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Instrucciones para narrar unas historias paralelas y sin esperanza

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
Miércoles 26 de febrero de 2014
Instrucciones para narrar unas historias paralelas y sin esperanza

SIGUE LA FERIA. Los tres primeros días de esta semana la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería ha estado dedicada a los jóvenes. (Foto: ARIEL OJEDA / EL UNIVERSAL )

En la nueva novela del escritor Jorge Alberto Gudiño convergen personajes tristes en un pueblo desolado

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

La novela Instrucciones para mudar un pueblo nació de diferentes voluntades de escritura; es una novela conformada por diferentes historias y contada por distintos personajes. “La primera historia que pensé fue la del abuelo y el nieto idiota; es una historia que se me ocurrió y la tuve archivada en la memoria durante mucho tiempo; después mi hermano, que ha trabajado en empresas mineras, me contó un día ‘fíjate que van a mudar un pueblo’, eso como idea me resultó fascinante, no sólo por la partida, también por la llegada, la fundación completa de un pueblo”, afirma Jorge Alberto Gudiño Hernández.

El escritor nacido en la ciudad de México que estudió ingeniería pero su pasión por la literatura desde la infancia lo ató a las letras, asegura que para esta novela publicada por Alfaguara, el mayor reto que enfrentó fueron los personajes que nada tienen que ver con él, que son gente que vive en ese pueblo minero o que llega a él en busca de venganza. Nada que ver con su anterior historia, Con amor, tu hija donde el protagonista era un escritor de bestseller muy famoso “alguien parecido a gente que conozco, en alguna medida”.

En esta historia que se presentará en la 35 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el próximo domingo 2 de marzo a las 19 horas con los comentarios de Eduardo Casar, es una historia que Gudiño Hernández decidió contar desde las perspectivas de algunos de los personajes que se iban a mudar a formar un pueblo minero después de cuatro siglos de estar asentados allí.

“En primer lugar están las perspectivas de algunos de los personajes que se iban a mudar de pueblo; en segundo lugar está el encargado de esas mudanzas que es el abogado que representa a la empresa minera; y por último, está perspectiva de alguien totalmente externo, que es el hombre que está buscando la venganza y que llega al pueblo minero porque ahí está el sujeto de quien se quiere vengar”, señala el narrador que colabora en distintas revistas y conduce el programa de radio “La tertulia”.

Lo que vino después fueron las historias intercaladas poco a poco mientras transcurre la mudanza del pueblo que a él le sigue pareciendo fascinante. “Yo tenía la intención de que las historias fueran leídas como esas instrucciones, por eso cada capítulo comienza con puntos suspensivos, son instrucciones para claudicar las del asesino, instrucciones para triunfar, las del abogado que quiere ascender en su carrera; instrucciones para el dogma las del cura; no sé que tanto podrían funcionar por separado, pues salvo la historia del asesino que escribí de corrido, son historias que escribí intercaladas”, señala.

La novela es depurada en el lenguaje, Gudiño Hernández es un obsesivo del lenguaje, pero además dice que tal vez esa redondez en su lenguaje tiene que ver con que él escribe sus novelas a mano y al escribir más lento que en la computadora tiene tiempo para pensar e ir agarrando el ritmo de la historia; ya luego, por la noche transcribe para no soltar el tono que está manejando y también para no perder mis originales “nunca los he perdido pero me da miedo que un día ocurra”.

La novela que arranca con una frase letal: “Si en verdad se puede morir de tristeza, no entiendes por qué sigues vivo”, dicha por un asesino a sueldo que busca venganza, es ante todo la historia de mudanza de un pueblo y la historia de un padre al que le han matado a un hija y su único deseo es asesinar al que lo hizo.

“El asesino que yo cree es al fin de cuentas un padre de familia que ha perdido a su niña; sí es asesino pero también es una persona que está pasando por un dolor muy intenso y una tristeza en la que él cifra sus esperanzas, él quiere ver si en verdad él puede morir de tristeza; lo peor es que no puede”, asegura el también autor de Los tres nunca van hacia el este.

Jorge Alberto Gudiño Hernández asegura que sus personajes son muy lejanos, no en el sentido de que no se le parezcan sino de que es muy poco probable de que él haya conocido o platicado con ellos. “Nunca he platicado con un cura de pueblo que hace una transgresión casi mística; nunca he platicado, que yo sepa, con un asesino; nunca he platicado con una cantante afónica de pueblo; nunca he platicado con nadie dentro de los múltiples personajes que plantee y ese era el reto para mí”, concluye el escritor.



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