan cruzando el río. Ahí está presente una orilla del río, en la parte superior del cuadro, y la gente que atraviesa está representada con puras líneas. Después fui más hacia la figura, aunque hubo un momento en el que volví a la abstracción, como si me atrajera un campo magnético. Es una lucha entre dos polos, como pasa con la fuerza eléctrica.

-La residencia de Yaddo está llena de prestigio. ¿Cómo llegaste y cómo fue tu permanencia?

-La residencia fue una experiencia muy interesante, a la que es difícil llegar pues hay una selección por parte de un comité muy exigente. Hay artistas de muy alto nivel, ganadores del Premio Pulitzer y compositores internacionales. Yo era la única artista extranjera y, además, la única mexicana.

-¿Cómo era tu relación con los artistas en la residencia? ¿Discutías con ellos, de qué hablaban?

-Teníamos diálogos muy interesantes al comparar los procesos creativos, por ejemplo, sobre cómo es pintar un cuadro, componer una pieza orquestal o escribir un libro. También hablábamos del mundo y sus conflictos.

-¿Esto influyó en el cambio en tu carrera artística?

-Quizá sí por el asunto de ser la única extranjera. Me sentía fuera de lugar porque ellos comparten un mismo contexto cultural y lo viven cotidianamente. Ellos viven muy centrados en sí mismos; pero sí discutíamos la realidad. Hay gente que me dijo que era valiente al tratar ese tema porque muchos no quieren enfrentarlo. Ellos quisieran tener una imagen más justa o benigna, de lo que muchas veces resulta.

Incluso llegué a dudar si estaba haciendo bien en pintar ese tema, porque alguien me dijo que yo era una artista invitada. Hay artistas americanos que han hecho cuadros de la tortura en Irak, pero a fin de cuentas eso es autocrítica, y no es lo mismo que alguien venga a criticar la realidad desde fuera. Yo les solicitaba su opinión al respecto y ellos me dijeron que necesitaban escuchar voces de fuera para poder reflexionar sobre esta circunstancia.

El tema es doloroso para ellos, y para nosotros también. Es doloroso por la culpa que puede generar o la mala imagen que provoca. Hay mucha gente que se siente avergonzada por lo que pasa en la frontera. Las fronteras tienen un fluir natural de gente y el querer construir un muro es impedir ese tránsito natural. Alguien me comentaba que, cuando se presentó este proyecto político, un arquitecto presentó una propuesta que consistía en construir puentes, no muros.

-¿Cuántos cuadros pintaste en la residencia Yaddo y qué sigue para ti?

-Fueron nueve los cuadros realizados durante el tiempo de la residencia, es decir, en dos meses. Al principio pensé que iba a dar una solución abstracta, pero para mi sorpresa la frontera entre lo abstracto y lo figurativo se borró. ¿Qué sigue? No lo sé. En México fui, durante 25 años, una pintora que organizaba mesas redondas para defender a la pintura abstracta. No he llegado a México con estos nuevos cuadros. Creo que va a haber una respuesta de mucha sorpresa.



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