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Itinerario Político | Ricardo Alemán

¿Cuánto saben los curas sobre el narco?

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Miércoles 03 de noviembre de 2010

De suyo reveladores, los señalamientos sobre presuntos vínculos con el narcotráfico y el crimen organizado que dio a conocer el semanario Desde la fe, plantean una pregunta fundamental: ¿cuánto saben los sacerdotes católicos sobre el narcotráfico?

Vale el tema, porque en el caso del crimen y el narco se cumple a la perfección el refranero popular: “¡de que la perra es brava, hasta a los de casa muerde!”. ¿A qué nos referimos? A que por primera ocasión en décadas la jerarquía católica revela lo que sabía desde hace años: que amplios sectores sociales están “hasta el cuello” en el narcotráfico.

¿Y por qué hasta ahora los sacerdotes católicos deciden abrir la boca? Elemental, porque el poder fáctico y corruptor del crimen y el narco ya no respeta ni a los sacerdotes, a los que secuestra, extorsiona, chantajea y amenaza. Y también los sacerdotes están cerca de ser parte de la estadística de las víctimas del crimen, igual que los médicos, abogados, periodistas...

Primero vale decir que no es nueva la pregunta sobre lo que saben los sacerdotes católicos y tampoco es reciente. Es decir, que la relación entre criminales organizados, narcotraficantes y jerarcas católicos viene de lejos. El escándalo más sonado en los tiempos recientes —y que está en la memoria de muchos—, se produjo en los tiempos del salinato, cuando Jorge Carpizo denunció las narcolimosnas y a los narcoperiodistas.

También en esos tiempos, un sector de la Iglesia católica denunció al mismísimo nuncio apostólico, Jerónimo Prigione, de hacerse de la vista gorda frente a crecientes evidencias públicas de que los criminales y narcotraficantes eran los grandes contribuyentes de limosnas a no pocas parroquias del país. En Tijuana y Yucatán, por ejemplo, esas limosnas sirvieron para construir seminarios.

Y es que desde hace por lo menos dos décadas la Iglesia católica sabía lo que apenas hoy se atreve a decir de manera pública: que sectores políticos, empresariales, de gobernantes, periodistas y, claro, sacerdotes, están metidos hasta el cuello en las actividades criminales. ¿Por qué la jerarquía de la Iglesia católica ha guardado silencio? ¿Cuánto más sabe? ¿Hasta dónde continuará con el juego de comparsa? ¿Por qué no se atreven los jerarcas a revelar las complicidades?

Hoy abren la boca porque el agua les llega a “los aparejos”, y porque en rancherías y pueblos ya es insoportable la presión del crimen y el narco contra los curas, a los que abiertamente han convertido en aliados y en rehenes.

Pero si saben todo eso, ¿por qué no hablan? Al final de cuentas esas pequeñas o grandes complicidades dan forma al monstruo que todos hemos creado: la hidra de mil cabezas del crimen y el narco.

 

 

 

 



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