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Bajo microscopio | Eduardo Brizio

El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innu ...





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Lunes 30 de mayo de 2011

Se destapó la cloaca en el máximo organismo que rige el balompié en el mundo. Resulta que, casualmente, el contrincante de Joseph Blatter para contender por la presidencia de FIFA (el catarí Mohamed Bin Hamman), fue suspendido temporalmente por el Comité de Ética, acusado de comprar votos en la zona caribeña y de paso se llevó entre las patas al presidente de la Concacaf, Jack Warner, quien por cierto, tiene un largo historial de corruptelas y sospechas que pesan sobre su espalda.

Esta triste situación pone a Blatter como único candidato para ganar las elecciones próximas a celebrarse y así perpetuarse en el poder por lo menos durante otros cuatro años más.

Hace unos días, Diego Armando Maradona tuvo el cinismo de declarar que la selección de Argentina jugó dopada en el partido por la calificación hacia el Mundial Estados Unidos 94 frente Australia, en virtud de que les suministraron un “café veloz” y que no se les practicó examen toxicológico alguno, gracias a la intervención de Julio Grondona, alto directivo del futbol pampero, quien no negó los hechos, sino que tuvo la cara dura de afirmar que había procedido de esa manera para “proteger” a Maradona, ya que “sabía de sus adicciones”. ¡Órale!

Sin querer profundizar (debido al afecto que tengo por Billy Álvarez), lo que está ocurriendo en el futbol mexicano respecto de los dimes, diretes y acusaciones de corruptelas en el seno de la Cooperativa Cruz Azul y que involucran directamente a La Máquina Celeste, me parecen patéticos.

La cuestión de la reventa, cuando un alto directivo del equipo local en donde se disputará un partido estelar pone a disposición de los revendedores casi todo el boletaje, asegurándose una generosa remuneración, libre de impuestos.

La danza de directores técnicos auspiciados por otros “criminales de cuello blanco” que reciben el rimbombante nombre de “promotores”. El mercado de piernas del balompié nacional, mejor conocido con el elegante mote de “draft”. El “pacto de caballeros”, que algún hijo de la fregada atinó a bautizar de esa aberrante manera.

Los jugadores que “le mueven el tapete” al técnico, bajando intencionadamente su rendimiento para que su entrenador sea removido de su puesto.

Los futbolistas que se indignan, debido a que son sancionados porque luego de un partido organizan una parranda en donde corre el vino las mujeres y hasta los travestis.

Un comité de penas al servicio de intereses oscuros que pone y quita sanciones, me atrevería a decir, a discreción (por no afirmar a petición).

La próxima vez que usted, estimado lector, se tome el atrevimiento de gritar “árbitro ratero”... piénselo dos veces.

 



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