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Agustín Ramos relata una rebelión indígena

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Viernes 08 de mayo de 2015
Agustn Ramos relata una rebelin indgena

TEXTO. Agustín Ramos regresa a la Historia. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

En Justicia mayor, el escritor hidalguense se adentra en un episodio del pueblo otomí, en el siglo XVIII

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

La rebelión indígena del pueblo otomí que se enfrentó a los conquistadores españoles a finales del siglo XVIII en las sierras de Tutotepec, en Tulancingo, Hidalgo, que fue brutal y cruenta, le dio oportunidad a Agustín Ramos a divisar la realidad actual a través de un episodio del pasado. Lo que el escritor sacó en claro después de investigar y escribir su novela histórica Justicia mayor, es que seguimos viviendo una guerra trágica y violenta.

“Ya vamos para 10 años de una guerra que a mí me recuerda mucho de lo que hablaban mis tías, mis abuelas, mis bisabuelas que vivieron en la Revolución, parecía que la Revolución les quedaba muy lejos, sin embargo les llegaba y se les hacía presente ya fuera por medio de una tragedia, por medio de una leva, que ahora son levantones, de una desaparición, de pleitos entre hermanos. La Revolución era una guerra que también era como ahora: no se ve más que en el campo, no se ve más que episódicamente y por supuesto no hay los medios suficientes para decir lo que está pasando pero todos los estamos viviendo y sintiendo”.

Tras dar luz sobre esos hechos que fueron protagonizados por el secretario de la Cámara del Secreto de la Santa Inquisición y alcalde mayor de Tulancingo, capitán don Pedro José de Leoz, conocido como “El justicia mayor”, Agustín Ramos (Tulancingo, Hidalgo, 1952) se dio cuenta de que en México “seguimos hundidos en las mismas dinámicas, bajo diferentes circunstancias”; sin embargo, su personaje fue una víctima de esas circunstancias, pues en el fondo era muy simpático y lleno de virtudes.

La rebelión contada por Ramos no pretende nada más que ser una novela histórica bien contada sobre hechos reales que ocurrieron en su tierra, y hacerlo con un lenguaje que juega y se divierte y propone al lector el mismo trabajo lúdico. Pero no aspira a reivindicar una rebelión indígena que fue aplacada violentamente.

“Yo lo que quiero desde la literatura es llegar a los hechos. Con mi temperamento no cuadra esto de que la novela histórica tiene lugares de fuga, lugares donde tu tienes que inventar e imaginar; para mí la literatura histórica es el uso de la libertad, pero de una libertad muy responsable. Tienes que trabajar a contracorriente; la verdad oficial, la verdad histórica ya está dicha, hace falta llegar a los hechos de los que no se ha hablado, de los que paradójicamente muchas veces se desconoce porque paradójicamente están envueltos en palabras”, señala el narrador.

El arte de contar

Agustín Ramos logró con su novela Justicia mayor (Literatura Random House) contar con un gran uso del lenguaje un hecho ocurrido en el siglo XVIII, que ocurrió en un territorio muy puntual, Tulancingo, Hidalgo, en un grupo indígena muy determinado. Lo que hizo fue contar una microhistoria que entra en la gran historia.

“Este contradecir la historia por parte de la microhistoria nos lleva al hecho de que no hay ni micro ni macro historia, que la verdadera historia es la que hacemos cada día; ya después diferentes circunstancias harán que algunas historias sobrepasen su momento, pero eso no podemos verlo, pienso que la historia, y a veces es el gran logro de la micro historia, es que ha integrado a la corriente de la historia general: la esencia. Antes se pensaba que la realidad la hacían los dioses, después la hicieron los héroes, pues benditos sean los escritores de La Celestina, y del Quijote y de Los sueños, que nos enseñaron, en el español, que la historia la hace la gente, la gente común, la gente vulgar, la gente llena de defectos, la gente de la calle y del prostíbulo”, dijo Ramos.

El también autor de Al cielo por asalto, Como la vida misma y La gran cruzada dijo que no fue querer idealizar la microhistoria, porque realmente aunque no dejan de existir los héroes, el héroe jamás se va a explicar si no es dentro de una sociedad.

Agustín Ramos logró contar esa historia muy a su estilo, con un lenguaje muy vital, de una gran ambición. “Más que ambición yo lo considero una necesidad, una imposición en dos sentidos, uno por el mero gusto de divertirse, por el placer de utilizar y aprovechar la palabra y, en el segundo sentido, porque es un poco navegar a contracorriente, no solamente porque es entrar a un tiempo que aparentemente ya pasó, sino también porque nos ubica dentro de los temas corrientes: podemos hablar del narcotráfico, inventarnos temas policiales, pero sobre todo dentro de la novela virreinal podemos disfrazar nuestra añoranza y nostalgia”.



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