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Un pequeño con casta de músicos

Alida Piñón| El Universal
00:05Miércoles 08 de enero de 2014

Antonio Lopezríos Vázquez tiene 10 años de edad, es mexicano y forma parte de los Niños Cantores de Viena. Miguel Espniosa / EL UNIVERSAL

El pequeño proviene de una familia de artistas y es el segundo mexicano que ingresa al coro que surgió en 1498 y que ha tenido entre sus distinguidos miembros al compositor Franz Schubert. Miguel Espniosa / EL UNIVERSAL

Su padre, Antonio Lopezríos, es director de orquesta y ha sido maestro del Conservatorio Nacional de Música. En esta imagen, el joven en la Musikverein en Viena acompañdo de su padre y su hermana. Cortesía Familia Lopezríos Vázquez

Su madre (izq.) es cantante de ópera y es integrante del Coro del Teatro de Bellas Artes desde hace casi tres décadas. Miguel Espniosa / EL UNIVERSAL

Su hermana, Daila, de 8 años, es estudiante de violonchelo y artista invitada de algunas producciones de ópera del INBA. En esta imagen, Daila con Rolando Villazón en Viena. Cortesía Familia Lopezríos Vázquez

Antonio Lopezríos es Soprano I, una de las mejores posiciones dentro del coro austriaco. Cortesía Familia Lopezríos Vázquez

El joven domina el violín, instrumento que su padre le enseñó desde que tenía 3 años de edad. Miguel Espniosa / EL UNIVERSAL

Por su parte, Daila es una niña de 8 años de edad, está ansiosa por contar por qué un día será directora de escena, dedicada a la ópera. En la imagen, Daila en "El elixir de amor". Cortesía Familia Lopezríos Vázquez

Daila tiene a Ramón Vargas y Rolando Villazón como sus cantantes de ópera favoritos. A su edad, conoce el sonido de los aplausos desde el escenario del Palacio de Bellas Artes. Cortesía Familia Lopezríos Vázquez

Antonio, el padre, es director de orquesta; Laura, la mam, es cantante de pera; el pequeo Antonio

FAMILIA DE ARTISTAS. Antonio, el padre, es director de orquesta; Laura, la mamá, es cantante de ópera; el pequeño Antonio es cantante y su hermanita Daila toca el violonchelo. (Foto: MIGUEL ESPINOZA / EL UNIVERSAL )

Antonio, mexicano de 10 años, es parte de los Niños Cantores de Viena. Proveniente de una familia de artistas, es soprano y toca varios instrumentos

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Antonio Lopezríos Vázquez tiene 10 años, es mexicano y forma parte de los Niños Cantores de Viena, una institución coral con más de 500 años de historia. El pequeño proviene de una familia de artistas. Su padre es director de orquesta y ha sido maestro del Conservatorio Nacional de Música, su madre es cantante de ópera y es integrante del Coro del Teatro de Bellas Artes desde hace casi tres décadas, y su hermana, de ocho años, es estudiante de violonchelo y artista invitada de algunas producciones de ópera del INBA.

Tony, como le dicen sus padres y amigos, es el tercer mexicano que ingresa al coro que surgió en 1498 y que ha tenido entre sus distinguidos miembros al compositor Franz Schubert; antes, en 2003, Pedro Guerrero formó parte de la agrupación, igual que Enrique Jasso, elegido a finales de los años 30. Ser miembro de este célebre conjunto, así como de su internado, es -dice su padre, Antonio Lopezríos- resultado de su esfuerzo y de pertenecer a una familia que ha dedicado su vida a la música.

Después de un año y de formar parte de las giras del Coro que lo llevaron a Asia, Canadá, Alemania y Suiza, Tony regresó a México durante las vacaciones de diciembre para pasar unos días con su familia. Mañana volverá a Austria para seguir siendo Soprano I, una de las mejores posiciones dentro del coro.

Por ahora, está feliz porque los Reyes Magos le dejaron una trompeta y una serie de muñecos. Aún no lo sabe tocar, pero cree que aprenderá pronto y lo dominará igual que a su violín, el instrumento que su padre le enseñó desde que tenía tres años de edad.

Tony es un niño risueño y conversador que recuerda con gusto el nombre de su mejor amigo y con risas al niño con el que no se lleva bien. Las giras con la agrupación le gustan mucho, pero a veces se aburre de cantar "siempre lo mismo". Aun así en los recorridos por los diversos países se fascina con aquellas cosas que le parecen "raras y chistosas": "En Asia comen pollos partidos a la mitad, se les ve todo, la lengua, el cerebro, no me los comí, pero otros sí se comieron el cerebro; en Alemania se compran muchas cosas de Navidad".

Sus padres observan fascinados cómo su hijo se desenvuelve con naturalidad y cuenta a EL UNIVERSAL cómo es un día cualquiera en la vida de un cantante del coro. "En las giras nunca nos acordamos de qué día es, pero cuando no estamos de viaje nos levantamos, desayunamos, ensayamos, damos un concierto y a veces jugamos y vemos la tele. Así son más o menos los días. De septiembre a enero no tenemos clases, el resto de los meses sí, y en agosto nos vamos a Suiza a un lugar donde hay una casa de los Niños Cantores. Lo que más me gusta de viajar son las películas del avión".

Una promesa en la ópera

Daila es una niña de ocho años de edad. Está ansiosa por contar por qué un día será directora de escena, dedicada a la ópera. "En la ópera hay cosas muy bonitas, por eso quiero dirigir, pero me gusta cantar y actuar. Estuve en Madama Butterfly, una ópera muy movida y en La Bohemia. Me gusta mucho oír la voz de los cantantes y la música".

Daila también es risueña, con su padre toca en el piano un tema de Michael Jackson, un cantante que le gusta tanto como el grupo Vázquez Sounds. Los demás, como Justin Bieber, Selena Gómez, "más o menos".

Los compositores de música clásica que menciona sin dudar son Mozart y Schubert. "Sus composiciones son movidas, a mí me gusta bailar, por eso me gusta lo movido", dice. Y cantantes de ópera, Ramón Vargas y Rolando Villazón son sus favoritos.

Como Tony, Daila toca un instrumento. "Me gusta el violonchelo por el sonido bajo que tiene, me impresiona cómo tocan los chelistas como Yo-Yo Ma. También me gusta el violín por su sonido agudo, empecé tocándolo a los tres años, pero me seguí con el chelo".

A su edad, conoce el sonido de los aplausos desde el escenario del Palacio de Bellas Artes. "Me gusta que a la gente le haya gustado lo que todos hicimos".

Talento familiar

Laura Vázquez forma parte del Coro del Teatro de Bellas Artes desde hace ya 28 años y está casada con Antonio Lopezríos, quien ha dirigido a algunas de las importantes orquestas del país, como la Filarmónica de la Ciudad de México, y en el extranjero ha estado al frente de la Berlinier Philarmonie.

La música, dice, forma parte fundamental de sus vidas. "Hemos tratado de inculcar a los niños el amor a la música y al arte", cuenta la soprano.

La familia radicaba en Austria cuando Tony fue seleccionado para ser parte del Coro, al que aplican cada año unos 500 niños. Acostumbrados al ajetreo de un artista internacional, el cambio en la dinámica familiar no fue sencillo. "Todo ha sido un proceso. Ahora que nosotros estamos en México, seguimos pendientes de lo que él hace. Fue un cambio fuerte para todos, por el hecho de que él está muy chico, pero creo que estamos haciendo las cosas bien", dice Laura.

Antonio Lopezríos, formado en el Conservatorio Nacional de Música, con maestría en Holanda y radicado varios años en Austria, alumno del prestigioso director de orquesta Nikolaus Harnoncourt, explica que todavía es pronto para visualizar cuál será el destino de sus hijos, por ahora se concentra en continuar brindándoles las oportunidades y conocimientos para que un día decidan con libertad.

Tony tiene 10 años y su voz le cambiará en un par de años más, sin embargo, dice Antonio, su hijo tiene claro que si desea regresar al país lo puede hacer en cualquier momento. "Él tiene la confianza para decirnos si quiere volver a México cuando ya no le guste, por eso estamos tranquilos. Ahora que ha estado con nosotros lo vemos tranquilo y contento. Tendremos que estar atentos si es necesario hacer cambios. Tony comenzará a tomar clases, además de continuar con los ensayos, vamos a ver qué pasa en los siguientes meses".

Que esta familia impulse el talento de sus hijos no ha sido fácil porque sólo parte de los gastos son cubiertas por el Coro de Niños y por patrocinadores, el resto es cubierto por los padres. Además, en el caso de Daila, estudia en una escuela particular que le permite mantener, entre otras cosas, el dominio del alemán. Aunque las adversidades a las que debe enfrentarse un músico, las conocen bien los Lopezríos Vázquez.

Así, Tony volverá a Viena, Laura empezará sus ensayos para las producciones de ópera de Bellas Artes, iniciando con La flauta mágica a presentarse en febrero; Antonio continuará con las clases privadas de dirección orquestal y Daila seguirá con el chelo.



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