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Itinerario Político | Ricardo Alemán

PRD y la narcoguerra

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Miércoles 15 de julio de 2009

Michoacán es territorio de guerra. Las fuerzas federales enfrentan una suerte de narcoguerrilla. Michoacán también es ejemplo del tamaño, capacidad organizativa y de violencia de cárteles como La Familia. Y enseña que las bandas criminales cohabitan con el poder político.

Hoy nadie puede negar que el Estado mexicano y sus instituciones están en guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado. ¿Por qué? Porque las bandas criminales ya no sólo huyen de la fuerza represora del Estado —militares y policías federales—, sino las enfrentan, combaten y emboscan.

Hoy nadie puede argumentar que el estado de Michoacán es un laboratorio del gobierno federal para ensayar una persecución político-policiaca-electoral contra el PRD y a favor de los bonos del gobierno federal. La embestida lanzada por el cártel de La Familia contra policías federales y militares —luego de la captura de uno de sus jefes— confirma que en el terruño de Felipe Calderón opera una de las bandas criminales más violenta, organizada y sanguinaria.

Hoy nadie ignora que en Michoacán era un secreto a voces que Julio César Godoy —diputado electo del PRD y medio hermano del gobernador Leonel Godoy— mantenía vínculos con La Familia. El 26 de mayo, cuando el gobierno federal detuvo a una decena de alcaldes del PRD, no pocos se sorprendieron. Sabían que la narcopolítica michoacana estaba en la misma familia del gobernador. Aun así, los amarillos se dijeron perseguidos. Y claro, acusaron de electorera la lucha contra el crimen.

Hoy nadie puede sostener que no es prioritario para el gobierno y las instituciones del Estado —y para los ciudadanos— combatir al narcotráfico y al criminales organizados, sobre todo después de la guerra declarada por sicarios de todo el país a policías federales y militares, luego de quedar al descubierto lo que todos sabían. Que cárteles como La Familia nacen, crecen y se reproducen gracias a la narcopolítica; gracias a la complicidad con el poder y el manto de impunidad que los protege. En este caso del PRD.

Pero nadie se ha formulado una interrogante fundamental. Está claro que La Familia no nació ayer, tampoco en julio de 2006 o en 2000. Lo que hoy está a la vista es un trabajo de por lo menos una década. ¿Qué hicieron durante esa década los gobiernos local y federal; de Lázaro Cárdenas Batel y Vicente Fox? ¿Qué hicieron los líderes del PRD? El mejor ejemplo de la narcoguerra se da en el bastión histórico de los amarillos. ¿A poco nadie se dio cuenta? ¿Cuántos políticos más están embarrados? Todos lo sabían, pero todos se quedaron calladitos.

EN EL CAMINO

Dicen los que saben, que el destape de César Nava al PAN es un “buscapiés” para negociar. ¿Cuántos se tragarán el anzuelo? Al tiempo.



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