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Itinerario Político | Ricardo Alemán

PRD: farsa y farsantes

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Lunes 07 de diciembre de 2009

El 12 Congreso Nacional del PRD fue llamado “de la refundación”; es decir, del nuevo nacimiento. Nadie puede negar las buenas intenciones, pero tampoco se puede negar que el nuevo PRD resultó un Frankenstein vestido no con sus tradicionales colores amarillos y negros, sino pintarrajeado de azul y tricolor.

En pocas palabras, que nadie se puede tomar en serio la refundación de los amarillos —y menos que se trata de un partido de izquierda— cuando a los ojos de todos el objetivo de tribus y refundadores no fue otro que el de aferrarse al poder, por los medios que fueren; sin importar principios, ideología, doctrina y, sobre todo, sin que a nadie le importen los ciudadanos, los potenciales electores.

¿Qué significa, por ejemplo, que los refundadores dejen abierta la posibilidad de establecer alianzas electorales —sobre todo en 2010—, con el PAN y el PRI? ¿Qué se debe entender, por ejemplo, que detrás de la farsa refundacional, la operación del Congreso amarillo haya estado en manos de priístas que en su momento persiguieron al PRD que nació en 1989? Si eso no es una farsa política y una ofensa a los ciudadanos que creen en una alternativa de izquierda, entonces el PRD es el mejor partido de México.

¿Cómo explicar a la inteligencia, sentido común, raciocinio, congruencia y ética elementales de los ciudadanos, que el farsante René Bajarano —expulsado pero que a través de su esposa es cuello de ganso de la refundación amarilla—, se haya apoltronado en un hotel frente al balneario donde sesionaban los consejeros del PRD, y desde ahí —luciendo costosa ropa de marca—, movía los hilos del Congreso? Si Bejarano se da esos lujos políticos y consumistas, sin que nadie chiste siquiera, entonces la izquierda mexicana es la mejor del mundo. ¿Cómo creer en un Congreso para la “refundación” en que la cobardía de los líderes los llevó a hacer silencio frente a traiciones y deslealtades del “mesías tropical” que llamó a votar por PT y Convergencia —por tanto contra el PRD—, y que con ello y otras muchas acciones prácticamente destruyó al “Sol Azteca”?

Si a los congresistas no les interesó hacer una crítica elemental a la “pasión de Iztapalapa”, entonces confirmaremos que la enfermedad del poder los volvió ciegos, sordos y tontos. Lo que queda del PRD poco tiene de partido, nada de revolucionario y está a años luz de la democracia. Por vergüenza, los prohombres de la izquierda debían dejar de llamar al PRD “partido de izquierda”. Y claro, aceptar que pasaron a las filas de lo peor del PRI.



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