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Atando cabos | Denise Maerker

Elba Esther Gordillo

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

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Que la dirigente magisterial y su grupo no tengan escrúpulos, no debería ser tan preocupante si no fuera por la debilidad de las autoridades educativas

Miércoles 19 de enero de 2011

Alonso Lujambio, que quiere ser presidente, dice que no conoce ningún país en el que el sindicato de maestros no participe en política. Puede que tenga razón, lo que se le olvida decir es que tampoco se sabe de ningún país en donde la autoridad educativa esté, de facto, en manos del sindicato de maestros, ni de ninguno en donde el líder sindical tenga su propio partido político, como es nuestro caso. Por eso, ni él, ni el secretario de Educación de Baja California Sur se preocupan ni se ocupan de que ese partido político esté repartiendo propaganda política a la salida de las escuelas.

Es la última ocurrencia de Elba Esther, o como tan acertadamente la bautizó mi amigo y nuevo director del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), Juan Pardinas: Elba Estalin Gordillo. Juan tituló así su colaboración en el Reforma cuando descubrió que los consejos de participación social en las escuelas públicas, imaginados para que los padres y la comunidad tuvieran representantes dentro de la escuela, o no se habían instalado o estaban en manos de gente del sindicato.

Ahora, no satisfecha con tener un partido político gracias a la falta de transparencia con la que maneja los recursos económicos y humanos del sindicato —porque es gracias a que nadie sabe bien dónde está cada maestro, que ella puede disponer de ejércitos de maestros “comisionados” para sus múltiples actividades político-electorales—, ahora ideó una estrategia para llegar a las casas de los electores de Baja California Sur, que van a salir a votar en tres semanas: entregarles afuera de las escuelas a los niños cuadernillos para dibujar que tienen leyendas sobre sus derechos y que rematan invariablemente con una frase que promociona al Panal. No contenta con controlar a los maestros, ahora quiere usar a los niños.

Hacerlo, dicen los especialistas en derecho electoral, no es ilegal, siempre y cuando la repartición no se haga dentro de las escuelas. Nuestra legislación no protege a los niños del proselitismo que quieran hacer a través de ellos los partidos políticos.

El que los niños no deberían ser objeto de la propaganda electoral, parecería ser un valor compartido por todos, pero no, fue demasiada tentación para el Panal, que tiene, además, garantizada la complicidad de los directores de escuela y la protección de los secretarios de educación. Y es que, regalando cuadernillos se le llega a los padres vía sus niños, y de pasada se deja sembrada la semillita de la simpatía por el partido de los bonitos cuadernos en los futuros electores.

Que Elba Esther y su camarilla no tengan escrúpulos, no debería ser un asunto tan preocupante si no fuera por la debilidad manifiesta de las autoridades educativas. Ahí esta Alonso Lujambio, un hombre preparado, escondiéndose como puede en vez de dar la cara y poner límites. No puede y aceptó el cargo sabiéndolo.

Entonces, habrá que hablarles a los niños de política y partidos, rápido, porque si al Panal no lo detienen, mañana estarán a la salida de las escuelas junto al que vende chicharrones, los representantes del PRD, PAN, PT y PRI ofreciendo de todo, eso sí, siempre con las mejores intenciones.



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