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Alaíde Foppa, fundadora de la Revista Fem

El Universal
Lunes 19 de diciembre de 2005

Lourdes Arizpe y Marta Lamas, fundadoras de Fem , con Alaíde Foppa, evocan a la luchadora social.

Lourdes Arizpe, antropóloga

Debí haber conocido a Alaíde Foppa en 1974, porque era profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Entré a varias de sus clases por mero interés.

Era una maestra muy buena, con una cultura muy amplia. Si no mal recuerdo, Margarita García Flores y Alaíde, en un viaje, platicaron sobre la necesidad de una revista, y nos invitaron a varias jóvenes a fundar Fem.

La publicación tuvo varios méritos: ser una revista hecha por mujeres para reflexionar sobre ellas y como empresa de mujeres.

Alaíde Foppa era una mujer muy refinada. Recuerdo que en la primera reunión de Fem nos sirvió té en una tacitas de porcelana muy delicadas. Era una gran dama y como tal tenía don de gentes.

Trabajé en Fem desde 1975 a mediados de los 80. Cuando la desaparición de Alaíde yo estaba en Málaga y al oír la noticia salí a la playa totalmente desamparada. Su legado es que, como mujer de una clase privilegiada, reconoció las terribles condiciones de vida de los indígenas. Comprometerse con esta causa le costó la vida.

Marta Lamas, antropóloga

Conocí a Alaíde en 1976, cuando ella, con Margarita García, decidió hacer una revista feminista. Yo conocía a Margarita y me llevó a una reunión a la casa de Alaíde, quien se sacó un poco de onda porque no le habían avisado.

A la hora de las reuniones encontramos que nos entendíamos muy bien y se desarrolló entre nosotras una relación muy fuerte. Fem fue la primera revista de México y América Latina.

Las reuniones eran una mezcla de juntas de intelectuales y de amigas cotorras. Hablábamos del número y de la vida amorosa de cada una. Fuimos conociendo la vida íntima de cada una. Las que tenían marido nos platicaban sus broncas. Era una mezcla de trabajo intelectual muy riguroso con chisme y apapacho.

Fem vino a llenar una necesidad. Había un movimiento feminista de cinco o seis años y el nivel de calidad y rigor de la revista cubrió una necesidad de información y de formación.

El año en que matan a su hijo, Juan Pablo, y se muere su marido, dejó esa forma de vivir tan cómoda y burguesa que tenía para comprometerse más con la causa política. Vende su casa y se cambia a un departamento más pequeño. Yo la ayudé a empacar y a seleccionar qué se llevaba y qué dejaba. Ese último año, antes de su desaparición, fue muy importante para ella y lo tengo muy presente. (Juan Solís)



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