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Arman autoras Un hombre a la medida

José Juan de Ávila| El Universal
Viernes 25 de noviembre de 2005
Once escritoras crean una antología inspirada en diferentes partes del cuerpo masculino

Guiadas por la mirada de Claudia Guillén, 11 escritoras se dieron a la tarea de desmembrar a un hombre, de contar cómo es un hombre en partes: una calva, nalgas, columna, pene, ojos. Un David bizarro. Un ejercicio para hallarle la medida al macho.

De allí salió un resumen, una antología femenina del hombre publicada por Cal y Arena: Un hombre a la medida , que en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el próximo lunes, será presentada y comentada por Jorge Volpi, Elmer Mendoza y David Toscana. Un reto para ellos.

Guillén reunió a cuatro de las autoras la semana pasada ante un prototipo, el David que se encuentra en la Plaza Río de Janeiro de la colonia Roma, para contar cómo buscaron en la literatura la medida de su hombre, aunque para la mayoría un hombre a la medida no exista.

Diálogo con Norma Lazo: ¿Tú por qué elegiste estas partes del hombre?

No las elegí, me asignaron las nalgas.

¿Te tocaron en suerte?

Curiosamente fueron las más adecuadas. Tengo un hermano con nalgas de torero y siempre he sentido envidia. Debí haberlas tenido yo y no él.

¿Hay posibilidad de un trasplante?

No, no creo.

¿Igual él se siente mal por ello?

No, no creo, tiene mucho punch con las chicas.

¿Encontraste al hombre a tu medida?

El hombre a la medida no existe, es una broma.

Susana Pagano conoce y usa otras palabras para designar al pene: "reata", "corneta". Pero en su relato sobre una cofradía de mujeres que cada mes se reúne a hablar sobre ese órgano y preparan una pócima seminal prefirió llamarlo por su nombre: "Escogí el pene porque es la parte prioritaria del hombre, para él como género y para la mujer: un hombre sin pene no es un hombre, el pene es lo que le da identidad, virilidad, personalidad. Pensé en hacer algo erótico, pero eso era un lugar común. ¿Por qué no hacer algo más amable, con humor?".

Ana Clavel: "Me tocaron la espalda y la columna vertebral. Yo las elegí porque Hans Bellmer retrata muñecas desmembradas, en su particular visión del erotismo y el deseo. Una de sus afirmaciones es que el cuerpo femenino está cifrado a partir de proyecciones fálicas: los senos de pronto simulan un par de testículos con un falo. A mí lo que se me ocurrió es que el cuerpo masculino también puede tener esas derivaciones. En un cuerpo bien delineado nuevamente vuelves a encontrar esas proyecciones fálicas. Entonces me parecía que las nalgas junto con el nacimiento de la columna formaba parte de una envergadura vertebral. Y la espalda como una proyección fálica del hombre.

¿Qué piensas de las partes del hombre que quedaron fuera de esta antología?

No las echaría de menos. Es un hombre singular, no tiene pelo, pies, pero es una especie de juego para convertirte en Mary B. Shelley y armar una idea de hombre que está funcionando a través precisamente de sus partes. Algo peculiar es que el hombre en esta antología es muy corpóreo; ninguna de las cuentistas escogió la mente o el cerebro.

Adriana González Mateos: ?Se me ocurrió hablar de la calva porque esta es algo realmente masculino, las mujeres no se quedan calvas. La calva es algo vacío, y mis personajes lo ven como un símbolo de autoridad, de sabiduría, de poder o fuerza?.



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