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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Inicia el “despeñadero”

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Martes 06 de julio de 2010

Con toda razón, campea la euforia de triunfo entre aliados azules y amarillos: César Nava y Felipe Calderón, además de Jesús Ortega y Manuel Camacho. Y es que, más allá de victorias electorales —que con el tiempo pondrán a cada quien en su lugar—, se cumplió la meta estratégica del ayuntamiento de izquierda y derecha.

¿Y cuál era ese objetivo?

Todos lo saben: derribar del imaginario colectivo “el mito” de un Partido Revolucionario Institucional invencible rumbo a 2012. Pero lo que menos importa a pragmáticos del poder —a Calderón, Nava, Ortega o Camacho y a muchos otros cuya divisa es el poder por el poder— es que el PRI haya sido derrotado por el propio PRI. Lo importante ahora es que el tricolor ya no parece invencible en su potencial regreso al poder presidencial. Y con las victorias de Oaxaca, Puebla y Sinaloa lo lograron.

Por eso —y porque en la soberbia de su medianía política se negó a ver la realidad—, el gran derrotado del 4 de julio es Enrique Peña Nieto, el aventajado presidencial priísta que no sólo probó que no es intocable, sino que a partir de hoy conocerá el rigor de la guerra sucesoria, no sólo de parte de azules y amarillos, sino de los propios tricolores. En realidad, a partir del 5 de julio empezará el “despeñadero”.

Está claro —para todo el que quiera verlo— que Peña Nieto ya no es el invencible, tampoco el intocable, y menos la única esperanza para el regreso del PRI. ¿Por qué? Porque las derrotas tricolores de Oaxaca, Puebla y Sinaloa son obuses que impactaron con toda su carga destructiva bajo la línea de flotación de los “empeñados” en las aspiraciones presidenciales del mexiquense. ¿De quiénes estamos hablando?

Todos saben que los gobernadores Ulises Ruiz, Mario Marín y Jesús Aguilar Padilla —y sus respectivos sucesores— eran parte fundamental de “la Corte” de Peña. En pocas palabras, que con la caída de Ulises, Marín y Aguilar se rompió un puente entre Peña Nieto y la futura dirigencia del PRI, la cual estaría presidida por el hoy derrotado gobernador de Oaxaca.

Luego del 4 de julio, el escenario es totalmente distinto. Los nuevos gobernadores de Oaxaca, Puebla y Sinaloa —Gabino Cué, Rafael Moreno Valle y Mario López Valdés— son activos políticos de AMLO, de la profesora Elba Esther Gordillo y de Manlio Fabio Beltrones. Por cierto, Beltrones también gana en Aguascalientes y Tlaxcala, con Carlos Lozano de la Torre y Manuel González Zarur, además de que ganó en las anteriores elecciones de Yucatán, Querétaro y Campeche, con los gobernadores Ivonne Ortega, José Calzada y Fernando Ortega, y en 2011 se podría alzar con el triunfo en Guerrero, con Manuel Añorve.

Pero eso no es todo, el “despeñadero” también se refleja en lo cerrado de las elecciones como las de Durango e Hidalgo, en donde quedó severamente cuestionada la eficacia de los operadores y apoyos provenientes del Estado de México. Es decir, que las cuentas que presentarán “los muchachos” de Peña Nieto luego de la jornada del 4 de julio habrán sido un fracaso. Más aún, el fenómeno del “despeñadero” es tal que ya hoy la pregunta no es si “regresará el PRI sin Peña Nieto”. No, hoy se cuestiona: ¿sobrevivirá Peña Nieto la guerra de 2011 y 2012?

Y es que a partir del 5 de julio empezó “la otra guerra”, la que librarán partidos y políticos por la candidatura presidencial y luego por “la silla grande”. Y en esa guerra, azules y amarillos ya empezaron la demolición de Peña Nieto, en tanto intramuros del PRI el “despeñadero” es un hecho. Y en esa pelea las piezas podrían cambiar de manera radical. ¿Por qué? Porque Peña Nieto ya bajó a nivel terrenal. Y en el suelo se someterá a las reglas terrenales.

Así, es muy probable que la presidencia del PRI quede en manos del grupo de Manlio Fabio Beltrones, además de que el propio Beltrones ya escaló de “plan B” a una disputa de tú a tú con Enrique Peña Nieto —no en el terreno de popularidad y marketing, sino de la eficacia—, y que en 2012 el PRI buscará más que un “muñeco de pastel”. Por lo pronto, en las próximas horas se podría producir el primer acercamiento entre el PRI de Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones con el presidente Calderón. Y no sólo hablarán de unidad y luchas conjuntas contra el crimen.

No, hablarán de elecciones, triunfos y derrotas, de alianzas y agravios mutuos, y de la necesidad de caminar juntos. ¿Quién capitalizará esa nueva etapa? No será Peña Nieto, quien de julio de 2010 a julio de 2011 será el blanco de todos los ataques. El nuevo jefe de grupo podría ser Manlio Fabio Beltrones.

EN EL CAMINO.

Dicen sus amigos que Mario López Valdez, Malova, recibió amenazas de muerte desde horas previas al 4 de julio. ¿Quién lo cuidará...? Por cierto, en Durango el PRI da signos de abandonar a su candidato. ¿Será?



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