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Atando cabos | Denise Maerker

Ni legalistas ni democráticos

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

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Miércoles 23 de junio de 2010

Los panistas desde que ganaron la presidencia en el 2000 han adoptado la filosofía del haiga sido como haiga sido para mantenerse en el poder y ganar elecciones. Fox inició esta “transición doctrinal” del PAN cuando trató, vía el desafuero, descarrilar a López Obrador del camino a la Presidencia que le auguraban todas las encuestas. Lo mismo hacen Felipe Calderón y César Nava con su estrategia de difundir llamadas ilegalmente obtenidas: descarrilar al PRI que según las encuestas puede ganar todas las gubernaturas este año y la Presidencia en 2012. En ambos casos se usa el poder y se tuerce la ley para tratar desesperadamente de incidir en resultados que se anticipan adversos. En ambos, la prioridad es evitar el triunfo del otro cueste lo que cueste, sin importar el daño para las instituciones y para la legitimidad democrática.

Si Fox y Calderón coinciden en el procedimiento es porque parten de un mismo diagnóstico: sus adversarios —dicen— son peligrosos para el país. Fox y su equipo justificaron el desafuero y las intromisiones en la campaña porque López Obrador, decían, era un demagogo que ponía en riesgo la viabilidad económica y política del país. Calderón y Nava, que ya saben que eso funciona porque hicieron campaña denostando a su adversario como el peligro para México, vuelven a señalar a su actual adversario como una amenaza para el país y para la democracia. Para este grupo de panistas los otros partidos no son alternativas ideológicas legítimas, sino amenazas a las que hay que combatir “patrióticamente”. ¡Y estamos hablando del PAN! Ese partido que durante años enfrentó a un poder arbitrario e inconmensurablemente más fuerte que cualquier gobernador priísta actual y que aun en esas condiciones optó por presentarse a las elecciones sin posibilidad alguna de triunfo, pero con la intención de dar ejemplo de compromiso cívico, apostando siempre por construir instituciones y manteniendo un comportamiento de mesura y dignidad.

Estos panistas ya no son legalistas porque no dudan en recurrir a actos ilegales en lugar de acudir a los tribunales para demostrar que los gobernadores priístas están usando dinero público en las campañas.

Estos panistas ya tampoco son demócratas porque desde el poder todos los demás les parecen peligrosos y prefieren el escándalo y el desprestigio generalizado de la política y la democracia antes que aceptar una derrota.

Estos panistas llevan diez años cavando su propia tumba, no ven que su valor residía justamente en que eran distintos gracias a esa herencia de moralidad y contención. Puestos a elegir entre un inmoral eficaz y un inmoral bisoño, ¿quién lleva las de ganar?

Sobre la inmoralidad del PRI ya tendremos ocasión de hablar.



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