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En la Línea | Félix Fuentes

Van 28 mil muertos por narcotráfico en el sexenio, lo cual no sacude al país

Se enorgullece Félix Fuentes de ser reportero porque esta profesión, afirma, permite conocer al ser humano en sus grandezas y miserias. Tras ...

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Jueves 05 de agosto de 2010

Perdida la capacidad de asombro y el horror a la muerte, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), informó ante el presidente Felipe Calderón que ha contabilizado 28 mil asesinatos en este sexenio vinculados al crimen organizado. Quienes escucharon esa cifra fatal ni se inmutaron.

Con los ataúdes de tantos muertos se podría llenar dos veces la plancha del Zócalo y faltaría espacio para otros dos mil.

Según el plano del Distrito Federal y registros satelitales, la plancha de la Plaza de la Constitución abarca, sin incluir áreas de circulación vehicular, 18 mil 200 metros cuadrados.

Si cada féretro mide dos metros de largo por 70 centímetros de ancho, operaciones aritméticas simples indican que en esa superficie cabrían 13 mil ataúdes. O sea, habría que llenar dos veces dicha plancha y todavía faltarían dos mil lugares. El número de tantos muertos se maneja como cifra estadística o índice financiero.

Es de recordar que cuando llegaban a Estados Unidos los ataúdes de soldados caídos en Iraq, los reclamos subían de tono y el presidente George W. Bush prohibió la difusión de fotografías de los mismos, a fin de detener el desencanto general.

En la guerra del Medio Oriente, guerra de verdad, han sido abatidos 4 mil 400 soldados estadounidenses y las protestas de los deudos continúan. Ello obligó a Barack Obama, desde cuando era candidato, a prometer el fin de las matanzas. Cumplirá su palabra el 31 de este mes y se acabará el negocio de petroleros y fabricantes de armas, amigos de W. Bush.

En México, los 28 mil homicidios denunciados por el CISEN no estremecen a la población y las denuncias públicas son hechas por unos cuantos. Miles de familias prefieren huir en silencio a otros países y la creciente escalada de homicidios es comentada en charlas de café o entre parientes. Pero el miedo es general.

El México bronco del que hablaba el viejo Jesús Reyes Heroles continúa en silencio, o porque millones de pobres han emigrado en calidad de indocumentados o se enrolaron en las mafias del narcotráfico.

El conformismo tiene de pláceme al régimen actual. Después de todo, los narcotraficantes “lavan” en nuestro país 25 mil millones de dólares por año, según lo detalló el Departamento de Estado de EU en su reciente informe anual sobre drogas.

O sea, la siembra de amapola y marihuana, sumada a la producción de metanfetaminas y el trasiego de cocaína estabiliza a nuestra narcoeconomía. ¿De que preocuparse? ¿A alguien importa la producción agropecuaria y el impulso a pequeñas y medianas industrias? Vivimos del dinero sucio.

Los estupefacientes constituyen el actual negocio de México y si ha causado la muerte de 28 mil hombres y mujeres, pues que ruede el mundo. ¿Es lo que queremos? ¿O cómo y cuándo va a terminar este clima infernal y cuántas ejecuciones más sucederán? Si alguien supone que las fuerzas armadas van a acabar con los cárteles de las drogas en este sexenio, que el Creador nos ampare.

El titular del Cisen, Guillermo Valdés, dijo que los atrasos y deficiencias las recibió la administración de Calderón ¡del presidente Vicente Fox! Que conste.

EL PROXIMO DOMINGO será develado un busto de Humberto Romero Pérez en La Piedad, Michoacán, y en sesión solemne del cabildo de ese lugar será reconocido quien fue secretario particular del presidente Adolfo López Mateos.

El servicio a plenitud del michoacano y la lealtad a un Primer Mandatario patriota bien recordado por los mexicanos elevó tanto la personalidad de Romero Pérez que de afecto le llamaban vicepresidente. Bien porque la gente de La Piedad sitúe en el lugar merecido a un hombre distinguido de esa comunidad.



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