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Tronera | Salvador Camarena

¿Estamos seguros de que estamos seguros?

Nació en la ciudad de Guadalajara. Licenciado en Comunicación por la Universidad ITESO. Actualmente conduce la Tercera Emisión de "Hoy por H ...





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Viernes 05 de marzo de 2010

Reforma 222 y Puerta Alameda son dos nuevos desarrollos inmobiliarios que han dotado de personalidad a enclaves emblemáticos de la capital mexicana. Según testimonios de primera mano, en ellos no se han realizado simulacros de evacuación. Y más aún, los inquilinos consultados reportan que no calificarían como adecuadas ni las señalizaciones de emergencia ni la conciencia de los condóminos sobre las medidas de seguridad en los edificios. Ambos complejos agrupan cada uno cientos de departamentos. La autoridad delegacional debería tener alguna opinión —pues cada demarcación es la encargada de vigilar la protección civil—, pero si esperamos a que ésta imponga la cultura de prevención, estaremos perdidos. Como en otros terrenos, lo que los ciudadanos no hagan por sí mismos irá directamente contra su integridad y, por otra parte, desinformación y desorganización restan a la ciudadanía fuerza para presionar y exigir a los gobiernos que realicen la parte que sí les corresponde: inspección.

Luego de los sismos de Haití y Chile, y a punto de cumplirse 25 años del terremoto del 19 de septiembre, ¿hemos hecho cuanto está a nuestro alcance para mitigar los efectos de la fuerza de la naturaleza? Las autoridades de Protección Civil del DF reconocen que organizar un macrosimulacro les llevaría de 4 a 6 meses (por cierto, en la página de internet de esa dependencia el “manual” es un nada práctico documento pdf de 76 páginas y no hay tríptico sobre qué hacer en caso de temblor). Si ya en 1985 el gobierno quedó rebasado, la sociedad civil podría hoy de nueva cuenta, y de manera preventiva, activar mecanismos de supervivencia más eficazmente que las autioridades. “Empecemos a hacer lo que nos toca. Pensando en lo público y actuando en lo privado”, propone Suhayla Bazbaz, una joven que desde una organización denominada Cohesión Comunitaria e Innovación Social (www.concuerda.mx) invita a repensar la manera de prevenir eventuales daños de una catástrofe con ocho medidas básicas:

Conocer a los vecinos, incluyendo datos de contacto de sus parientes.

Tener un protocolo familiar que, en caso de emergencia, deje claro puntos de reunión y quién avisa a quién.

Cada persona debe cargar una tarjeta con datos básicos: tipo sanguíneo, medicamentos que toma, alergias y enfermedades crónicas.

Evitar fugas y precariedad en instalaciones eléctricas, de gas e hidráulicas.

Tener un kit de emergencia con material de primeros auxilios, tres litros de agua por persona por día y comida enlatada suficientes para al menos tres días, radio portátil y linterna de baterías, y documentos importantes.

Censo de personas en condición de vulnerabilidad en la cuadra, edificio o condominio: niños, tercera edad y discapacitados.

Tener memorizados, y apuntados en varias partes, teléfonos de emergencia (068 Bomberos, 065 Cruz Roja, 066 Seguridad Pública) y particulares (doctor, hospitales, farmacia…).

Al acudir a cualquier establecimiento, verificar que no se trate de ratoneras: salidas de emergencia despejadas, rutas de evacuación marcadas y claras, etcétera.

Podemos hacer mucho para estar tan seguros como es humanamente posible. Y buena parte de ello radica en organizarnos más allá de los espacios laborales —donde los simulacros son más ordinarios— y estrenar la condición de ciudadanos en el ámbito vecinal.

 

 

 



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