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Acaba de visitar México el doctor Joseph Stiglitz, personaje notorio por haber sido galardonado con el premio Nobel de Economía

Miércoles 25 de noviembre de 2009

El mérito para merecerlo fue su investigación sobre el comportamiento de los mercados cuando la información de que disponen sus participantes es asimétrica. Además de indiscutibles virtudes como investigador a Stiglitz le encanta jugar el papel de “Enfant Terrible”, es uno de los niños malcriados de la economía. Un ejemplo más de esta proclividad son los comentarios que hizo durante su reciente visita a nuestro país. Una cuantas horas en México lo convirtieron en experto instantáneo de nuestra realidad, una cualidad que le permitió recetarnos un análisis crítico.

Sus observaciones son las siguientes: 1) Nuestro desempeño económico es de los peores a nivel mundial y lo compara con los buenos resultados de Brasil y Australia. 2) Supuestamente el éxito de esos países se debe a un “fuerte” activismo gubernamental. 3) Brasil y Australia cuentan además con reglamentos (quiero suponer que se refería a leyes) bancarios que permitieron soportar dificultades. 4) Para salir de la crisis recomienda a México inversiones en tecnología e infraestructura.

Vale la pena examinar la validez o contenido empírico de cada afirmación. La primera califica el comportamiento de la economía de México como de los peores del mundo. Es menester entonces acudir a las cifras para valorar una afirmación tan categórica. Para comparar caídas en el producto me referiré al cuadro que presenta The Economist en la página 117 en su número de noviembre 16 y a estimaciones del FMI (página de internet del Fondo).

El pronóstico para el cambio del PIB de México es de -7.1%. Los porcentajes de diversas fuentes para otros países con pobre desempeño son Alemania -6.3%, Botswana -10.4%, Dinamarca -4.2%, España -6.7%, Estonia -10%, Holanda -4.8%, Hungría -7%, Inglaterra -4%, Islandia -10.6%, Japón -6%, Corea -4%, Latvia -12%, Lituania -10%, Rusia -8.5%, Singapur -10%, Suecia -4.5%, Taiwán -7.5%, Turquía -5.7% y Ucrania -8%.

Las anteriores son las caídas más dramáticas. Muchos otros países, la gran mayoría de las economías, acabarán el 2009 con cuentas negativas. Estamos frente a la peor recesión global desde la Segunda Guerra Mundial.

Con base en esta información, ¿cómo calificar el comportamiento de la economía mexicana? Hay varias economías que han sufrido más que la nuestra pero para no polemizar aceptemos que está en el grupo de las peores.

El problema es que Stiglitz presenta la caída como si fuese el resultado de alguna combinación de política económica fracasada. El señor omite contextualizar. Para comparar la tasa de crecimiento de México hay que preguntarse el porqué varios países más desarrollados y privilegiados que México tendrán caídas mayores a la nuestra. Eso le debió haber dado elementos para hurgar un poco más acerca del porqué de la posición relativa de la economía de México. Los ingredientes para contestar la pregunta anterior saltan a la vista. A diferencia de otros países México sufrió no una, sino varias fuertes perturbaciones:

a) Aunque los demás países fueron golpeados por la recesión de EU y por la concomitante retracción de la liquidez financiera mundial, la relación de México con la economía de EU es mucho más estrecha que la de los demás.

b) La gripe dio un golpe fenomenal a nuestro turismo, una actividad que representa 10% del PIB. Durante el peor mes de la epidemia el turismo cayó 80% y aún no se recupera del todo. El resto del sector servicios también sufrió y estos efectos se difundieron al resto de las actividades económicas.

c) La naturaleza hizo su parte. Experimentamos una fuerte sequía que después fue seguida de inundaciones devastadoras.

d) Otro elemento de la singularidad de México es el flujo de remesas proveniente de nuestros paisanos en el extranjero, éste ha experimentado una disminución importante.

e) Algo que se le pasó mencionar al profesor es el azote que experimentamos, y que este año se ha recrudecido, producto de la violencia y criminalidad asociadas al narcotráfico.

f) Tampoco se acordó de destacar el colapso en volumen y precio de las exportaciones petroleras y el bache fiscal que eso significa.

No hacía falta consultar muchas fuentes, la lectura del discurso que pronunció el presidente Calderón en su Informe hubiera bastado para informarse de las particularidades de la economía mexicana en un año excepcionalmente complicado y también para que Stiglitz se ilustrara sobre las políticas públicas necesarias para sacar a México adelante. Pero no escuchamos de nuestro visitante una valoración de todos estos impactos ni algún comentario en relación con el papel que juega el cuantioso tráfico de armas de alto poder de EU hacia México, ni de la razón de ser de nuestros narcotraficantes: el consumo de drogas en aquel país.

Por sus comentarios deduzco que la última consulta que hizo sobre la economía de México fue en 1995 cuando el sistema financiero mexicano se colapsó. La contracción fue consecuencia del crecimiento desmedido que tuvo el crédito durante los años anteriores. Por el tenor de sus comentarios es evidente que Stiglitz no investigó cuáles fueron los cambios y reformas al sistema financiero mexicano posteriores a la crisis. En muchos aspectos el sistema financiero que desconoce es mucho más moderno y avanzado que el de su país. Por cierto en EU no tomaron nota de los avances poscrisis que a lo largo de los últimos 15 años realizó el gobierno mexicano para modernizar la legislación y prácticas de su sistema financiero. De haberlo hecho posiblemente hubiera sido de menor magnitud la crisis que provocaron.

Y ya que rocé ese tema, no deja de llamar la atención que ni Stiglitz ni los demás premios Nobel advirtieron del advenimiento de la recesión mundial ni de sus causas. Ignoraron fenómenos tales como los defectos y omisiones de los supervisores del sistema financiero de EU, el poco profesionalismo de las agencias calificadoras, la irresponsabilidad con que se otorgaron créditos hipotecarios por los dos bancos de desarrollo de EU, Fannie Mae y Freddy Mack, el crecimiento explosivo del crédito, la pirámide de derivados, el peligro relacionado con la invención de instrumentos complejos comerciados en mercados sobre el mostrador en los que se perdió cualquier rastro de la idoneidad de la contraparte. Eso sí, Stiglitz de pilón insinúa supuestas carencias de nuestro sistema financiero.

Según Stiglitz, Australia y Brasil sortean bien la crisis mundial gracias a su “reglamento bancario”. De lo anterior y de sus observaciones sobre la supuesta incapacidad de México para financiar a las pymes se colige que en México el sistema financiero debió haber jugado un papel más activo. ¿Se molestó Stiglitz en pedir cifras relacionadas con la evolución del crédito en México durante este año? Supongo que lo hizo para atreverse a hacer comentar sobre la materia. ¿Investigó con base en la información que obtuvo si el supuesto fenómeno en México se debió a la fuerte caída en la demanda por sus bienes y servicios que experimentaron empresas chicas y grandes? ¿Se ha dado cuenta que no sólo en México sino en casi todo el mundo se lleva a cabo una amortización de pasivos excedentes? ¿Analizó cómo durante los momentos más críticos de la astringencia financiera mundial el efecto contaminante fue de tal magnitud que en el mercado financiero mexicano no se podían colocar certificados bursátiles? Un mercado financiero por cierto bastante sólido y bien desarrollado.

Quise ser generoso y suponer que el profesor actuó con profesionalismo y solicitó información. Sin embargo, o no lo hizo o alguien lo mal informó. Porque el crédito no ha disminuido. La información relacionada con la evolución del crédito en México durante 2009 es la siguiente: el crédito a las empresas incluyendo las pymes como porcentaje del PIB ha crecido en 09 en términos reales. Entre septiembre de este año y septiembre del año pasado el crédito de la banca comercial a la industria y sector servicios creció 5% a precios constantes. En términos reales el crédito a las pymes ha crecido 8% en términos reales y el de Nafinsa en 28% real. Además, el saldo del crédito impulsado por la banca de desarrollo creció al tercer trimestre en 36%. No sé cómo se compara esta información con la evolución del crédito en Australia y Brasil o qué pueda opinar el profesor, pero a mí me parecen porcentajes apreciables.

No se percató Stiglitz que cuando las empresas no toman más crédito es en parte porque se ha desplomado la demanda por sus productos. Además, la restricción en la oferta de financiamiento no tiene que ver con la legislación o reglamentos bancarios o financieros sino también con la enorme percepción de riesgo que invadió a los mercados de capital mundiales. Profesor, el crédito no se empuja, se jala. Vea si no cómo en su país las tasas de interés están casi en cero y el crédito, a diferencia de lo que acontece en México, continúa contrayéndose.

Es decepcionante el contraejemplo que usa Stiglitz para comparar con México el crecimiento de otros países en 2009. ¿Le sirvió de algo su experiencia en el Banco Mundial para aprender sobre el papel que juegan los términos de intercambio? No lo creo, por algo fue despedido de la institución. ¿Se ha dado cuenta cómo han ascendido los precios de las materias primas que exportan Australia y Brasil en relación con los precios de lo que importan, en un mundo en el que para la mayoría de los demás países dicha relación ha descendido? Los términos de intercambio juegan un papel importante para entender el comportamiento de economías con fuerte contenido de materias primas en sus exportaciones. Ese es justamente el beneficio del que han gozado durante estos años Australia y Brasil, pero también entre otros Chile y Perú.

Se infiere de sus comentarios sobre Australia y Brasil que además del papel crítico que le atribuye al crédito a las pymes aquellos programaron una reacción gubernamental “muy fuerte”. Si se refiere a gasto público posiblemente no esté enterado que con una caída de su PIB nominal el gasto público en México habrá crecido 14% en 2009, con un ritmo bastante dinámico en infraestructura de origen federal, de los estados y del sector privado. De acuerdo a información del INEGI al segundo trimestre se había acumulado un crecimiento de 23.3% en la inversión pública federal.

Si el profesor considera el gasto público como el ingrediente causal de las economías, debo confesar que no entiendo su base lógica o empírica. El gasto público debe proveer bienes públicos y en ocasiones infraestructura, pero en el corto plazo no sirve para impulsar la actividad económica. No tiene por qué hacerlo porque se nutre de recursos que el gobierno sustrae de la economía a través de impuestos o de deuda. Sólo hay que ver la locomotora de gasto gubernamental que en su país sólo ha servido para aumentar el déficit presupuestario a magnitudes insospechadas con una economía postrada y desempleo creciente.

En lo que sin lugar a duda tiene razón Stiglitz es en la necesidad de invertir en tecnología e infraestructura. Son recomendaciones huecas que sin temor a equivocarse se pueden hacer a cualquier país. Es como si con fiebre y dolores espantosos sólo obtenemos de una consulta médica la indicación de llevar una vida sana. Afortunadamente en este caso el doctor Stiglitz prefirió ser prudente y limitarse a lo anodino.

Conviene que la próxima vez que alguien lo invite a México le pidan que desquite los considerables gastos relacionados con sus honorarios y viáticos mediante una preparación previa. De esta manera el talento investigador de Stiglitz se podría aprovechar con ventaja para que nos iluminara sobre las políticas recomendables relacionadas con disminuir el poder de monopolios que nos agobian, para mejorar nuestro sistema educativo, para inducir un comportamiento en los mercados tendiente a crecimientos elevados y continuos en la productividad, para orientar mejor nuestra política comercial, etc. Pero que no nos venga a decir que los monopolios son malos, o que tenemos que mejorar la investigación, o que debemos invertir en tecnología, o que necesitamos una reforma fiscal. Todo eso sin premio Nobel ya lo sabemos. Lo que nos hace falta es convencer a nuestros legisladores de la necesidad imperiosa de llevar a cabo esos cambios y para eso las observaciones generales salen sobrando, lo que hace falta es decir el cómo.

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