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Economía Informal | Macario Schettino

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Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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Jueves 18 de agosto de 2011

Con el país de mayor consumo en el mundo creciendo poco, todos los países crecerán poco. De hecho, así fue en la década de los 90. Pero en la siguiente década, parecía que todo mejoraba. Precisamente porque los estadounidenses pensaron que eran ricos, y gastaron más de lo que podían.

En la década de los 90, Estados Unidos creció poco menos de 2% anual por habitante. Un poco menos que las décadas previas. Pero en la primera del siglo XXI se destaparon, y llevaban un ritmo de 3.2% anual hasta que llegó la crisis. Ese punto adicional de crecimiento jaló al resto del mundo.

Alemania duplicó su crecimiento (de 1.4% a 2.7% anual por habitante), Canadá (1.3% a 2.4%), nosotros muy parecidos a Canadá, Japón lo triplicó (de 0.7% a 2.4%), y China quedó en medio (de 5.4% a 11.1%). Menciono estos países porque son los principales socios de Estados Unidos, y entre los cinco cubren más de la mitad de las importaciones de ese país. Otros dos países que crecen más que antes, como India (pasa de 3.4% a 7.2%) y Brasil (de 0.9% a 3.8%) no son grandes exportadores a Estados Unidos. El primero ha crecido vendiendo servicios, y el segundo vende a los que le venden a Estados Unidos.

Pero lo relevante es que si esperamos que el crecimiento de Estados Unidos promedie 1% durante la próxima década, sería de esperar que el crecimiento en los países socios se reduzca a la mitad de lo que era en los 90, que es cosa de una cuarta parte de lo que fue en los últimos 10 años, o menos. No es una perspectiva halagüeña, entiendo, pero eso es lo que podemos esperar. No olvidemos que entre las 10 economías más grandes del mundo, la única que compra es Estados Unidos. Los otros nueve no compran: China, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Rusia, India y España.

Entonces, para que México pueda crecer por encima de un punto al año, hay que hacer algo diferente. Hay dos opciones muy claras: podemos vender más al resto del mundo, ganando espacio en el mercado, o podemos vender más aquí mismo. Lo primero exige que desplacemos a otros, que no se van a dejar tan fácil, y lo segundo, también.

Es más fácil ver el primer caso: si queremos vender más en Estados Unidos, lo tenemos que hacer desplazando a China, Japón, Canadá o Alemania. Hay que quitarle mercado a esas economías, vendiendo lo mismo que ellas, pero más barato o de mejor calidad. Ya hoy México tiene cosa de 12% del mercado estadounidense total (casi 13% en manufacturas), que no es poco. De hecho, es un récord, nunca habíamos tenido tanto. Pero hay que pasar, en los próximos cinco años, a 15%. Estados Unidos importa más de 2 billones de dólares al año, de forma que este incremento implica que nuestras exportaciones pasen de 350 a 400 mil millones de dólares anuales. Gran parte de las manufacturas que vendemos en Estados Unidos son producidas por empresas de ese país, que se han instalado en México para aprovechar una buena mano de obra a un buen precio. Esto siempre ha provocado críticas en nuestro país porque dicen que malbaratamos nuestra mano de obra, pero en realidad el efecto ha sido el contrario. Gracias a este mercado, muchos mexicanos tienen oportunidad de producir en serio, y no tienen que vender mercancía pirata en la calle ni tienen que migrar a Estados Unidos. Sin duda que sería mejor que hubiese empresas mexicanas que les diesen empleo, pero ésas no existen. Ni han existido. Comparar contra una imaginación no sirve de nada.

Y esto nos lleva a la segunda posible estrategia: vender más dentro de México. Muchos insisten en que esto no es posible porque la gente no tiene dinero. Pero si eso fuese cierto, entonces no deberíamos tener un déficit comercial. Si importamos más de lo que exportamos, esto significa que hay muchos que están comprando cosas hechas fuera de México. Ocurre entonces que a pesar de que tenemos hoy una parte mayor del mercado estadounidense, hay otros países que tienen una mayor parte de nuestro mercado. No porque se lo quiten entre sí, sino porque se lo quitan a empresas mexicanas. Si esto es así, debe ser porque venden cosas más baratas o mejores. Y entonces llegamos al problema inicial: si queremos crecer, tenemos que producir mejor. Y eso es lo que nos permitirá tener una mayor fracción del mercado estadounidense… y del mexicano.

El problema fundamental de México es que somos improductivos. Hacemos las cosas mal y de malas, y queremos venderlas caras. Eso no funciona, ni siquiera aquí mismo. Así que cuando alguien llega con productos medianitos a buen precio, desplaza a la producción nacional. Y la costumbre es ir a pedir apoyos al gobierno, que para las pymes, que para el abasto, que para apoyar el contenido nacional.

Tenemos que reconocer que producimos mal para poder hacerlo mejor. Y tenemos que entender que el origen de nuestra improductividad está en las malas reglas. Un mexicano que se va a Estados Unidos, en promedio, es tres veces más productivo. Y no por cruzar la frontera se incrementa su capital humano, ni acaba trabajando en empresas con mucho más capital físico. Es un problema de malas reglas. Las reglas en México se hicieron durante el siglo XX para que funcionara el régimen político. Ése era su objetivo, y no que México fuese un éxito económico. Por eso la Ley laboral es tan restrictiva, porque su objetivo era dar poder a los sindicatos, que sostenían al régimen. Por eso tenemos cientos de programas de apoyo, al campo, a pymes y a quien usted guste, porque con eso se compraba la voluntad de las mayorías. Por eso tenemos una estructura fiscal pésima, porque con eso se evitaba conflicto con empresarios y clase media. El caso es que tenemos reglas hechas para mantener un régimen corporativo que ya ni siquiera existe, pero cuyo soporte (sindicatos, empresarios, campesinos, etcétera) hay siguen, viviendo de los demás.

Si queremos que México crezca un poco más, y que pueda sortear esta década, que amenaza perderse para el mundo entero, hay que entender que heredamos una estructura legal y económica ineficiente y absurda, y hay que transformarla. Hay que hacer reforma laboral en serio, energética y fiscal. Hay que corregir los trámites locales. Con eso, y con trabajo, algo podremos lograr. Sin reformas, le auguro 10 años muy malos. Ahí usted elija.



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