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Economía Informal | Macario Schettino

El fin de la deuda

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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La revista “The Economist”, posiblemente la más famosa del mundo en estos temas, le dedica esta semana un estudio especial al asunto de la deuda

Jueves 01 de julio de 2010

Son varios artículos, todos relevantes, que ojalá pudiese usted leer en algún momento. Intentaré dar aquí una visión general del asunto, por si no tiene la oportunidad de conseguir el ejemplar.

Los países industrializados han acumulado deuda de manera espectacular. Ya hace algunas semanas comentaba con usted el tamaño de la deuda del gobierno en varios países industrializados: Japón tiene una deuda del doble de su PIB, Grecia ya llegaba a 140%, pero Alemania y Francia están también sobre 100%, y Estados Unidos llegará a esa cifra a mediados del año próximo. Ese nivel, según Reinhart y Rogoff en su libro This time is different, es precisamente en donde empiezan los problemas serios (para los países industrializados o avanzados, para los demás, en 60% del PIB ya se complica todo, ojo con Brasil).

The Economist no se queda en la deuda de los gobiernos, sino que suma la que tiene el sector financiero, el empresarial no financiero y los consumidores, de forma que las deudas se vuelven espectaculares. Nuevamente, el país más endeudado del mundo es Japón, con 450% del PIB en esta deuda total. Le sigue Gran Bretaña, gracias a su posición en el mundo financiero, con cosa de 380% del PIB. Francia, Suiza, Corea y España están por encima de 300%, e Italia y Estados Unidos prácticamente en ese nivel. Alemania rondará el 260% y Canadá el 240%. Los BRIC están entre 100 y 200%, salvo Rusia que tiene una deuda muy pequeña. Nosotros no aparecemos ahí, pero estamos como Rusia (si no consideramos las pensiones, claro).

De acuerdo con la revista, el punto más bajo de endeudamiento de los países ricos (el G7) ocurre hacia mediados de 1970. Tiene mucha lógica, si recordamos que durante la etapa de Bretton Woods (1946-1971) prácticamente no había flujo internacional de capitales. El derrumbe de ese esquema financiero, y la presión inflacionaria de los 70, inician el crecimiento de la deuda del gobierno en todos los países. Sin embargo, me parece que es importante considerar la dimensión social para entender el por qué las deudas crecen de la manera en que lo han hecho.

The Economist también considera relevante esta dimensión, y menciona cómo ha cambiado el carácter de la bancarrota, de ser un estigma social a considerarse un fenómeno normal en los negocios, más causado por la suerte que por los manejos erróneos. También se analiza cómo cambió la postura empresarial frente a las deudas, deteriorando de manera consistente las calificaciones de deuda de las empresas. Recuerda The Economist la saga de Michael Milken y los bonos basura, la codicia de Enron, y algunas otras anécdotas de los últimos treinta años.

Sin embargo, creo que el asunto más importante detrás del proceso de endeudamiento de los países desarrollados no lo cubre The Economist: el cambio en el consumidor. La revista analiza con detalle cómo ha cambiado la manera de consumir después de la crisis, pero no cómo es que los consumidores actuaron antes, y no sólo de 2000 en adelante, sino desde los años 60.

Aunque Estados Unidos fue un país de gran consumo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa no era así. El esfuerzo de reconstrucción, y el recuerdo de los sufrimientos de esa conflagración dieron como resultado una generación de mucho trabajo y poco disfrute. Los nacidos en los años veinte y treinta, que llegaron a su momento de mayor desarrollo en los 70 y 80, eran una generación de esfuerzo, acostumbrada a vivir con poco. Los nacidos en la posguerra, no.

En consecuencia, a partir de 1980 quienes ocupan el mercado tienen una mayor tendencia al consumo, y una menor aversión a la deuda. No sólo los consumidores, también los políticos, que interpretan el endeudamiento nacional como algo natural en economías que llevaban 40 años creciendo. Pero si todos deciden dedicarse a consumir, no hay cómo pagar esas deudas. Y si las nuevas generaciones ya vienen acostumbradas a un estado de bienestar que garantiza un piso, peor.

La idea del estado de bienestar, garantizar un mínimo a todos, se convierte a partir de los 80 en una excelente excusa para no trabajar. Hay detrás la concepción de que lo importante del trabajo no es ganarse el pan de cada día, sino la autorrealización, de forma que no hay por qué hacer trabajos comunes y corrientes.

En los años 70, no se encontraba uno en Europa ni grandes autos, ni grandes casas, ni ropa cara en la gente de la calle. Lo que sí se encontraba era a todo mundo trabajando en lo que estuviese a su alcance. En los últimos diez años, el lujo aparecía en todas partes, incluso en España, que 30 años antes vivía con la mitad de lo que vivían los mexicanos de entonces. En estos últimos tiempos, no encontraba europeos en los trabajos más esforzados, sino inmigrantes: latinoamericanos, africanos, de Europa del Este.

Lo que ha hecho el mundo entero desde los años 60 es vivir por encima de lo posible. Por eso el auge del consumo de lujo desde 1980, por eso las grandes locuras financieras, porque todo esto tiene su origen en dinero demasiado barato, es decir, en la creencia de que el futuro sería cada vez mejor. Cuando todo mundo cree eso, la tasa de interés es baja, y cuando es baja, cualquier cosa es negocio. Y endeudarse no suena mal.

Bueno, eso es lo que se ha acabado. Y si los años 60 iniciaron un camino de gran consumo y poco trabajo, esta década inicia una etapa de consumo moderado y mucho más trabajo que antes. Ya se acostumbrará usted…



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