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Vitral | Javier Solórzano

Es la actitud, estúpido

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Iberoamericana en ...





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Viernes 15 de octubre de 2010

No son sólo dos minas diferentes, son sobre todo dos actitudes diferentes. Mientras el gobierno chileno asumió el problema como propio, el mexicano, en Pasta de Conchos, terminó por jugarle al barato diagnóstico del “esta grillando y los familiares están divididos”. Como no iban a estar divididos si hicieron todo lo posible para que esto pasara. Mientras el gobierno chileno materialmente se traslado a la Mina San José, el de nuestro país salió corriendo a punto de ser linchado.

La clave no es si una mina era más peligrosa que la otra. La diferencia estuvo en la actitud. El presidente Sebastián Piñera no dejó en otras manos las responsabilidades. Un efectivo secretario de Estado tomo el mando al tiempo que Piñera estaba al tanto de todo. No había necesidad de que estuviera en las afueras de la mina. Lo que hizo fue sensato, habló públicamente del tema todo lo que debía, no lo soslayó, y cuando intuía que debía estar en el lugar estaba.

Pasta de Conchos fue un problema mayor que se enfrentó cuidando, por encima de todo, los intereses de la empresa. Todo fue supeditado a un conjunto de circunstancias que al paso del tiempo terminan por ser incomprensibles. Desde el primer momento aparecieron los cuestionamientos sobre el funcionamiento y mecanismos de seguridad en la mina. Las respuestas fueron evasivas y no terminaron por ser lo suficientemente claras. Los innumerables desplegados de prensa del Grupo Minera México nunca dieron claridad. Eran parte de su defensa más que una explicación. El grupo aprovecho su evidente influencia en sectores de gobierno y de medios de comunicación, particularmente la televisión, para pasar en más de una ocasión de corresponsable a un rol que nunca le quedó, el de víctima de las circunstancias.

La cantidad de intereses que entraron en juego en Pasta de Conchos llevó a que la muerte, el sufrimiento y el dolor de los familiares pasaran a ser uno escenario más de la tragedia. Por todos lados se lucraba con el drama de los mineros y sus familiares. La insensibilidad ha caracterizado al gobierno. Recordemos como muestra lo dicho por funcionarios de diversos niveles, incluyendo al presidente, sobre temas como el asesinato de estudiantes en Salvarcar, Ciudad Juárez, y el de los estudiantes asesinados del Tec.

La especulación y los escenarios colaterales fueron ganando terreno en Pasta de Conchos. Que si Napoleón Gómez Urrutia, que si don Raúl Vera, que si Moreira, que si. Que si y más que si….. Son tantos los intereses que nos rodean que resulta difícil siquiera imaginar una actitud como la que se dio en Chile. El gobierno, por más que diga lo contrario, no fue “decente”, para hablar en sus términos, en la tragedia de Pasta de Conchos. Resulta irónico, por no decir otra cosa, escuchar a la clase política desbordarse en felicitaciones al gobierno y pueblo chileno. Le digo, es una cuestión de actitud, sentido de gobernar y de la vida misma.

¡OOOOUUUUCHCHCHCH!

Ayer en la comida de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión de nuevo la disyuntiva. Los medios en función de coyunturas o los medios bajo su autonomía, libertad, transparencia y pluralidad. A veces la CIRT se queda congelada en el tiempo.



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