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?Hay que darle tiempo a Fox y después valorar su gobierno?

Eduardo Cruz Vázquez| El Universal
Lunes 19 de febrero de 2001
?Hay que darle tiempo a Fox y despus valorar su gobierno?

. (Foto: )

Fernando Macotela habla de sus vivencias en el cine durante los gobiernos de Echeverría -de quien dice ?actuó conforme a los intereses de su carrera política en el movimiento del 68?-, López Portillo y Salinas; desmiente versiones sobre el incendio de la Cineteca

Si su padre no hubiera sido asesinado por alguno de los que, en pleno cardenismo, se oponían a la reforma agraria, el hoy director de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería presumiría un singular nombre: Ejido.

La muerte nunca aclarada de su papá, lo hizo un niño sietemesino que fue registrado como Fernando Macotela Vargas en Cuautitlán, Estado de México, en 1938. Con el tiempo, su madre, Evangelina, le brindó dos hermanos, Juan Andrés y Miguel, a quienes ha llegado a querer también como hijos y no sólo por los años que les separan, sino porque durante su vida matrimonial no procreó familia.

Después de una breve estancia en la colonia Guerrero, la niñez de Fernando Macotela Vargas transcurrió por las calles de la Roma. La primaria y la secundaria las cursó en el Liceo Franco Mexicano, lo que convirtió el francés en su segunda lengua.

El recuento de la vida pasa también por la Preparatoria 1, con el recuerdo de los extraordinarios maestros de historia que tuvo; se mueve por su primer viaje a Francia para perfeccionar el idioma y por la inscripción sin que su madre le consultara, a la facultad de Derecho de la UNAM, bajo el argumento de que como hablaba mucho sería buen abogado.

Tiempos en que el joven Fernando Macotela Vargas asistió con pasión a cuanta película se programaba en el cine club de la universidad y participó en el grupo "Nuevo Cine" al lado de personajes como Salvador Elizondo, José de la Colina y Emilio García Riera; años en los que la lectura y la escritura de cuentos, de la mano de Efraín Huerta, su entrañable amigo, le abrieron espacios para adentrase en la vida literaria y cultural del país.

Su camaradería con Luis "Tito" Echeverría, hijo del entonces secretario de Gobernación del presidente Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, lo llevó a su encuentro profesional con el mundo de la cinematografía: bajo el mando de Mario Moya Palencia, fue designado jefe del departamento de Supervisión en dicha dependencia del Ejecutivo.

El Movimiento Estudiantil del 68, dice Fernando Macotela Vargas haberlo vivido "con el corazón", con un sentimiento de extrañeza por estar trabajando en una área involucrada en las decisiones que llevaron a la matanza del 2 de octubre. Considera que Luis Echeverría actuó conforme a los intereses de su carrera política y en la lógica de las obligaciones de su cargo y acota que nunca más debe de repetirse un hecho tan doloroso para la sociedad que siempre deberá ser repudiado.

Este hombre de mediana estatura, tez morena, cabello completamente cano y de gran facilidad de palabra, dejó pocos meses antes de la sucesión presidencial de 1970 su puesto en Gobernación: lo cambió por una beca del gobierno francés para estudiar cine, factura pendiente "antes de que se me fuera el camión".



Los caminos de la vida pública

¿Cómo fue esa experiencia en Francia?

Mis intereses estaban muy definidos hacia el cine, salvo por lo que se refiere a la dirección que no me generaba atracción. Con dicha beca se supone ingresaría al Instituto de Altos Estudios Cinematográficos, pero resultó que a raíz de los sucesos del 68 en París, la escuela estaba aún "desarmada". Pasaron cuatro o cinco meses de ese 1969 y no veía claro. Entonces me quejaba con mis amigos a través de las cartas que les escribía y esas quejas llegaron hasta Mario Moya Palencia, quien contactó a la gente de la Secretaría de Relaciones Exteriores. De esta forma, un día me hablaron de la embajada, para decirme que tenía un nombramiento y así fue como asumí las funciones de agregado de prensa y cultura, teniendo como jefe a don Silvio Zavala.

Usted regresa a hacerse cargo del Festival Cervantino.

Un día llegó, con el objeto de firmar un acuerdo bilateral cinematográfico con Francia, Rodolfo Echeverría, a quien había tratado fugazmente. Y como que "me echó el ojo", ya que en los primeros días de diciembre de 1972 sonó el teléfono de mi casa y me expresó: "fíjese que lo acabamos de nombrar director del Festival Cervantino", y no me dijo que si me interesaba, sino que lo dio por hecho.

?Vine a México a enterarme de cómo estaban las cosas y tuve pláticas con la entonces presidenta del Patronato, doña Dolores del Río. Y querían que en dos meses se organizara el festival, a lo cual me negué, ya que soy enemigo de la improvisación. Comprendieron mis razones, y así me tocó dirigir dos ediciones del Cervantino?.

¿Qué balance podría hacer del festival ante la perspectiva de los años?

Reconocer su labor positiva, porque en cada festival hay mucha gente que deja la vida. Debo decir, en descargo, que desde ese entonces nunca he vuelto al FIC. En general, entiendo que se han dado buenos programas. Cuando se habla de darle mayor independencia, entiendo ésta como una forma de favorecer los criterios de calidad y la desburocratización que le hacen bien a cualquier institución cultural.

?Y en ese sentido entendería una mayor participación de la iniciativa privada, en la medida en que su colaboración no le reste autonomía ni determine los criterios de programación?.

Usted participó, tiempo después, en las políticas cinematográficas del presidente Echeverría.

Efectivamente. Es en esos años cuando se viene una "sacudida" a los productores de cine por parte del gobierno de Echeverría, en la que les dice que están actuando como en negocios de viudas, no invierten, no están haciendo nada por el cine nacional y entonces se crean una serie de empresas estatales. Y Rodolfo Echeverría me lleva al Banco Cinematográfico como coordinador del plan de reestructuración. Ya existía Conacine, pero se dio paso a la creación de Conacite I y Conacite II y yo me hice cargo de la primera de ellas que, en escaso año y medio, produjo 18 películas.

Sin embargo, fue a la vez un periodo muy criticado.

La política de Echeverría fue polémica después de su mandato, no durante el mismo, ya que la llamada "estatización" duró tan sólo año y medio. Fue un momento positivo del cine, porque la producción tradicional se abismaba tanto en cantidad como en calidad y las distintas medidas dieron oportunidad a varios de los hoy cineastas maduros como Ripstein, Hermosillo, Cazals y Fons. El cine no se estatizó, ya que había mucha participación. Se vieron muy claramente los resultados, el público se incrementó y le gustó ese cine en el que se vio reflejado.

Con la llegada de José López Portillo a la Presidencia, regreso al Banco Cinematográfico. Bajo el criterio de tener alguien de confianza que le controlara los medios de comunicación, el presidente designa a su hermana Margarita en una instancia nueva que todavía hoy conocemos como RTC (dirección general de Radio, Televisión y Cinematografía).

?Y comienza todo ese cambiadero de funcionarios, lo que trajo entre otros casos famosos el del "13 del 13", cuando el Canal 13 de televisión llega a sumar tantos directores; igualmente sale el director de Cinematografía y es cuando me invitan a ocupar dicho cargo, en el que sólo duro tres meses. Junto con otros compañeros como Carlos Velo y Rafael Corkidi, salimos en medio de un escándalo, acusados de cuanta cosa, como del supuesto desfalco de dinero, señalamientos que se caen a la semana?.

Usted ocupó, en el gobierno de De la Madrid, la dirección de Cinematografía. ¿Hay luces o sombras sobre su gestión?

Puedo decir que ejercí con una libertad absoluta en la programación de la Cineteca. No hubo censura; otra cosa eran las presiones para que no salieran ciertas películas como "Los motivos de Luz", de Felipe Cazals, a la que se oponía un grupo de mujeres ultras, lo cual incluso me costó una demanda porque por supuesto que se programó. Otro caso "sonado" fue el de la cinta "Yo te saludo María" (o "Ave María") de Godard, que se decía no tenía permiso cuando en realidad nadie le importó. Estimo que en mi administración contribuimos a que se ampliaran los criterios de las clasificaciones.

¿Algo nuevo que nos pueda decir sobre el incendio de la Cineteca?

Bueno, la historia que siempre se ha dicho es que explotó el nitrato, lo cual no es cierto. Tres o cuatro meses después del incendio, fui a dar una conferencia al Centro de Capacitación Cinematográfica y para ese entonces ya no había vigilancia. Me metí y anduve viendo y descubro que en el sótano estaban todas las cosas de nitrato intactas. ¿Qué ocurrió realmente? No sé, pero el nitrato no ocasionó tan lamentable hecho.

¿Por qué llegó a tardarse tanto la decisión de pasar la Cineteca Nacional al sector cultural?

Lo interpreto como la resistencia típica de una dependencia a no perder instancias, a reducir la carga de sus responsabilidades, no tanto a un factor de control o censura. En todo caso, recordemos que las funciones normativas aún permanecen en el ámbito de Gobernación. Su integración al Conaculta fue un paso normal, adecuado. Pero eso no quiere decir que no funcionó bien en años pasados; Manuel Bartlett decía que la Cineteca era el rostro agradable de Gobernación.

Llegan entonces los tiempos del salinato.

Y entra Ignacio Durán al Imcine. Soy invitado, por intermediación de Víctor Flores Olea, a dirigir las dos productoras que quedaban, pero con la diferencia de que se me plantea apoye a conducir su proceso de liquidación; que si había estado en su fundación, era la persona indicada para liquidarlas. Y yo que tanto defendí esas productoras, me di cuenta de que ya no funcionaban. Y naturalmente que, al concluir esa labor, me quedé sin trabajo fijo.

?Justamente en esos días, mis amistades de la Secretaría de Relaciones Exteriores me informan que hay un puesto internacional por elección en el Instituto Italo Latinoamericano con sede en Roma y que México nunca había tenido esa posición y que deseaban proponer mi candidatura.

?Y gané el puesto. Lo que en un principio era para dos años, se extendió a seis, de tal manera que regresé a México en 1997.

?Después de realizar algunos trabajos para la Organización de Estados Americanos, una queridísima amiga, Cristina Payán, me dijo que buscaban un subdirector para el museo ?Rufino Tamayo?. Fui a hablar, me gustó y acepté, pero pocas semanas después, José Ignacio Echeverría me pregunta si no quiero ir a la dirección de Publicaciones de la UNAM. Así que pedí disculpas en el Tamayo y de esta forma entré a un lugar de trabajo en el que fui muy feliz, como pocas veces en la vida.

Tras el conflicto estudiantil, me "traspasaron" a la dirección de la Feria Internacional del Libro de Minería, labor que disfruto plenamente?.

Se ha criticado que la Feria ha venido a menos, que ha sido superada por celebraciones como la de Guadalajara ¿qué opina al respecto?

No estoy de acuerdo, además de que no me convencen las comparaciones. Para este año, por ejemplo, tenemos vendidos todos los espacios y la feria constituye en sí toda una tradición que recibe miles de visitantes. Su sede en Minería, ofrece atractivos que otras ferias no tienen, como la dimensión misma de sus espacios, con su programa de actividades de alta calidad y su carácter privilegiado de ofrecer ventas directas al público. Es la gran librería de la que podemos gozar por diez días. Y si ciertamente se ha llegado a considerar un cambio de sede, o crear espacios alternos, pienso que por ser la más antigua y por las características que le definen, debe permanecer en Minería. Es una "joyita" que debemos conservar. En todo caso, para su concepción, creo que debemos privilegiar la calidad sobre la cantidad.

Fernando Macotela Vargas considera que la política cinematográfica del Estado debe propiciar apoyos "razonables" a los verdaderos empresarios, ya que ninguna industria, ni la misma norteamericana, podría sobrevivir sin el auxilio de las autoridades. Respecto al Reglamento de la Ley de Cine, que se encuentra en elaboración, estima que podría subsanar las lagunas de la misma. En el ámbito de las instituciones culturales, por otra parte, aprecia "lo difícil que es trabajar, porque cada quien tiene una idea de lo que debe hacer". Respecto a la UNAM, como base cultural del país, "no está perdida en lo absoluto", si bien requiere de modificar sus estructuras.

Finalmente, cree que al "señor" Fox hay que darle tiempo para valorar los resultados de su gobierno, en tanto que al PRI, el cual "no se ha ido", no le ve muy factible recuperar la presidencia de la República.



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