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Serpientes y Escaleras | Salvador García Soto

Lo aislaron y penetraron el blindaje

Autor de la columna “Serpientes y Escaleras”, Salvador García Soto es uno de los periodistas críticos con amplia presencia en los medios ...

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Miércoles 30 de junio de 2010

A Rodolfo Torre lo cazaron, lo esperaron, lo tuvieron a merced y lo atacaron con plena alevosía y ventaja. Los asesinos tenían toda la información, “se los pusieron” —tanto que en el momento en que lo emboscaron colocaron un camión de remolque en la carretera para bloquear el paso de las dos camionetas— y ni el candidato ni sus acompañantes pudieron llamar por radio ni por teléfono porque todas las señales de telecomunicación habían sido bloqueadas; estaba totalmente aislado.

Eran seis las camionetas de los agresores y de ellas descendieron al menos 14 sujetos que abrieron fuego superando de inmediato la poca resistencia que pudieron dar los escoltas del candidato. De nada sirvió el blindaje de una de las camionetas, en la que viajaba Torre Cantú; los sicarios utilizaron balas antiblindaje.

La saña de los asesinos, dicen fuentes de la Procuraduría estatal, fue tal que al candidato lo bajaron de la camioneta y lo ejecutaron al pie del vehículo. No hubo testigos, salvo los sobrevivientes. En el momento de la ejecución, supervisando todos los detalles, estaba en los alrededores, se cree que dentro de una de las camionetas, Humberto Lazcano, El Lazca, considerado el número uno del cártel de Los Zetas.

La noche anterior el grupo de sicarios durmió en un motel cercano al punto donde tenían todo listo para emboscar a Torre y sus acompañantes. Tenían toda la información de su agenda de ese lunes: la hora en la que pasaría por ahí, el número de acompañantes, los escoltas que llevaba y el armamento que usaría, además del bajo nivel de blindaje de la camioneta en la que esa mañana se trasladaría al aeropuerto de Victoria para abordar una avioneta que lo llevaría a Valle Hermoso.

Ayer, entre despedidas emotivas, homenajes y la filtración de nombres sobre el candidato que lo sustituirá en la elección —Óscar Almaraz Smer, candidato a diputado y hombre del círculo del gobernador Eugenio Hernández—, la brutal ejecución de Rodolfo Torre pasaba a segundo plano al surgir un nuevo choque político entre el PRI y el Presidente. La dualidad entre un Calderón que deja la matraca y se quita la camiseta de jefe de las campañas del PAN para lanzar un “llamado a la unidad” a las fuerzas políticas para que apoyen su cuestionada estrategia anticrimen, desató la ira de las cúpulas priístas y, a nombre de gobernadores, líderes parlamentarios y dirigentes, Beatriz Paredes acusó una “estrategia de lucro político” del Presidente y le exigió que, más que discursos, dé resultados en el esclarecimiento del crimen.

A la violencia y la venganza del narco que mató a Rodolfo Torre se suma ahora la violencia de la confrontación política.

NOTAS INDISCRETAS…

Dos tratamientos distintos, un mismo derecho verdadero. Ayer el gobierno de Marcelo Ebrard tuvo distinto trato para los macheteros de Atenco que marcharon por las calles de Reforma con todo y sus machetes, a quienes escoltaron patrullas de la SSP capitalina y los trataron con algodones, pero a un grupo de miembros de la comunidad española en México que acudieron a la glorieta de La Cibeles a festejar el triunfo de su selección les mandaron patrullas a intentar detenerlos y a dispersarlos, acusándolos de haber alterado el orden público. ¿O sea, machetes sí y porras no, señor Mondragón? Paran los dados. Por fin Escalera.



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